DESOLADOR. Una foto de La Madrid bajo el agua tras la inundaciones que se sucedieron entre el domingo y las últimas horas. la gaceta / foto de matías vieito
“Necesitamos lanchas”, dicen los vecinos de La Madrid frente a las cámaras de LG Play. Lanchas, para rescatar a las personas atrapadas por una creciente tan potente que, en apenas unas horas, convirtió las calles en canales perfectamente navegables.
Desde la ruta 157, convertida en terraplén, las fachadas de las casas apenas emergen por sobre las aguas marrones. Las cámaras muestran una postal dolorosa y recurrente en Tucumán: un pueblo hundido bajo el agua.
Y hundido, con él, el futuro de muchos. Los testimonios recogidos por el periodista de LA GACETA, Matías Auad, son desgarradores. Para muchas familias no es la primera vez que un temporal las deja sin nada: el sudeste tucumano sufre inundaciones frecuentes desde la década del 90.
Otros vecinos esperan que la lluvia dé una tregua, que las aguas bajen para volver a sus casas y ver qué quedó de aquello que, con esfuerzo, pudieron construir entre inundaciones. Hasta ayer al mediodía el nivel del agua no había bajado, aún había personas atrapadas y se necesitaban más lanchas para recorrer ese pantano que, horas antes, era una ciudad.
Los pueblos del sudeste
Un informe publicado en 2023 por LA GACETA advertía que la región se encuentra atrapada en una combinación de factores naturales y humanos que explican la recurrencia de inundaciones.
2017. Las inundaciones más fuertes que soportó La Madrid, hasta hoy.
El sudeste de Tucumán forma parte de una gran llanura deprimida donde desembocan los ríos que descienden desde las montañas del oeste. Pero el problema no se explica sólo por la geografía. Desde mediados del siglo XX, distintos cambios fueron alterando este equilibrio.
Uno de ellos fue el impacto del embalse de Río Hondo. “El dique se construye en el 67 con informes del 52”, explicaba Sergio Georgieff, doctor en Geología e integrante de la ex Comisión de Emergencia Hídrica de la Legislatura. “Una de las conclusiones de esos dictámenes desaconseja la construcción del embalse en tanto no se sistematicen las cuencas hídricas de Tucumán”.
2020. En el año de la pandemia también hubo problemas.
Esto hacía referencia a la insuficiencia de los diques El Cadillal y Escaba para contener la enorme red hídrica de Tucumán y a la necesidad de profundizar una lógica de interacción entre esas obras y el embalse de Río Hondo.
Los volúmenes de agua y sedimentos del vasto entramado fluvial tucumano, sin una regulación adecuada ni previsiones suficientes, comenzaron a ser contenidos por ese embalse, saturando los suelos. Con el paso de los años, el lago elevó el nivel de las napas en buena parte del sudeste tucumano, lo que reduce la capacidad del suelo para drenar lluvias intensas.
Franklin Adler, ingeniero y autor del libro “El futuro del agua en Tucumán”, en aquella ocasión y en coincidencia con el resto de expertos, explicaba que, desde 1967, los sucesivos gobiernos sólo tomaron medidas coyunturales y nunca se consolidó una política de Estado provincial que articule soluciones estructurales.
Otros factores
Según los documentos consultados para el informe, a lo largo de estos años, muchos poblados del sudeste desaparecieron o se transformaron en parajes apenas habitados a causa de las inundaciones. Los motivos fueron múltiples: existe una relación entre las inundaciones y el embalse, pero también intervienen el cambio climático y acciones humanas marcadas por la falta de previsión.
2023. Las últimas inundaciones antes de lo que sucedió en estos días.
Los documentos también señalaban que las obras viales, especialmente algunas rutas construidas sobre terraplenes, funcionan en muchos casos como verdaderos diques. En lugar de permitir que el agua circule libremente por la llanura, la detienen o la desvían, generando acumulaciones en determinados puntos. Cuando el volumen crece demasiado, el agua busca una salida, muchas veces atravesando pueblos o campos.
Otra circunstancia agravante ocurrió a finales de la dictadura, cuando se fomentó la expansión de la frontera agrícola mediante incentivos impositivos, según explicó el doctor en ciencias biológicas, investigador del Conicet y docente de la UNT, Edgardo Pero. Esto derivó en un proceso de deforestación permitido, sin previsiones a mediano ni a largo plazo. La práctica se extendió durante los años 80 y en Tucumán tuvo su pico a comienzos de los 90.
El mismo informe advertía, además, de la influencia del contexto climático. Tras varios años dominados por el fenómeno de La Niña, que suele traer condiciones más secas, los especialistas anticipaban un regreso a ciclos más húmedos en la región. En ese escenario, las lluvias intensas podrían volverse más frecuentes y aumentar el riesgo de nuevas inundaciones.
Finalmente, se configuró una combinación crítica de factores: suelos saturados sin capacidad de infiltración, aumento de las precipitaciones, rutas y caminos que obstaculizan los ríos y tala en las riberas. El desenlace fue dramático: la gran inundación de 1992 en La Madrid.
1992. Cuando las inundaciones empezaron a ser más frecuentes.
La inundación anterior en la localidad había ocurrido más de 40 años antes. La siguiente, y con mayor intensidad aún, llegó apenas seis años después, en 1998. Aquello marcó una nueva dinámica: el problema comenzaría a repetirse con mayor frecuencia y gravedad.
Las localidades de la llanura deprimida volvieron a sufrir inundaciones en los años siguientes: 2000, 2004, 2006, 2007, 2015 y 2017. Esta última fue una de las más violentas. Los desbordes sumergieron La Madrid en el barro y expulsaron a los pobladores hacia la ruta: a la intemperie y a la incertidumbre. Fue un punto de no retorno.
Desde entonces, el agua se convirtió en una preocupación permanente y en aquel momento se formó la Comisión de Emergencia Hídrica de la Legislatura, hoy disuelta, que elaboró gran parte de los diagnósticos citados. Los especialistas de ese organismo advertían que las inundaciones se repetirían con mayor fuerza después de 2024.
Consultados en la actualidad, los especialistas aseguran que no hubo cambios de envergadura que modifiquen estas deficiencias estructurales y sus proyecciones se reflejan en el impacto de esta inundación en La Madrid y en otros lugares de la provincia.
La pregunta sigue siendo la misma desde hace años: si el fenómeno es conocido, estudiado y advertido ¿cuántas veces más los pobladores de La Madrid deberán empezar de cero antes de que llegue una solución definitiva?

























