Vivir entre grietas, humedad y pérdidas en La Madrid: “Tengo miedo de que la casa se caiga”
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Lorena y su familia viven en una casa con riesgo de derrumbe en La Madrid, Tucumán, un mes después de las graves inundaciones, ante la falta de recursos para reconstruirla.
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Tras el temporal, los afectados denuncian una asistencia estatal insuficiente. La humedad y las grietas estructurales empeoran mientras intentan reparar los daños con restos.
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La situación evidencia la vulnerabilidad habitacional persistente en el sur tucumano. El temor a nuevos derrumbes marca la urgencia de soluciones habitacionales definitivas.
A un mes del desastre que golpeó a La Madrid, en las zonas más alejadas del centro, donde el barro aún domina el paisaje, la vida transcurre entre la incertidumbre, la humedad persistente y el miedo. Lorena es una de esas vecinas que sigue luchando, como puede, para sostener su hogar. Vive allí desde hace 17 años, pero asegura que nunca había atravesado una situación similar. “Fue la peor de todas”, le dice a LA GACETA, con una mezcla de cansancio y angustia.
Su casa, donde conviven siete personas (entre ellos varios niños), hoy está marcada por grietas, paredes debilitadas y signos visibles de deterioro. “Perdí todos los muebles, todo. Lo poco que quedó lo estamos usando como podemos”, cuenta. Lo que antes era un juego de living, ahora se transformó en repisas improvisadas para sostener lo poco que quedó en pie.
La reconstrucción es precaria y forzada. Sin posibilidad de comprar nuevos muebles, la familia recicla restos, repara lo que puede y prioriza lo urgente: evitar que la vivienda se derrumbe. “Mi casa está agrietada por entero. La pared de atrás está con peligro de caerse”.
El recorrido que hizo LA GACETA por el interior de la vivienda expone la gravedad de la situación. En las habitaciones donde duermen sus hijos, la humedad no cede. Las paredes están marcadas por manchas, desprendimientos y agujeros. En algunos casos, los colchones deben colocarse de a dos para evitar que se hundan en el piso dañado.
“La humedad no se va. Limpio y vuelve a caer todo”, describe. La escena se repite en cada rincón: grietas en las paredes, fisuras en el piso y estructuras que parecen ceder lentamente.
SIN SOLUCIONES. Lorena perdió muebles, animales y parte de su sustento. FOTO ANALÍA JARAMILLO
A esa situación se suma el temor constante. “Tengo miedo de que se derrumbe”. El riesgo no es abstracto, ya que una de las paredes del fondo presenta un desprendimiento visible y amenaza con caer en cualquier momento.
La pérdida no fue solo material dentro de la casa. La familia también sufrió un duro golpe en su economía. Los animales que criaban, entre ellos más de 30 chanchos, murieron durante la inundación. Ese ingreso era clave para sostener, entre otras cosas, los estudios de uno de sus hijos en la universidad.
“Era con eso que lo ayudábamos”, dice. Hoy, ese sostén desapareció. El entorno tampoco ayuda. El barro, la humedad y el agua estancada generan nuevas amenazas. “Aparecen víboras, cienpiés… estoy todo el tiempo tirando desinfectante”.
En su caso, además, la preocupación es doble. La mujer padece una enfermedad inmunológica que la obliga a extremar cuidados en un ambiente que está lejos de ser seguro. A pesar de la gravedad del panorama, asegura que no recibió asistencia. “No tuvimos ayuda de nadie”, afirma.
Mientras tanto, la vida sigue en condiciones límite. Los niños duermen en habitaciones afectadas, el baño presenta problemas estructurales y la casa entera parece resistir con lo justo. Si tuviera que señalar qué necesita con urgencia, no duda: seguridad. “Lo que más miedo tengo es que se caiga la casa”, repite.






















