Los argentinos comen cinco kilos menos de carne vacuna por año y se vuelcan al cerdo
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Argentinos redujeron 5 kilos anuales el consumo de carne vacuna y lo sustituyeron por cerdo debido al alza de precios, según informó FADA sobre la situación del mercado interno.
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El consumo cayó por la brecha de precios: la carne vacuna subió 64% frente al 25% del cerdo. Los impuestos representan un cuarto del valor final y los fletes encarecen la cadena.
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Conflictos externos en combustibles y la presión impositiva sugieren que el cambio de hábitos persistirá, consolidando al cerdo como alternativa ante la crisis económica.
EN UN AÑO. Se pasó de consumir 49,5 kilos a 44,5 de carne vacuna por persona
El incremento en el precio de la carne vacuna está cambiando los hábitos de consumo de las familias argentinas. En la actualidad, se comen cinco kilos menos de carne y más del 25% de los precios siguen siendo impuestos. Desde esta perspectiva, los argentinos adoptan conductas de crisis y, por caso, sustituye el consumo con cerdo, que se vende un kilo y medio más que el promedio. Así lo revela el informe Composición de precios que dio a conocer la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA). Desde el último año, pasamos de consumir 49,5 kilos de carne vacuna a 44,5 por año por persona. Por otro lado, consumimos un kilo y medio más de carne de cerdo, ahora comemos 19,3 kilos, indica el informe al que accedió LA GACETA.
“La suba de los precios cambia los hábitos de consumo: en el último año se registró una inflación del 33%. La carne de vaca aumentó 64% y la de cerdo 25%. Esta diferencia, entre otros motivos, causó que muchas familias opten por el cerdo como una alternativa más amigable con sus bolsillos”, explica Antonella Semadeni, economista de FADA. En las carnicerías tucumanas de barrio, el kilo de lomo de vaca puede conseguirse a $ 24.000, mientras que igual corte, pero de cerdo, ronda los $ 9.500. La paleta, en tanto, es uno de los cortes vacunos de más salida. El kilo puede valer $ 20.000, casi el doble del precio de la costeleta de cerdo.
También se consume un 7% más de lácteos, que puede deberse a que el aumento en el último año fue del 13%, por debajo de la inflación.
La guerra en Medio 0riente empieza a impactar en las góndolas. Actualmente, los costos son: el 51% del precio de la carne, el 61% del pan y el 71% de la leche y podrían pesar más por el aumento del combustible y la urea que se utiliza para los cultivos. “Lo que pasa en Medio Oriente afecta nuestros bolsillos: en el actual contexto de guerra, el primer costo que va a subir es el de los fletes, principalmente por el aumento en los combustibles debido al bloqueo del estrecho de Ormuz. El flete representa el 6% del precio del sachet de leche y es el 8% de los costos del productor de trigo”, detalla Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa de FADA. “Los aumentos en la logística van a repercutir en precios y en las ganancias de los diferentes eslabones que producen estos alimentos”, afirma la economista.
Pan, leche y carne: ¿Por qué suben?
Desde el campo hasta la mesa, cada etapa incorpora costos de producir, tiene ganancias y paga impuestos que se van acumulando a lo largo del proceso y dan como resultado el precio que pagamos en la góndola, no es algo azaroso o arbitrario. “En cualquiera de los 3 productos, $1 de cada $4 que pagamos, son impuestos”, revela María Luz Silvetti, economista FADA. “En otras palabras, cada 4 bollitos de pan, nos comemos uno de impuestos y nos tomamos un vaso de leche por cada sachet”, agrega. ¿Cuáles son esos impuestos? Los que se destacan son: el IVA a nivel nacional, ingresos brutos en lo provincial y las tasas a industrias y comercios a nivel municipal”, detalla Silvetti. Del total de los impuestos que se pagan en estos productos, más del 70% corresponden a nivel nacional.
Cambios en los costos o en los impuestos pueden hacer que los precios suban y las ganancias disminuyan, con mayor o menor impacto. “Por ejemplo, una variación en el precio de los granos impacta en los siguientes eslabones. Sin embargo, dentro del precio final, el maíz representa sólo el 12% del precio final de la carne de cerdo, 13% en carne aviar, 6% en carne de vaca y 4% en leche. El trigo es sólo el 10% del precio final del pan francés”, expresa Semadeni. “De esta forma se deduce que los granos no influyen tan fuertemente ya que alrededor del 90% de los costos son otros”, agrega la economista.
Al analizar por alimento, vemos que del precio de la carne, un 51% son los costos, 28% los impuestos y 21% la ganancia. “Para llegar a los bifes que compramos es necesario un proceso que lleva años, con costos importantes como la tierra donde se crían los animales, la sanidad, la alimentación, el transporte, el personal”, explica Fiorella Savarino, economista FADA. Al examinarlo en orden, se ve que en el precio de la carne de vaca el 35% es la cría, 16% el feedlot, 1% frigorífico, 20% carnicería y 28% impuestos.
En el caso del pan el 61% son costos de producir, el 24% impuestos y el 15% la ganancia. “Este precio se construye a lo largo de toda la cadena. Si lo vemos por eslabones, cronológicamente, la producción del trigo en el campo es el 7% del precio del pan, el molino el 4% y la panadería el 65%, el otro 24% son los impuestos.
En la leche 71% son costos, 26% son impuestos y sólo un 3% son ganancias. Del valor que pagamos al comprar un sachet, el tambo es el 27%, 24% la industria, 23% el comercio y 26% los impuestos.





















