Hasta 1941, dos años después de iniciada la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no tenía previsto involucrarse en la contienda. Sin embargo, el ataque artero de Japón a la flota norteamericana en Pearl Harbor alteró el temperamento. Después sobrevino Normandía y todo lo que el mundo conoce. La analogía entre lo sucedido a raíz del famoso desembarco y la reciente captura de Nicolás Maduro resulta pertinente. Ni la comunidad internacional y mucho menos el Estado francés consideraron, por entonces, que la oleada militar constituía una afrenta a la soberanía de Francia. En nuestros días muchos estiman que la irrupción en Caracas constituyó un menoscabo a la integridad territorial. Resulta difícil eludir el análisis conjunto de ambos episodios. Reivindicar el registrado 85 años atrás y repudiar el del 2 de enero último. El fin de la conflagración mundial trajo aparejado, entre otros múltiples beneficios, el Juicio de Nuremberg, la conversión de Auschwitz (de siniestro campo del horror en museo para la memoria) y el desarrollo del Plan Marshall ara reconstruir Europa. Si del secuestro de Maduro no se deriva la liberación de todos los presos políticos en Venezuela, el retorno de la democracia y la posibilidad de que los ocho millones de ciudadanos obligados a emigrar vuelvan, estaremos en presencia, lamentablemente, de una guerra perdida.
Alejandro de Muro

















