Las elecciones deberían consagrar la igualdad, porque un hombre implica un voto. Pero las nuestras derrochan desigualdad: ciudadanos pauperizados hoy serán llevados por choferes a votar, y mañana volverán…
Con la prebenda del clientelismo electoral, la vinculación del representante con el votante dura sólo 10 horas. A las 18.01, tras entregar el bolsón, el candidato nada debe al elector.