Soy consciente que la palabra de la mayoría de los políticos esta desvalorizada, pero cuando se trata de la máxima autoridad es todavía más vergonzante, porque uno aspira de una vez por todas a tener un conductor serio y con principios. Lamentablemente esta casta de funcionarios está tan “contaminada” por una formación y educación política que dista mucho de la educación formal y familiar de cada individuo. Será imposible que estos personajes cambien. Existen dos hechos en ese sentido. El primero terminó siendo una mentirita política para convencer al electorado, me refiero a la reforma electoral. Y el segundo es el tratamiento de la ley de ética pública y ficha limpia: sin orden de la máxima autoridad me parece que no serán tratados y, por consiguiente, archivados. Por lo tanto pasará el mandato sin pena ni gloria, porque no cumplió con ningún tema comprometido de peso. Una lástima, otros cuatros años perdidos, y ya van 42 años de una política egoísta con el pueblo.
Antonio Sepúlveda
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