América Latina, en la mira de las grandes potencias

Rara vez la región ha estado “tan intensamente atrapada” entre la rivalidad de países poderosos, las tensiones internas y una reorientación económica, según expertos.

EN DISPUTA. La presencia china en puertos de la región disparó las alarmas en Estados Unidos, que no acepta competencia en su “patio trasero”. EN DISPUTA. La presencia china en puertos de la región disparó las alarmas en Estados Unidos, que no acepta competencia en su “patio trasero”.
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BERLÍN, Alemania.- América Latina está en una encrucijada, sostiene la periodista Claudia Herrera Pahl, en su columna para la cadena pública alemana Deutsche Welle.

“Rara vez la región ha estado tan intensamente atrapada entre la rivalidad de las grandes potencias, las tensiones políticas internas y una profunda reorientación económica como en 2026”, sostiene”.

Según Herrera Pahl, lo que durante mucho tiempo fue considerado “un espacio geopolítico secundario” vuelve a situarse en el centro de la política internacional, a tal punto que este año podría ser decisivo para el continente, desde el punto de vista geopolítico.

Así lo analizan y coinciden expertos alemanes reunidos en el encuentro “Latinoamérica entre tensiones políticas, estabilidad y seguridad, organizada por la Academia de Educación Política en Tutzing, Alemania.

Un cambio notorio es el retorno de la lógica estratégica por parte de Estados Unidos hacia la región. Las cuestiones de seguridad dominan la agenda: migración, narcotráfico, control fronterizo y contención de “tendencias autoritarias”. Además, la política comercial se utiliza cada vez más como instrumento geopolítico. Aranceles, renegociaciones de acuerdos y vinculaciones estratégicas recuerdan una lógica clásica de poder.

En realidad, no es más que un retorno a la continuidad histórica. Desde la Doctrina Monroe de 1823, Estados Unidos considera el hemisferio occidental como un espacio central de seguridad. Las intervenciones y la influencia política siempre fueron parte de su práctica exterior, dice Herrera Pahl. Lo novedoso es el tono: más directo, menos normativo y más explícitamente estratégico.

En el trasfondo se encuentra la rivalidad sistémica con China (e indirectamente también con Rusia). Las grandes potencias rara vez toleran competidores estratégicos en su esfera de influencia.

“Si bien actualmente no existen bases militares operadas por China o Rusia en la región latinoamericana, sus vínculos económicos y su presencia en puertos clave podrían traducirse en una acción militar, transformando un riesgo, incluso uno percibido, en una amenaza real”, sostiene Lisa-Marie Geltinger, investigadora en de Política Internacional y Relaciones Transatlánticas de la Universidad de Ratisbona y miembro del Centro para el Orden Medio y Global en Berlín.

China se ha establecido como el principal socio comercial de la mayoría de los países sudamericanos y supera desde hace tiempo a Estados Unidos en este aspecto. Inversiones en puertos, proyectos energéticos, infraestructura y explotación de recursos naturales generan nuevas dependencias. Especialmente relevantes son el litio y el cobre, recursos clave para la movilidad eléctrica, la digitalización y las tecnologías militares.

Para muchos países latinoamericanos, el capital chino resulta atractivo por su rapidez y por la ausencia de fuertes condicionamientos políticos. Pero la presencia económica puede traducirse en influencia estratégica, desde la perspectiva de Washington. Así, América Latina se convierte en escenario de competencia global como estructural.

Migración, drogas y crisis

La migración sigue siendo un punto neurálgico en este debate. El endurecimiento de las políticas de deportación y la externalización del control migratorio transforman las dinámicas regionales, explica la columnista alemana. Al mismo tiempo, dice, el tráfico de drogas sintéticas como el fentanilo intensifica las tensiones de seguridad.

Ni la migración ni la economía de la droga pueden abordarse de forma aislada. Ambas reflejan desigualdades estructurales profundas, debilidades institucionales y dependencias económicas persistentes.

A ello se suman tensiones políticas internas. En varios países se amplían las facultades del poder ejecutivo, aumenta la polarización política y las instituciones democráticas enfrentan desafíos crecientes. “En términos politológicos, la región atraviesa una ‘coyuntura crítica’: las decisiones actuales pueden definir trayectorias políticas de largo plazo”, advierte el profesor Günther Maihold, de la Universidad Libre de Berlín.

“Las elecciones en grandes países como Brasil o Perú podrían adquirir una relevancia trascendental. No está claro si se consolidarán sistemas democráticos estables o si se reforzarán tendencias autoritarias”, explica.

América Latina enfrenta un año decisivo. Este podría ser el año en el que se redefinan las orientaciones políticas y económicas de la región, con consecuencias que irían mucho más allá del continente. Ahora, la región enfrenta un doble desafío: posicionarse estratégicamente en un mundo multipolar y al mismo tiempo fortalecer sus estructuras internas.

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