04 Marzo 2005
Los productores agropecuarios deben tomar conciencia sobre la importancia que tienen el uso seguro y eficaz de los agroquímicos y sus máquinas aplicadoras en los montes frutales. Este fue el tema de la jornada técnica que se realizó en El Manantial, en las instalaciones que posee la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT. Dicho evento, que fue coordinado por el ingeniero Víctor Bertikián de la Cátedra de Maquinarias Agrícolas de la FAZ, tuvo como disertante principal al experto italiano Cesare De Zanche de la Universidad de Padova Italia, además de las ponencias que realizaron los ingenieros Ricardo Pace de la Cátedra de Terapéutica Vegetal de la FAZ y Emilio Huaier asesor privado.
El catedrático italiano puso especial énfasis en los cuidados que se deberán tener, previo a las aplicaciones de los plaguicidas, en temas de higiene y seguridad, en cuanto a la manipulación de los productos y en la utilización de maquinarias que estén en perfecto estado de mantenimiento. Lo que se persigue con esto es evitar, por un lado, los accidentes laborales protegiendo la vida de los operarios y, por el otro, controlar las aplicaciones para que causen el menor daño posible al ecosistema.
Pace, a su vez, dijo que existen diversos factores operacionales que pueden ser ajustados en el momento de efectuar tratamientos fitosanitarios, los cuales son determinantes de la eficacia de los mismos. Con esto nos referimos a una correcta selección y dosificación del plaguicida a utilizar, al momento oportuno de aplicación, a la calidad del agua empleada como vehículo y a la correcta dispersión del caldo plaguicida.
Otro factor importante son las condiciones ambientales, como la temperatura, la humedad relativa y la velocidad del viento.
Con respecto a la calidad del agua empleada como vehículo, debemos considerar la presencia de cationes calcio y/o magnesio que son determinantes de aguas duras, afectando las cualidades del ingrediente activo.
Eficiente control de las plagas y menores gastos
El ingeniero Ricardo Pace, docente de la Cátedra de Terapéutica Vegetal de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT, dijo que, "sobre la base de los estudios que estamos llevando a cabo podemos establecer que las pulverizaciones de bajo volumen -para el control de plagas y enfermedades en un monte frutal- son muy bien recomendadas, tanto por la elevada eficiencia en el control de las plagas como por los menores costos operativos que la misma conlleva".
Si bien es cierto que las aplicaciones dependen mucho del equipo pulverizador -aclaró-, mucho tienen que ver el momento oportuno de la aplicación, la selección del producto agroquímico utilizado y las condiciones climáticas reinantes al momento de la dispersión. "Descontando que el producto químico sea el indicado, un factor importante es el clima en donde la temperatura ideal de aplicación ronda los 25ºC, la velocidad del viento nunca deberá ser superior a los 10 km/hora y la humedad relativa en el orden del 60%", señaló.
Otro de los factores a tener en cuenta es la calidad del agua que se usará como vehículo de la dispersión. La misma no deberá presentar coloides que le quiten eficiencia al tratamiento.
"El agua si es del tipo "dura" es porque presenta soluciones de sodio o potasio que pueden interactuar con los principios activos de las drogas y quitarles eficiencia", explicó. "Ante esto, si existen agua duras se deberán usar tensioactivos no iónicos o agentes "quelantes", para anular las cargas eléctricas de los iones presentes en el agua", dijo.
Acidez
En cuanto al caldo, lo ideal es que el mismo tenga un pH entre 6 y 6,5, valores en los cuales el plaguicida alcanza su mejor eficiencia para controlar la plaga.
No obstante, al pH se lo podrá corregir con un ácido débil o diluido o con una sal que actúe como tampón.
Para comprender la importancia del pH, citamos el caso del "abamectin" cuyo pH ideal en la solución es de 6. Si en el medio el pH es de 8, la vida de la droga será de 1,5 día, y si el pH es de 7 la droga seguirá siendo eficiente a los 100 días.
Bajo volumen: una de las técnicas más eficientes para el control de plagas en un monte frutal pasa por la utilización de pulverizaciones a bajo volumen, lográndose obtener aplicaciones altamente eficientes, con un menor tiempo y costo operativo, sin pérdidas por escurrimiento y sin derivas por caída del producto en el suelo. Con esta técnica se llegará solo al punto de goteo, es decir, que el producto escurrirá sobre la superficie de la hoja hasta llegar a su ápice, sin caer al suelo, lográndose el objetivo buscado.
Para certificar un campo hay que cuidar el ecosistema
"La tendencia actual en el manejo de agroquímicos en todo el mundo pasa por el uso eficiente y seguro de los mismos, con personal altamente capacitado para desarrollar dichas tareas, con la utilización de equipos de dispersión de alta generación y autorizados por empresas certificadoras reconocidas en el mundo; además, recomendándose la utilización de las técnicas del bajo volumen", sostuvo para LA GACETA Rural el ingeniero Víctor Bertikián de la Cátedra de Maquinarias Agrícolas de la Facultad de Agronomía de la UNT.
Para poder certificar un campo y, sobre todo, una explotación frutal con Buenas Prácticas Agrícolas o EUREP GAP -dijo-, hace falta que se controlen las plagas y enfermedades respetando el medio ambiente, evitándose la deriva de productos químicos y brindándole una amplia protección a los aplicadores.
"Todo esto se puede lograr aplicando agroquímicos en bajo volumen, ya que ésta es una práctica altamente conservacionista", dijo. Bertikián explicó que los tradicionales equipos de aplicación de alto volumen provocan: a) una menor capacidad de trabajo en los campos; b) una menor eficiencia en las aplicaciones por deriva de los productos aplicados (escurrimiento); c) aplicaciones fuera de su momento justo, por la baja operatividad de las máquinas; d) un mayor gasto de agroquímicos y, e) un elevado gasto del vehículo de dispersión: agua de buena calidad.
"Todo estos problemas se solucionan con los tratamientos a bajo volumen", afirmó. "Si bien es cierto que el bajo volumen también tiene sus inconvenientes, como ser una mayor pérdida por deriva en caso de viento, una mayor dependencia del clima -ya que no se aplicar los productos con elevadas temperaturas-, o la incompatibilidad de utilizar polvos mojables, estos problemas son solucionables desde el punto de vista técnico", explicó.
"El bajo volumen nos da una mayor capacidad de trabajo, se gasta menos caldo, el plaguicida se altera menos y se logra una mayor permanencia del producto sobre el sustrato, al haber menos escurrimiento sobre la superficie del vegetal", finalizó Bertikián.
El catedrático italiano puso especial énfasis en los cuidados que se deberán tener, previo a las aplicaciones de los plaguicidas, en temas de higiene y seguridad, en cuanto a la manipulación de los productos y en la utilización de maquinarias que estén en perfecto estado de mantenimiento. Lo que se persigue con esto es evitar, por un lado, los accidentes laborales protegiendo la vida de los operarios y, por el otro, controlar las aplicaciones para que causen el menor daño posible al ecosistema.
Pace, a su vez, dijo que existen diversos factores operacionales que pueden ser ajustados en el momento de efectuar tratamientos fitosanitarios, los cuales son determinantes de la eficacia de los mismos. Con esto nos referimos a una correcta selección y dosificación del plaguicida a utilizar, al momento oportuno de aplicación, a la calidad del agua empleada como vehículo y a la correcta dispersión del caldo plaguicida.
Otro factor importante son las condiciones ambientales, como la temperatura, la humedad relativa y la velocidad del viento.
Con respecto a la calidad del agua empleada como vehículo, debemos considerar la presencia de cationes calcio y/o magnesio que son determinantes de aguas duras, afectando las cualidades del ingrediente activo.
Eficiente control de las plagas y menores gastos
El ingeniero Ricardo Pace, docente de la Cátedra de Terapéutica Vegetal de la Facultad de Agronomía y Zootecnia de la UNT, dijo que, "sobre la base de los estudios que estamos llevando a cabo podemos establecer que las pulverizaciones de bajo volumen -para el control de plagas y enfermedades en un monte frutal- son muy bien recomendadas, tanto por la elevada eficiencia en el control de las plagas como por los menores costos operativos que la misma conlleva".
Si bien es cierto que las aplicaciones dependen mucho del equipo pulverizador -aclaró-, mucho tienen que ver el momento oportuno de la aplicación, la selección del producto agroquímico utilizado y las condiciones climáticas reinantes al momento de la dispersión. "Descontando que el producto químico sea el indicado, un factor importante es el clima en donde la temperatura ideal de aplicación ronda los 25ºC, la velocidad del viento nunca deberá ser superior a los 10 km/hora y la humedad relativa en el orden del 60%", señaló.
Otro de los factores a tener en cuenta es la calidad del agua que se usará como vehículo de la dispersión. La misma no deberá presentar coloides que le quiten eficiencia al tratamiento.
"El agua si es del tipo "dura" es porque presenta soluciones de sodio o potasio que pueden interactuar con los principios activos de las drogas y quitarles eficiencia", explicó. "Ante esto, si existen agua duras se deberán usar tensioactivos no iónicos o agentes "quelantes", para anular las cargas eléctricas de los iones presentes en el agua", dijo.
Acidez
En cuanto al caldo, lo ideal es que el mismo tenga un pH entre 6 y 6,5, valores en los cuales el plaguicida alcanza su mejor eficiencia para controlar la plaga.
No obstante, al pH se lo podrá corregir con un ácido débil o diluido o con una sal que actúe como tampón.
Para comprender la importancia del pH, citamos el caso del "abamectin" cuyo pH ideal en la solución es de 6. Si en el medio el pH es de 8, la vida de la droga será de 1,5 día, y si el pH es de 7 la droga seguirá siendo eficiente a los 100 días.
Bajo volumen: una de las técnicas más eficientes para el control de plagas en un monte frutal pasa por la utilización de pulverizaciones a bajo volumen, lográndose obtener aplicaciones altamente eficientes, con un menor tiempo y costo operativo, sin pérdidas por escurrimiento y sin derivas por caída del producto en el suelo. Con esta técnica se llegará solo al punto de goteo, es decir, que el producto escurrirá sobre la superficie de la hoja hasta llegar a su ápice, sin caer al suelo, lográndose el objetivo buscado.
Para certificar un campo hay que cuidar el ecosistema
"La tendencia actual en el manejo de agroquímicos en todo el mundo pasa por el uso eficiente y seguro de los mismos, con personal altamente capacitado para desarrollar dichas tareas, con la utilización de equipos de dispersión de alta generación y autorizados por empresas certificadoras reconocidas en el mundo; además, recomendándose la utilización de las técnicas del bajo volumen", sostuvo para LA GACETA Rural el ingeniero Víctor Bertikián de la Cátedra de Maquinarias Agrícolas de la Facultad de Agronomía de la UNT.
Para poder certificar un campo y, sobre todo, una explotación frutal con Buenas Prácticas Agrícolas o EUREP GAP -dijo-, hace falta que se controlen las plagas y enfermedades respetando el medio ambiente, evitándose la deriva de productos químicos y brindándole una amplia protección a los aplicadores.
"Todo esto se puede lograr aplicando agroquímicos en bajo volumen, ya que ésta es una práctica altamente conservacionista", dijo. Bertikián explicó que los tradicionales equipos de aplicación de alto volumen provocan: a) una menor capacidad de trabajo en los campos; b) una menor eficiencia en las aplicaciones por deriva de los productos aplicados (escurrimiento); c) aplicaciones fuera de su momento justo, por la baja operatividad de las máquinas; d) un mayor gasto de agroquímicos y, e) un elevado gasto del vehículo de dispersión: agua de buena calidad.
"Todo estos problemas se solucionan con los tratamientos a bajo volumen", afirmó. "Si bien es cierto que el bajo volumen también tiene sus inconvenientes, como ser una mayor pérdida por deriva en caso de viento, una mayor dependencia del clima -ya que no se aplicar los productos con elevadas temperaturas-, o la incompatibilidad de utilizar polvos mojables, estos problemas son solucionables desde el punto de vista técnico", explicó.
"El bajo volumen nos da una mayor capacidad de trabajo, se gasta menos caldo, el plaguicida se altera menos y se logra una mayor permanencia del producto sobre el sustrato, al haber menos escurrimiento sobre la superficie del vegetal", finalizó Bertikián.




















