Los dilemas de una economía hogareña que aún no repunta

Llegar a fines de mes con el ingreso promedio es una odisea. La inflación pasa a otro plano porque las preocupaciones de las familias pasan por mejorar el ingreso y no perder el empleo

Los dilemas de una economía hogareña que aún no repunta
Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 25 Marzo 2026

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¿Por qué la inflación ha perdido centralidad en la consideración social? Probablemente, las primeras respuestas que el asalariado puede encontrar es que, en la carrera entre sus ingresos y los precios, ya no es pareja, más allá de que desde el Gobierno se sostenga que la inflación se está desacelerando gradualmente y que, más temprano que tarde, dejará de ser una preocupación para los argentinos. Sin embargo, el valor de los alimentos sigue subiendo. Las tarifas de los servicios públicos privatizados no ha detenido su proceso de actualización y ahora la nafta está pegando saltos cada vez más frecuentes, debido al encarecimiento del valor del barril de petróleo por el conflicto en Medio Oriente. En definitiva, siempre hay un problema tras otro que bombardea el bolsillo de la gente.

Los últimos sondeos de opinión confirman el deterioro del humor social, económico y, por ende, político de la sociedad.  Los bajos salarios (37%), la falta de trabajo (36%) y la corrupción (33%) se consolidan como las principales preocupaciones de la comunidad, de acuerdo con la última Encuesta de Sastisfación Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés. En un segundo nivel aparecen la inseguridad (30%) y la pobreza (27%), mientras que la inflación (20%) pierde centralidad relativa.

En términos de evolución, la falta de trabajo muestra el mayor aumento (+6 puntos porcentuales), seguida por la inflación (+5 puntos), mientras que los bajos salarios se mantienen estables como principal problema, explica Diego Reynoso, doctor en Ciencias Políticas y director del sondeo. La magnitud del problema es tal que las tres cuestiones son permeables a todos los grupos sociodemográficos.

En cuanto a la percepción temporal, Reynoso observa que predomina una evaluación retrospectiva negativa: la mayoría considera que la situación del país ha empeorado en el último año, especialmente en los sectores de izquierda y entre votantes opositores. Sin embargo, al proyectar hacia el futuro, se observa una fuerte divergencia: los votantes oficialistas muestran expectativas de mejora, mientras que los opositores proyectan un escenario más negativo. Esa es una de las antesalas por la que, uno y otro sector ideológico, intenta anticipar el llamado a elecciones generales del año que viene. Sin embargo, la especulación domina. Si la microeconomía no muestra signos de mejora, claramente la oposición buscará sacar ventaja para que Javier Milei deje de ser presidente de la Nación. Por el contrario, si la economía se reactiva y llega al bolsillo de la gente, será el mejor de los escenarios para La Libertad Avanza. En el medio de esta dispuesta hay casi 46 millones de habitantes que rezan para que sus ingresos no se evaporen tan velozmente.

La contundencia del resultado del sondeo efectuado por Zentrix Consultora es otra señal del deterioro socioeconómico en el país:el 56,4% de los consultados por esta firma contestó que tomó crédito en los últimos seis meses y, dentro de ese grupo, casi nueve de cada 10 ya presentó dificultades para pagarlo. El crédito se orientó mayormente a cubrir gastos básicos, en un contexto donde el 83,9% afirmó que su salario no le gana a la inflación y más de la mitad de la población no logra llegar al 20 de cada mes, detalla el relevamiento. El fenómeno describe un cambio en la función de la deuda: deja de ser una herramienta financiera y pasa a convertirse en un mecanismo de subsistencia.

Que la principal preocupación del país sea la pérdida de poder adquisitivo permite interpretar que distintas tensiones económicas (salarios rezagados, inflación, empleo, consumo), están siendo leídas como parte de un mismo problema, el deterioro del ingreso real. Esto convierte al poder adquisitivo en el eje interpretativo más fuerte del relevamiento que este mes hizo, por su parte, el Grupo Borgia, Consultoría Política en Tucumán.

El escenario es de un equilibrio inestable, en el que las decisiones económicas influyen notoriamente en las cuestiones políticas, pasando por la percepción social. La coexistencia entre deterioro presente y expectativa futura no configura un cuadro de estabilidad consolidada, sino un equilibrio frágil. Mientras las expectativas de mejora continúen vigentes, parte del malestar económico puede permanecer contenido. Sin embargo, si esas expectativas comienzan a erosionarse, la percepción social del proceso económico podría endurecerse con relativa rapidez, advierte el Grupo Borgia.

El 35,2% de los tucumanos que declara que llegan a fin de mes ajustadamente no representa una situación de estabilidad plena, sino una forma de vulnerabilidad moderada. Interpretar esa categoría como normalidad implicaría subestimar la fragilidad económica que atraviesa a una parte importante de los hogares.

Los estudios privados van de la mano con las mediciones oficiales. El número de familias con atrasos en sus pagos pasó de niveles históricamente bajos a cifras que no se registraban desde la crisis de 2001, según el Informe de Bancos, difundido recientemente por el Banco Central. Este deterioro se reflejó con fuerza en las tarjetas de crédito, donde el porcentaje de mora casi se duplicó en apenas seis meses, y sobre todo en préstamos personales, que subieron tanto en cantidad como en monto real. El pago mínimo es una suerte de trampa mortal para los usuarios del dinero “plástico”  que no pueden cubrir la totalidad de la cuota mensual. Esta práctica habilita continuar usando la tarjeta, pero alimenta el saldo con intereses elevados. Los bancos aplican sistemas de amortización que resultan onerosos para el cliente: los intereses llegan a superar el 4% mensual en pesos y el 2% en dólares. Así, se realimenta el círculo vicioso de solicitar préstamos para cubrir la tarjeta y después...veremos.

En medio de esta odisea financiera familiar, las oportunidades laborales no sobran por más que la macroeconomía muestre signos de recuperación. Y, si es así, no llega a estas latitudes. Frente a esa realizad, el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) desnuda una paradoja nacional:laa alta divergencia entre la dinámica de la economía y el empleo. Mientras la producción se recupera, el empleo total está estancado y, como lo señala la caída en el empleo asalariado privado registrado, prevalecen las empresas que despiden trabajadores. En parte, esto es un fenómeno asociado a la adaptación de muchas empresas al contexto de estabilidad y mayor integración al mundo. Pero también es consecuencia de que subsiste un entorno tributario, regulatorio y de deficiente infraestructura física e institucional que, de manera muy diferente entre sectores, conspira contra la competitividad y sus posibilidades de sostener y expandir los niveles de empleo, explica su director Jorge Colina.

La clase media sigue empobreciéndose y no logra sacar el agua del cuello. En el sondeo de Zentrix, más del 53% de la población se representa como clase baja no sólo como una definición identitaria, sino como la expresión de una experiencia económica concreta, que también se refleja en la evaluación del contexto general: cerca de 6 de cada 10 consideran que la situación del país es mala o muy mala. En ese marco, las decisiones económicas de los hogares se reorganizan bajo una lógica defensiva, donde el objetivo deja de ser mejorar la posición económica y pasa a ser sostener niveles mínimos de consumo.

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