EN LA MIRA. La Justicia sigue de cerca los cambios en las titularidades de empresas ligadas a Pablo Toviggino, hombre cercano a Claudio Tapia.
Esta semana, el fútbol argentino volvió a señalar a Santiago del Estero. No fue por una revelación deportiva ni por una gesta inesperada de algún equipo de esa provincia. Fue por una final más, otra de las tantas, en el estadio “Madre de Ciudades”, que se transformó en una especie de sede fija para definir campeones domésticos. Pasajes agotados, vuelos imposibles, hoteles colapsados, hinchas recorriendo más de 1.000 kilómetros bajo un calor agobiante, y la sensación de que el mapa del fútbol argentino hace tiempo dejó de dibujarse únicamente con pelotas y resultados.
Cada vez que ocurre algo como lo que sucedió en esta ocasión, aparece el mismo nombre. El de Pablo Toviggino.
No es nuevo, ni responde al azar. Santiago del Estero se transformó en el epicentro del fútbol argentino en apenas cuatro años. Finales de Liga, copas nacionales, sede de partidos de la Selección, ascensos y eventos internacionales. Todo. Y detrás de esa centralidad hay una lógica de poder que excede largamente al deporte. Toviggino, secretario ejecutivo de la AFA, tesorero y mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia, es una pieza crucial en este engranaje. Es el hombre que no se vota, que casi ni se nombra, que pocos conocen y que recién comenzó a ser mediático en las últimas semanas, pero influye. Es el que habla poco, pero decide mucho.
Toviggino no es un dirigente de tribuna ni de micrófono. No pisa los grandes estadios y tampoco busca un reconocimiento popular. Su territorio es otro; son los pasillos, los escritorios y las ligas del Interior; ese subsuelo del fútbol argentino en el que se juegan partidos sin cámaras, pero con consecuencias reales. En ese ámbito construyó su poder y a partir de eso se volvió imprescindible.
Esta semana, además, su nombre volvió a circular con fuerza por razones que exceden largamente la discusión de una sede. La Justicia avanza en investigaciones que lo involucran a él, a Tapia y a la AFA en el marco del caso Sur Finanzas, una causa que pone bajo la lupa contratos, intermediaciones y posibles maniobras económicas dentro de la estructura madre del fútbol argentino. Por primera vez en mucho tiempo, ese poder que suele moverse a resguardo de la política deportiva empieza a ser observado por fuera del propio sistema que lo protege.
Pero para Tucumán, Toviggino no es una figura lejana ni abstracta. Tiene historia local; por demás.
En 2012, cuando todavía era un dirigente en ascenso a partir de Comercio Central Unidos de Santiago del Estero, fue parte de un intento de alianza (para algunos una virtual fusión) con San Jorge, que en ese momento acusaba una crisis económica y su futuro en el Federal A pendía de un hilo.
Aquella camiseta híbrida, con los colores mezclados, siglas compartidas y sponsors provinciales que los jugadores del “Expreso” usaron en su primera práctica de pretemporada en febrero de 2012 fue mucho más que una postal pintoresca. Fue una señal temprana de cómo se construye poder territorial en el fútbol argentino; clubes que se asocian, provincias que financian y estructuras que se superponen.
Según trascendió en aquel momento, San Jorge había estado al borde de pasar a manos de una gerenciadora de la que Toviggino formaba parte. No ocurrió; el club sobrevivió y pudo seguir su camino. Pero el mensaje quedó claro: el fútbol del Interior no se entiende solamente desde la cancha, sino también desde los vínculos.
Años más tarde, ese entramado chocó de frente con San Martín. En 2020, cuando la pandemia frenó el fútbol y la AFA decidió suspender los torneos sin respetar los méritos deportivos en la Primera Nacional, Roberto Sagra llevó el reclamo al TAS. Fue una decisión incómoda, disruptiva y solitaria. San Martín se sintió perjudicado y eligió confrontar. Y del otro lado apareció un antagonista evidente, con nombre y apellido: Pablo Toviggino.
Desde entonces la relación quedó marcada. En el último tiempo el “Santo” volvió a acercarse políticamente a Tapia, entendiendo que en el fútbol argentino pelearse con la AFA suele ser un lujo caro. Pero el vínculo con el hombre fuerte del Consejo Federal jamás se recompuso del todo. “Frío, distante y funcional”, así definen la relación con el "Jinete" (así lo definen a Toviggino por su devoción por los caballos) en Bolívar y Pellegrini; como tantas relaciones en el fútbol, en la que la cordialidad no siempre disimula las cicatrices.
Gracias a los votos del interior, Toviggino fue una pieza crucial en el armado de Tapia
Nada de esto es casual. Toviggino fue quien reconfiguró el Ascenso, quien concentró poder arbitral, político y judicial en una misma estructura. Quien construyó una red federal que hoy abarca más de 200 ligas y miles de clubes. Fue él mismo el que puede destrabar conflictos, frenar protestas, redactar cartas institucionales o apagar incendios antes de que lleguen a la tapa de los diarios. “Es el dirigente que siempre aparece cuando hay algo que ‘resolver’”, aseguró un dirigente tucumano.
Por eso, cuando una final vuelve a Santiago, el debate no es meramente logístico. Es político, simbólico y estructural. Habla de un fútbol cada vez más concentrado, menos transparente y más dependiente de relaciones personales que de reglas claras. De un sistema en el que los méritos deportivos muchas veces pesan menos que las alianzas estratégicas.
Claro; con Toviggino como engranaje central de ese sistema (y como hombre de Gerardo Zamora, el ex gobernador que cedió el cargo pero no el poder) Santiago disfrutó de la décima final de la Liga Profesional en un puñado de años. Mientras tanto, el fútbol argentino sigue discutiendo sedes, viajes imposibles y finales repetidas. Y los hinchas, otra vez, vuelven a subirse a un ómnibus, a un avión o a una ruta interminable, sin saber que el partido más importante ya se jugó lejos de la cancha.















