Tucumán debe proteger su medio ambiente

Es preocupante la contaminación del aire, del agua, del suelo y la degradación de los recursos forestales. Falta un plan para generar conciencia.

02 Septiembre 2005
En los últimos años, todo lo que tiene relación con el cuidado del medio ambiente despierta un interés que era inusitado décadas atrás y esto se entiende porque el Tucumán de nuestros padres y abuelos era mucho menos industrializado y mucho menos poblado que el actual. Quizás también porque no existían tantos desechos propios de las sociedades de consumo que, sin darse cuenta, buscan vivir bien en el corto plazo sin importarles que es lo que quedará del medio ambiente para las futuras generaciones.
Según se trate de la contaminación de las aguas o de la atmósfera; del incendio o devastación de nuestros bosques; de la escasez de recursos energéticos o vitales como el agua y de la degradación de los ecosistemas en general, la conciencia ciudadana deberá despertar cuanto antes a la problemática ambiental. Y no es sólo preocuparse por la salud humana actual, amenazada por la contaminación ambiental, química o radioactiva lo que deberá mover el interés general, sino una real preocupación por la salud de las futuras generaciones. Los desechos que gran parte de las industrias tucumanas arrojan desaprensivamente a los cauces de los ríos, sin importarles la salud de nadie, forman parte de un Tucumán que preocupa por su situación peligrosa de contaminación ambiental e hipotecan su futuro como región productora de alimentos exportables. En este sentido, no hay que olvidar los líquidos cloacales que son vertidos "en crudo", sin el tratamiento depurador -deberían hacerlo las autoridades provinciales o municipales- sobre el cauce de los principales ríos de la provincia y los desechos urbanos que son arrojados por los municipios en vaciaderos clandestinos.
Es necesario que en forma urgente se tomen en Tucumán las acciones necesarias para revertir esta dramática situación, que sólo vasta palparla cuando se ingresa a la provincia por cualquiera de los cuatro puntos cardinales. Las autoridades provinciales deben resolver cuanto antes los problemas domésticos que nos agobian a quienes habitamos esta porción del territorio nacional, articulando políticas como las que ya se aplican en otras regiones del mundo, como el reciclado adecuado de la basura; la obligación de sancionar a quienes no depuran los efluentes industriales y/o urbanos; hacer cumplir las políticas tendientes a motorizar una verdadera repoblación forestal en los devastados bosques provinciales; la protección de los espacios naturales amenazados por ocupaciones ilegales o la efectiva sanción hacia aquellos productores que queman en forma irresponsable los cañaverales.
El daño actual, realizado por el hombre sobre el medio ambiente (flora y fauna) que nos rodea es imperdonable. La mayoría son irreversibles. De manera que urge la implementación de un programa de educación ambiental destinado a generar conciencia sobre el tema entre la gente. Pero esa educación ambiental debe nacer como una respuesta educativa por parte de las autoridades y de la sociedad para solucionar los conflictos ambientales que ellos mismos provocaron y evitar así que se agudicen los problemas. Caso contrario, no tendrán solución.
Es necesario que la gente sepa a ciencia cierta porqué se debe preservar el medio ambiente y no degradarlo, y que asuma actitudes y comportamiento que le permitan seguir usandolo como un medio de producción y sustentabilidad.
Lamentablemente, las áreas más ricas en flora y en fauna en la provincia -las más importantes por sus excelentes condiciones climas-, están siendo destruidas por los tucumanos a un ritmo acelerado, y esto es lo que hay que revertir. Ningún ambiente contaminado es sustentable y sin sustentabilidad no hay un futuro productivo para esta región.
Por lo tanto, si es que queremos convertir a Tucumán en un polo productivo de agro alimentos y en un centro generador de actividades económicas rentables con ocupación plena de mano de obra, será necesario revertir los sistemas destructivos que estamos potenciando sin darnos cuenta. Si no entendemos esto, nuestro futuro estará hipotecado para las próximas generaciones.

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