FENOA 2026. Disertación sobre Agroindustria, competitividad, inversión y futuro. LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL.
“Agroindustria en el NOA: competitividad, inversión y futuro”. El título del panel en el que participaron Sebastián Budeguer, director del Grupo Budeguer y Manuel Suárez A., CEO de San Miguel, moderado por el titular de IMSA, Raúl Ríos, ha mostrado que, más allá del contexto económico global, las inversiones son necesarias frente las oportunidades que se les presenta a dos de las industrias madre de Tucumán: la azucarera y la citrícola.
“Parte de la supervivencia de cualquier empresarios en la Argentina pasa por la inversión; tenemos oportunidades y, en un mundo que cambia, hay que atender la demanda de los consumidores y de los gobiernos con inversiones. Eso es un proceso natural en las empresas”, definió Budeguer. El grupo al que representa compromete que seguirá volcando capitales en territorio nacional y, particularmente, en Tucumán.
El también presidente de la Fundación del Tucumán proyecta buenas perspectivas productivas para el sector azucarero, más allá de los altibajos en el precio del endulzante. “Creo que está cambiando el paradigma; el mercado se está consolidando como, en su momento, le pasó a Brasil, captando además inversiones extranjeras. Aquí las inversiones también son locales para consolidar el negocio del azúcar”, evaluó. Además, consideró que sería bueno repetir, por tercer año consecutivo, el nivel de exportaciones por encima de las 600.000 toneladas y mejorar el registro de 2025 en términos de bioetanol frente a un mercado convulsionado. “Esto implicará un sector más consolidado, con mayor escala y con más planificación de largo plazo, aprovechando las oportunidades que puedan presentarse”, agregó.
Respecto del impacto del conflicto en Medio Oriente en el sector azucarero, Budeguer afirmó que el sector sucroalcoholero argentina tiene una enorme oportunidad en la situación actual. “El biocombustible de producción nacional puede ser una buena solución frente a las consecuencias del conflicto bélico”, sintetizó.
En tanto, el CEO de San Miguel recordó que la compañía, en 2022, salió del negocio de la fruta fresca de limón para concentrarse en el negocio industrial. Así, se incrementó en un 70% la producción en un período de cuatro años. “Tal vez escucharon que hicimos inversiones en el exterior, pero debeos decir que, en cinco años, llevamos invertidos más de U$S 25 millones destinado exclusivamente a mejorar la productividad de nuestros campos y en la eficiencia de la planta que tenemos en Famaillá, sacando más productos de los mismos limones por hectárea”, detalló. Desde esta perspectiva, Suárez indicó que las operaciones en la Argentina de la compañía registraron valores superiores a los proyectos jóvenes en Uruguay y en Sudáfrica. “El rinde de jugo por tonelada es un 10% más en Tucumán que en esos dos países. La productividad de campo pasó de 40 toneladas a 71 por hectárea en un contexto de competencia por productividad y por eficiencia”, acotó. Así, a su criterio, en San Miguel “se viene una etapa de estabilización de las operaciones”.
El ejecutivo citrícola prefiere no hablar de crisis, sino de ciclos. Por eso, diferenció el impacto de las inversiones en cultivos que demandan de siete a 10 años para alcanzar el mayor nivel de productividad. “Durante la vida de una empresa, atravesamos estos ciclos, donde hay un balance entre la oferta y la demanda más ajustado. Hay ciclos de escasez, donde la oferta supera a la demanda, que generalmente no son propios de la Argentina, sino que afectan a otros países productores, como Estados Unidos, España, Turquía o Egipto. Y también hay de excesos de oferta a precios bajos que no se pueden evitar”, explicó. Suárez proyectó que no está lejos del balance de la actividad. “Soy optimista que en el mediano plazo cambiará el ciclo”, fundamentó.





















