MITOS. Existen varias leyendas que rodean a Villa Río Hondo.
Entre las leyendas que tienen origen en la perdida villa, se cuenta que a fines del siglo XVI San Francisco Solano pasó por esas tierras. Como estaba cansado, les pidió a familias de la zona que le dieran algo para beber. Como estas personas se negaron, el santo del violín habría profetizado: “Salta saltará, San Miguel florecerá, y Río Hondo se hundirá”. Esta profecía posteriormente se convirtió en una copla popular.
Otra leyenda, narra que San Francisco Solano volvía de Tucumán con una tropa de carretas cargadas de madera para construir la iglesia que se levantaba en Santiago. La tropa se detuvo en el paso del río Dulce, que estaba crecido, y arrastraba árboles y piedras. Otras carretas estaban detenidas porque los carreteros aseguraban que en ese paso el río era muy hondo. Mientras las bestias y los peones tomaban un descanso, el santo, apartado, oraba. Posteriormente, dio la orden de uncir los bueyes y de continuar el viaje. Todos se miraron con asombro, pero obedecieron. San Francisco montó en su mulita y encabezó la marcha. Al entrar en el río, levantó un cordón de su ropaje, y las aguas turbias se abrieron, dejando pasar la caravana. El santo bromeó entonces: “ahí tienen su río hondo”.
Muestras del suelo
Era el año 1952 y durante el gobierno de Juan Domingo Perón, hubo personas que efectuaron tareas de extracción de muestras del suelo en la zona donde se encuentra el actual lago del dique Frontal, protagonista de esta historia. Aquellas extracciones fueron sobre lo que abarca el terraplén, y casi todo el área del hoy espejo de agua (33.000 hectáreas). Las muestras se procesaban y eran enviadas Buenos Aires para ser analizadas. Con el tiempo, los técnicos se afincaron en la vieja Río Hondo.
TRASLADO. En 1962 comenzaron los desplazamientos del lugar.
El 20 de noviembre de 1957, se llama a la licitación internacional para la construcción del dique, cinco kilómetros aguas arriba del puente del río Dulce, que cruza Las Termas. Un mes después se conocieron las propuestas: la empresa Panedile Argentina Sacif resultó adjudicataria. Finalmente comenzaron las obras el 2 de abril de 1958, cuando se colocó su piedra basal. En 1965 se terminó el terraplén, de 4.119 metros, conectado con el muro de hormigón armado.
Finalmente tras 15 años, en septiembre de 1967 inaugura y habilita el embalse el presidente de facto Juan Carlos Onganía.
























