Podrán decir lo que quieran de los vecinos de San Miguel de Tucumán, pero no podrán negar que somos un poco ventajistas, taimados y rápidos de reflejos para sacar ventaja ilícita en diversas situaciones. Un clarísimo ejemplo de esto vivió el hijo de un amigo mío en pleno auge del coronavirus. El joven trabajaba en una farmacia cuando llegaron las vacunas y creció la demanda. El farmacéutico, al verse desbordado por esta situación, le dijo al muchacho, cuyo nombre no expongo por razones obvias: “desde hoy vas a comenzar a aplicarle la vacuna a toda la gente que te lo demande”. “Pero yo no sé poner vacunas, nunca lo hice”, respondió el muchacho temeroso. Entonces, su jefe, el dueño de la farmacia, se levantó la manga de la camisa y le dijo al chico: “mirá, pinchame ahí, a la par del hombro, y apretá la cola de la jeringa hasta que me penetre todo el líquido”. El joven hizo como le indicó su patrón y una vez concluido el acto sanitario este le dijo: “bueno, ahora ya aprendiste a poner vacunas. A todos nuestros clientes que vengan con esta demanda, les hacés lo mismo que a mí”. El muchacho llegó a colocar más de 400 vacunas y a no cobrar siquiera el porcentaje de una.
Daniel E. Chávez
chavezdaniel04@gmail.com


















