06 Diciembre 2002
Uno de los verdaderos proyectos que llevó a Luis Ignacio "Lula" da Silva a ganar las elecciones presidenciales recientemente en Brasil fue su compromiso en la lucha contra el hambre. Cuando a este mismo político un grupo de periodistas le preguntó cuál sería su principal acción de gobierno, él mismo respondió con dos palabras de un profundo contenido: "Fome Zero" (Hambre Cero).
Este es un plan sumamente ambicioso. El mismo apunta contra la inseguridad alimentaria, y explica que si bien es cierto que dicha inseguridad no es hambre, no obstante, una familia con inseguridad alimentaria no tiene un ingreso suficiente para garantizar la alimentación de sus miembros, con la cantidad y calidad necesarias de alimentos.
Un país como Brasil no puede crecer y desarrollarse con 40 millones de personas que tienen hambre. El plan "Fome Zero" incluye acciones que van desde la reforma agraria hasta la generación de empleo y políticas de distribución de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria en las zonas rurales y metropolitanas. Uno de los pilares básicos en los que se articula el plan es el desarrollo de la agricultura familiar en Brasil.
En Tucumán, en particular, bien podríamos comenzar a comprometernos en la lucha contra la pobreza, contra la exclusión social y contra el hambre.
También podríamos tomar el mismo ejemplo que ellos; podríamos comenzar a través de acciones concretas para garantizar la agricultura familiar.
Y esto no está ocurriendo. Desde el gobierno parece ser que es más sabio y más urgente resolver los problemas de una sucesión con igual signo político, que la urgencia de calmarles el hambre a miles de indigentes tucumanos.
La urgencia
Las acciones urgentes deberían estar dirigidas a capacitar a las familias urbanas y rurales para que sean capaces de producir, por sí mismas, alimentos básicos para una alimentación sana, en el contexto de un huerto familiar, haciéndolo de la forma más ecológica y saludable.
Para ello hace falta capacitar a los "Jefes y Jefas de Hogar Desocupados" y obligarlos a asistir a cursos de adiestramiento y a cumplir objetivos, en lo que a producciones de huertas familiares se refiere. Para producir hortalizas no son necesarias grandes superficies de tierra, ni maquinarias o herramientas especiales, ni siquiera haber nacido o crecido en una familia de agricultores de toda la vida. Sólo se requiere interés y mucha curiosidad para aprender. Nuestros hombres tienen esto de sobra, pero hay que motivarlos y enseñarles sobre la importancia de la dignidad en el propio sustento. El espacio para cultivar no es algo problemático, se puede empezar en el balcón, en la terraza o en una pequeña parcela.
En el mismo huerto familiar como lo propone "Lula" da Silva; exige poca inversión e incluso no demasiada dedicación. No se busca que la huerta familiar se convierta en el sustento de la familia, pero sí que la misma se beneficie al reducir los gastos en la cesta de compras y en la posibilidad de contar con alimentos fresco y sanos durante todo el año.
En esto el Estado debería jugar un rol primordial y más aún en tiempos de crisis como el actual.
No es fácil entender cómo en una sociedad como la nuestra se pase hambre, ya que la misma dispone de clima y espacio para llevar adelante cualquier práctica agrícola; se debe comprender que de la agricultura parten la mayoría de los recursos básicos.
Para no fracasar
Sin embargo, se debe tener muy en claro que si no se quiere fracasar en el intento, toda huerta familiar o escolar debe ser muy bien planificada y sólo así se obtendrán resultados satisfactorios. Para ello será necesario conocer su ubicación y los condicionantes de su entorno, siendo también conveniente tener conocimientos básicos sobre el microclima local, la luz, los rigores del clima, las precipitaciones, el calendario hortícola, etc. Todo esto conviene conocerlo mínimamente si deseamos realizar una planificación acertada y en función de objetivos de producción.
La huerta familiar, escolar o comunitaria debe ser una creación humana y, consecuentemente, su desarrollo y evolución dependerá en gran medida de los conocimientos que tengan sus creadores. Para ello será necesario ayudarlas a través de los múltiples programas, para potenciar el desarrollo y el fortalecimiento de la población rural. El conocimiento se convierte en madre de sabiduría y lleva a que cualquier emprendimiento sea más fácil de llegar a buen puerto. Estamos frente a un gran desafío y no es tiempo de mirar hacia otro lado.
Este es un plan sumamente ambicioso. El mismo apunta contra la inseguridad alimentaria, y explica que si bien es cierto que dicha inseguridad no es hambre, no obstante, una familia con inseguridad alimentaria no tiene un ingreso suficiente para garantizar la alimentación de sus miembros, con la cantidad y calidad necesarias de alimentos.
Un país como Brasil no puede crecer y desarrollarse con 40 millones de personas que tienen hambre. El plan "Fome Zero" incluye acciones que van desde la reforma agraria hasta la generación de empleo y políticas de distribución de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria en las zonas rurales y metropolitanas. Uno de los pilares básicos en los que se articula el plan es el desarrollo de la agricultura familiar en Brasil.
En Tucumán, en particular, bien podríamos comenzar a comprometernos en la lucha contra la pobreza, contra la exclusión social y contra el hambre.
También podríamos tomar el mismo ejemplo que ellos; podríamos comenzar a través de acciones concretas para garantizar la agricultura familiar.
Y esto no está ocurriendo. Desde el gobierno parece ser que es más sabio y más urgente resolver los problemas de una sucesión con igual signo político, que la urgencia de calmarles el hambre a miles de indigentes tucumanos.
La urgencia
Las acciones urgentes deberían estar dirigidas a capacitar a las familias urbanas y rurales para que sean capaces de producir, por sí mismas, alimentos básicos para una alimentación sana, en el contexto de un huerto familiar, haciéndolo de la forma más ecológica y saludable.
Para ello hace falta capacitar a los "Jefes y Jefas de Hogar Desocupados" y obligarlos a asistir a cursos de adiestramiento y a cumplir objetivos, en lo que a producciones de huertas familiares se refiere. Para producir hortalizas no son necesarias grandes superficies de tierra, ni maquinarias o herramientas especiales, ni siquiera haber nacido o crecido en una familia de agricultores de toda la vida. Sólo se requiere interés y mucha curiosidad para aprender. Nuestros hombres tienen esto de sobra, pero hay que motivarlos y enseñarles sobre la importancia de la dignidad en el propio sustento. El espacio para cultivar no es algo problemático, se puede empezar en el balcón, en la terraza o en una pequeña parcela.
En el mismo huerto familiar como lo propone "Lula" da Silva; exige poca inversión e incluso no demasiada dedicación. No se busca que la huerta familiar se convierta en el sustento de la familia, pero sí que la misma se beneficie al reducir los gastos en la cesta de compras y en la posibilidad de contar con alimentos fresco y sanos durante todo el año.
En esto el Estado debería jugar un rol primordial y más aún en tiempos de crisis como el actual.
No es fácil entender cómo en una sociedad como la nuestra se pase hambre, ya que la misma dispone de clima y espacio para llevar adelante cualquier práctica agrícola; se debe comprender que de la agricultura parten la mayoría de los recursos básicos.
Para no fracasar
Sin embargo, se debe tener muy en claro que si no se quiere fracasar en el intento, toda huerta familiar o escolar debe ser muy bien planificada y sólo así se obtendrán resultados satisfactorios. Para ello será necesario conocer su ubicación y los condicionantes de su entorno, siendo también conveniente tener conocimientos básicos sobre el microclima local, la luz, los rigores del clima, las precipitaciones, el calendario hortícola, etc. Todo esto conviene conocerlo mínimamente si deseamos realizar una planificación acertada y en función de objetivos de producción.
La huerta familiar, escolar o comunitaria debe ser una creación humana y, consecuentemente, su desarrollo y evolución dependerá en gran medida de los conocimientos que tengan sus creadores. Para ello será necesario ayudarlas a través de los múltiples programas, para potenciar el desarrollo y el fortalecimiento de la población rural. El conocimiento se convierte en madre de sabiduría y lleva a que cualquier emprendimiento sea más fácil de llegar a buen puerto. Estamos frente a un gran desafío y no es tiempo de mirar hacia otro lado.














