Informe de la UCA: la informalidad alimenta la pobreza infantil
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La UCA informó en Argentina que el 53,6% de los niños son pobres debido a la informalidad laboral en 2025, impactando su desarrollo y acceso a una alimentación saludable.
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Seis de cada diez niños habitan hogares precarizados. Si bien la indigencia bajó por la asistencia estatal, el 60% de los menores depende de comedores para su nutrición diaria.
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La investigadora Ianina Tuñon advierte que bajar la pobreza infantil requiere políticas de Estado integrales y un mercado laboral estable que permita generar ingresos propios.
“Cada niño será un bien muy preciado y hay que aprovechar la baja de la tasa de natalidad para invertir mejor en ellos”. La definición corresponde a Ianina Tuñon, investigadora del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
En una charla con “La mañana empieza aquí”, en LG Play, Tuñon se refirió al informe académico que constató que, en 2025, un 53,6% de los niños, niñas y adolescentes viven en hogares pobres por ingresos, mientras que un 10,7% está en situación de indigencia. Si bien reconoció que la pobreza monetaria viene reduciéndose respecto de la pandemia, cuando trepó al 62%, aún está lejos del piso histórico del 40% del período que fue desde 2010 hasta 2017.
“La indigencia ha descendido por la baja de la inflación y por el aumento significativo la transferencia de ingresos, ya sea por la Asignación Universal por Hijo o por el Programa Alimentar”, destacó. De todas maneras, la investigadora pidió observar el problema en todas sus dimensiones, ya que la población infantil no sólo está expuesta desde lo alimentario, sino también en sus comportamiento en salud, educación y hasta las relaciones con sus pares.
“La inseguridad alimentaria golpea a un tercio de los pibes y un 60% de esa población infantil apela a la alimentación escolar, algo que se volvió muy relevante, particularmente con la potenciación de los comedores escolares”, subrayó. Es tal la necesidad de esa política que, según la docente, se volvió una estrategia de supervivencia para los niños, las niñas y los adolescentes en condiciones de mayor vulnerabilidad socioeconómica.
Variables de ajuste
“Hay casos en que van y retiran los alimentos y se los llevan a casa porque la estructura de gastos del hogar ha cambiado de tal manera que una de las variables de ajuste ha sido la forma de alimentarse”, puntualizó. Tuñon, en ese sentido, señaló que, generalmente, en los hogares más vulnerables, se prescinde de la cena por falta de presupuesto o, en el mejor de los casos, se sustituye con mate cocido. “La reducción de la pobreza infantil irá de la mano del comportamiento del mercado laboral, ya que seis de cada 10 niños viven en hogares donde los padres son informales o están precarizados”, indicó. Y agregó: “dependerá de la estabilidad del empleo y de que no se dispare la tasa de desocupación. Además, también tendrá que ver que ese hogar no dependa tan solo de la transferencia de ingresos, sino que se generen recursos propios para subsistir”.
“La deuda con nuestra infancia es enorme. Por lo tanto, se debe atacar con políticas de Estado en todas las dimensiones, de tal manera de bajar la pobreza infantil en la Argentina”, finalizó.























