Pesimismo industrial: el 85% no espera reactivación en el corto plazo
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Según el Indec, el 84,9% de las industrias en Argentina no prevé mejoras de producción para el trimestre abril-junio por la caída del consumo interno y la recesión actual.
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El sector fabril perdió 69.000 empleos desde diciembre y opera al 54,1% de su capacidad. La competencia de importaciones y la pérdida del poder adquisitivo agravan la crisis.
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El pesimismo llega a supermercados, donde nadie prevé contratar personal. El estancamiento industrial y comercial sugiere una reactivación lejana para la economía nacional.
La actividad industrial argentina atraviesa un momento crítico. Según la última encuesta de tendencia de negocios del Indec, el 84,9% de las empresas manufactureras no espera mejoras en el nivel de producción para el período abril-junio. El dato confirma un clima de fuerte pesimismo en el sector, que además se replica en el comercio, especialmente en supermercados.
El relevamiento, realizado sobre más de 850 establecimientos fabriles, muestra que la falta de demanda interna es el principal factor que limita la producción. El 52,5% de los empresarios señaló al bajo consumo como el mayor obstáculo, una cifra que incluso creció respecto del mes anterior.
Caída del consumo y salarios en retroceso
El deterioro del poder adquisitivo aparece como una de las causas centrales detrás de la debilidad del mercado interno. De acuerdo con datos oficiales, los salarios registrados acumulan una caída real significativa desde el inicio del actual Gobierno.
El impacto es desigual: mientras los trabajadores del sector privado sufrieron una contracción más moderada, los empleados públicos registraron pérdidas mucho más profundas. Esta dinámica, sumada a la precarización laboral y a la pérdida de empleo formal, afecta directamente el nivel de consumo.
En paralelo, el mercado laboral muestra señales de deterioro. Desde diciembre de 2023, el empleo industrial cayó 5,8%, lo que implicó la pérdida de casi 69.000 puestos de trabajo en el sector.
Importaciones y menor uso de la capacidad instalada
Además del consumo, la competencia de productos importados se posiciona como el segundo factor que limita la producción, con el 11,5% de las respuestas.
Si bien las importaciones totales mostraron una caída en cantidades durante el primer trimestre, esto se explica principalmente por la menor compra de maquinaria e insumos, en línea con la caída de la actividad industrial. En contraste, las importaciones de bienes de consumo y automóviles continúan en aumento, lo que incrementa la presión sobre la producción local.
Este contexto se refleja también en el bajo nivel de utilización de la capacidad instalada, que se ubicó en torno al 54,1% en el primer bimestre del año, uno de los registros más bajos de la serie.
Empleo: sin expectativas de recuperación
Las perspectivas laborales tampoco son alentadoras. Solo el 3,7% de las empresas prevé aumentar su dotación de personal en los próximos tres meses, mientras que el 79% no espera cambios y el 17,3% anticipa una reducción.
El dato refuerza la idea de un escenario de estancamiento, sin señales claras de reactivación en el corto plazo.
Supermercados: se terminó el optimismo
El pesimismo también alcanzó al sector comercial. Según el mismo informe del INDEC, el indicador de confianza empresarial de los supermercados volvió a terreno negativo en abril, tras seis meses consecutivos en alza.
El 84% de los supermercadistas considera que su situación no mejorará en el próximo trimestre, y un 14,7% incluso cree que empeorará. Solo el 16% mantiene expectativas positivas.
En cuanto al empleo, el panorama es aún más restrictivo: ningún empresario del sector prevé incorporar personal, mientras que el 24% proyecta recortes en sus plantillas.
Demanda débil, principal preocupación
Al igual que en la industria, la falta de consumo lidera las preocupaciones del comercio. El 58,7% de los supermercadistas identificó a la escasa demanda como el principal limitante de su actividad.
Le siguen el costo laboral y el costo del financiamiento, en un contexto económico marcado por el ajuste fiscal, la caída del ingreso real y la retracción del mercado interno.





















