El dolor que persiste en La Madrid, a un mes de la inundación: “Perdimos todo y seguimos solos; se lavaron las manos”

  • Habitantes de La Madrid denuncian abandono estatal a un mes de las inundaciones de 2026, reclamando por la falta de asistencia ante la pérdida total de sus bienes en Tucumán.
  • El desborde de las cuencas dejó al pueblo sumergido en barro y precariedad. Los vecinos enfrentan ahora inseguridad y falta de recursos básicos mientras critican la gestión oficial.
  • La crisis en el sur tucumano expone la falta de obras estructurales. El malestar social crece y se prevén nuevos reclamos ante la vulnerabilidad habitacional de la región.

14 Abril 2026

A un mes de la inundación que dejó a La Madrid sumida en el desastre, el tiempo parece no haber alcanzado para curar las heridas. El agua se fue, aunque no del todo, pero dejó marcas profundas. En el lugar se ven casas destruidas, pérdidas materiales irreparables y una sensación de abandono que atraviesa cada rincón del pueblo.

“Acá estamos, luchando… tratando de salir de a poco, porque esto ha sido muy grave”, le cuenta a LA GACETA Margarita, vecina de la zona, mientras recorre su vivienda todavía golpeada por las consecuencias del temporal. Su voz, dulce pero quebrada, condensa el drama colectivo de una comunidad que, según cuenta, ‘ha perdido todo’.

En su casa, el paso del agua arrasó con muebles, electrodomésticos y pertenencias de toda una vida. “He perdido tres roperos, el televisor, la ropa… un montón de cosas. Hasta me sacaron puertas”, dice la mujer con una mezcla de resignación y tristeza. Pero enseguida aclara que su situación no es la peor. “Hay gente que quedó sin nada, sin cama, sin colchones, sin cocina”.

La recuperación es lenta, casi inexistente para muchos. En su pequeño negocio, Margarita observa el impacto cotidiano de la crisis. “La venta está muy lenta, porque la gente apenas tiene para comer”, explica. Los comedores comunitarios se volvieron un sostén fundamental para decenas de familias.

A pesar de la magnitud del desastre, la ayuda oficial, según denuncia, no llegó como esperaban. “No ayuda de nada el Gobierno. Es como que se ha lavado las manos”. En su caso, el respaldo llegó desde lo más cercano: sus hermanos, que viven en Simoca, colaboran para que pueda sostenerse.

DOLOR PROFUNDO. Margarita, una de las tantas personas que perdieron todo en La Madrid. FOTO DE ANALÍA JARAMILLO DOLOR PROFUNDO. Margarita, una de las tantas personas que perdieron todo en La Madrid. FOTO DE ANALÍA JARAMILLO

La escena se repite en todo el pueblo. Vecinos ayudándose entre sí, organizándose para limpiar, reconstruir y seguir adelante. Pero el cansancio y la incertidumbre crecen con el paso de los días. A ese panorama se sumó en las últimas horas un hecho que generó indignación. 

Durante una protesta de vecinos que reclamaban respuestas, se registraron incidentes con fuerzas de seguridad. Margarita no oculta su enojo: “¿Por qué vienen a pegarle a la gente? Han sufrido tanto… vienen a pegarle como animales”.

Su voz se quiebra al recordar a un joven que trabajó con ella y que habría sido agredido. “Yo he llorado cuando me enteré. Es un buen chico. Me dijo que le dolía mucho el estómago”, cuenta.

La bronca no es solo por lo ocurrido, sino por lo que simboliza: una respuesta violenta en medio de una situación de extrema vulnerabilidad. “¿Por qué no tratan bien a la gente?”, insiste.

Mientras tanto, el barro sigue siendo parte del paisaje. En algunos sectores comienza a endurecerse, pero en otros continúa atrapando viviendas enteras. “Hay gente que vive en medio del barro. Eso duele”, dice Margarita, visiblemente conmovida.

Si tuviera que resumir su estado de ánimo en una palabra, no duda: “Angustiada”. Y explica por qué: “No solo por mí, por todo el pueblo… por esa gente humilde que está peor que uno”.

Entre lágrimas, deja un mensaje que mezcla pedido y esperanza; y es que se realicen obras en los ríos y arroyos para evitar otra tragedia, que se asista a quienes lo perdieron todo y que, de alguna manera, alguien escuche. “Me duele el alma”, repite. Y en esa frase simple, cruda, se condensa el sentir de toda La Madrid.

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