Existen en Tucumán dos proyectos de inversión en infraestructura rural terminados que ponen de manifiesto la urgente necesidad de llevar adelante este tipo de iniciativas, ya que son necesarias y cuyos resultados obtenidos por los beneficiarios están a la vista: hoy los productores pueden regar, producir y comercializar de una manera más eficiente respecto de cómo lo hacían antes de la finalización de la inversión.

El solo hecho de regar de una manera más efectiva, de no desperdiciar el recurso agua con infiltraciones y distribuir el agua en forma pareja, el producir con una asistencia técnica adecuada y tener mejor lubricados los canales de comercialización, permitió que se mejoren los ingresos, la renta y la competitividad.

Los proyectos de Riego y Transformación Productiva de las zonas de regadíos de Lules y Tafí del Valle son un claro ejemplo a seguir. Todos los estudios de factibilidad, anteproyectos y proyectos finales que llevaron varios años de estudio, planificación y ejecución para todas las obras necesarias, fueron llevadas a cabo cumpliendo los tiempos impuestos en los cronogramas de inversión y obras por los organismos de financiamiento.

La búsqueda de lograr mejoras en la competitividad y el agregado de valor en origen, metas estratégicas ampliamente enunciadas por el Gobierno provincial, exigen que la inversión en infraestructura productiva por parte del Estado acompañe a las inversiones del sector privado.

A pesar de las inversiones que se realizaron en áreas como riego -antes mencionada-, drenajes y desarrollo vial en diversos lugares de la extensa red caminera provincial, todavía queda mucho por hacer al respecto.

La demora en la ejecución de esas obras ya proyectadas, como las de Choromoro, la de Trancas y más recientemente las de riego en el área tabacalera, frenan no sólo el desarrollo de regiones, sino también a las actividades que podrían colaborar sustancialmente con el logro de los objetivos enunciados.

Superficie

Ya se llevaron a cabo dos Expo Láctea en Trancas (2010 y 2011), donde se mostró el potencial del sector. Pero no se puede declamar voluntad de mejorar ese sector si, paralelamente, no se activa un incremento constante de la superficie bajo riego. No se puede pretender aumentar la producción lechera sin las pasturas suficientes que puedan sostener un mayor número de animales en ordeñe, y mucho menos el crecimiento del sector industrial lácteo que requiere de materia prima en tiempo y forma.

En el mundo, y en nuestro país, existen leyes antitabaco, y Tucumán figura entre las primeras provincias que prohibió fumar en espacios públicos y cerrados, que están achicando cada vez más el negocio de producir tabaco. Para ello se está trabajando en planes de reconversión productiva, pero no se puede reconvertir o hacer más eficiente el área tabacalera sin asegurar el riego en cantidad y en oportunidad.

Está claro que los dineros del Estado nacional ya no fluirán como antes y que estas impostergables inversiones en obras deberán afrontarse con fondos públicos o a través de créditos de organismos internacionales, que tienen importantes carteras comprometidas con el Estado argentino y a disposición de las provincias, a través de programas nacionales como el Prosap y Prodernoa.

Prácticamente todas las provincias del Norte Argentino están encarando decididamente este tipo de financiamiento, para realizar sus mejoras de infraestructura y el fortalecimiento de sus servicios dirigidos al sector agropecuario y agroindustrial.

Tucumán fue pionera en la utilización de estos recursos para establecer los modernos servicios de riego y asistencia al desarrollo productivo de pequeños y medianos productores. Hoy, está quedando relegada en relación con las provincias vecinas, cuyos gobernantes ven en estas alternativas la forma de canalizar claras políticas de apoyo a sus producciones.

Los sectores agropecuario y agroindustrial tucumano aportan importantes recursos a las rentas provinciales, y legítimamente esperan ver esto reflejado en el Presupuesto provincial que, hasta ahora, es discriminatorio respecto de estas actividades, a las que asigna recursos claramente insuficientes, a contramano de las políticas declamadas desde el Estado mismo.

A la par del cordón cuneta, planes de subsidios y diversas formas de asistencialismo, debería darse idéntica prioridad, en la política productiva provincial, a la construcción de rutas, diques, sistemas de riego y drenaje, que son inversiones movilizadoras de capitales y de recursos humanos. También generan riquezas y empleos dignos y que son, finalmente, las únicas que pueden dar sustentabilidad al desarrollo económico provincial.