Ante la imposibilidad de salir de vacaciones en la primera, segunda y tercera tanda, había pensado en ir en vehículo, pero no me daban ni me dan los números; opté por ir en moto… con la jubilación mínima apenas llego a Villa Amalia, por lo tanto decidí llenar mi pileta de lona pelopincho. ¿Con qué?, si hace años que no tengo agua. Como varios, me subo a mi control remoto, me pongo unos anteojos oscuros, short y ojotas e imaginariamente me voy al festival de Cosquín en su primera noche. Más aburrido que bailar con la hermana; y como tengo unos amigos chinos que me pagaron el pasaje, luego me fui a Villa Gesell; en una peatonal había tres artistas callejeros que la estaban rompiendo con su bombo, voces y guitarras; hacían bailar al numeroso público que generosamente les colaboraba con el sistema de “a la gorra”. Lo bueno, que los identifiqué por el color de sus ponchos. Eran tucumanos y se hacen llamar “Trío Canto Agreste” . El que sabe, sube, decía el ascensor y la verdad que el talento de nuestros artistas sobresale, por más que sea una peatonal sin majestuoso escenario y grandes festivales comerciales . Empezaron cantando para 20 personas y terminaron cerca de mil; si hasta firmaron autógrafos. Apago mi televisor y me duermo feliz, en la dulce espera de que algún día vendrá un argentino que no nos torture más a los pobres jubilados y podamos tener unas vacaciones soñadas.
Francisco Amable Díaz
franciscoamablediaz@gmail.com

















