De tanto insistir, San Martín encontró recompensa en La Ciudadela y venció a Atlético de Rafaela 2 a 1

  • San Martín derrotó 2-1 a Atlético de Rafaela en La Ciudadela por la Primera Nacional. Con goles de Pons y Ferreyra, el local volvió al triunfo pese a un arbitraje polémico.
  • El equipo de Yllana buscaba recuperarse tras su caída en Carlos Casares. Superó la lesión de Kevin López y un empate de la visita, logrando la victoria con un cabezazo agónico.
  • El triunfo fortalece al plantel previo al cruce con Banfield por Copa Argentina y el duelo ante el líder, Gimnasia de Jujuy, pruebas clave para medir sus aspiraciones de ascenso.

DESAHOGO. Nicolás Ferreyra celebra el tanto agónico que le permitió a San Martín volver a festejar en La Ciudadela. DESAHOGO. Nicolás Ferreyra celebra el tanto agónico que le permitió a San Martín volver a festejar en La Ciudadela. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

El cabezazo de Nicolás Ferreyra no fue uno más. Tuvo algo distinto. No sólo por el momento, por la forma o por el resultado que selló -el 2 a 1 frente a Atlético de Rafaela-, sino por todo lo que arrastraba detrás. Fue una respuesta. Una reacción colectiva que le permitió a San Martín sacarse de encima el peso que traía desde Carlos Casares, volver a sonreír en La Ciudadela y, de paso, imponerse a un partido que se había vuelto espeso, enredado y atravesado por las decisiones del árbitro Bryan Ferreyra.

La noche no había empezado sencilla. Atlético de Rafaela salió con decisión, empujó en los primeros minutos y generó una ráfaga inicial que obligó a San Martín a acomodarse rápido. No lo dejó crecer. Sin embargo, el “Santo” se recompuso, tomó la pelota y empezó a inclinar la cancha con paciencia, sin desesperarse. No abundaron las situaciones claras, es cierto, pero el control fue suyo. Hubo intención, presencia en campo rival y, sobre todo, la sensación de que el gol podía caer en cualquier momento.

En medio de ese envión, surgió una señal de alerta que alteró el pulso del primer tiempo. Kevin López sintió una molestia y no pudo continuar, lo que obligó a Yllana a realizar una modificación antes de lo previsto. La salida del mediocampistaa no sólo modificó la estructura del equipo, sino que dejó una preocupación abierta de cara a lo que se viene, en una semana cargada de exigencias.

Del otro lado, la “Crema” empezó a mostrar grietas: espacios mal cubiertos, salidas imprecisas y dudas que el equipo de Andrés Yllana supo leer. Ahí apareció Jorge Juárez, con esa interpretación particular del partido: sin pelota retrocedía como un lateral más, pero cuando el equipo avanzaba se soltaba como volante. En una de esas jugadas, controló de cabeza, advirtió la mala salida del arquero y envió un centro preciso. En el área, Facundo Pons hizo lo que venía buscando desde hace tiempo: ganó en el aire y convirtió. El delantero se amigó con el arco en el momento justo.

Pero el fútbol, tantas veces, no perdona los momentos de distracción. San Martín, tras ponerse en ventaja, bajó la intensidad y lo pagó caro. En una pelota detenida, Atlético de Rafaela encontró el empate: Martiniano Moreno se anticipó a Santiago Briñone y estableció el 1 a 1.

Llamativo protagonista

El complemento fue otra historia. San Martín intentó, Rafaela ofreció poco y el protagonismo se trasladó, inesperadamente, al árbitro.

Bryan Ferreyra se adueñó del ritmo: cortó jugadas, sancionó divididas discutibles, dejó pasar posibles penales a favor del local -agarrones a Guillermo Rodríguez, al propio “Fosa” Ferreyra y hasta una mano evidente- y detuvo el juego en reiteradas ocasiones. El partido ya no era sólo fútbol: era tensión, era enojo, era una batalla paralela que se jugaba en cada fallo y en cada protesta que bajaba desde las tribunas.

En ese contexto espeso, donde cada decisión parecía jugar en contra, San Martín no se desordenó. Siguió empujando, sostuvo la búsqueda y encontró en la insistencia una forma de competir incluso cuando el juego se le hacía cuesta arriba.

Premio a la insistencia

En los últimos minutos, Nicolás Ferreyra se adelantó y se paró casi como un “9” más. El centro de Briñone cayó en el área con la precisión necesaria. Y ahí apareció el cabezazo del central: fuerte, decidido, inevitable.

El desahogo, entonces, no marca un punto de llegada, sino un punto de partida. Porque la semana no da respiro. En el horizonte inmediato aparece Banfield, en Salta, por la Copa Argentina, un cruce que puede abrir otra puerta y exigir una versión todavía más sólida.

Además, asoma Gimnasia de Jujuy, líder de la zona, como una medida concreta para saber dónde está parado este equipo.

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