Debe respetarse el límite de residuos de plaguicidas

Panorama rural por Ernesto José Caram. Es fuerte la presión de las organizaciones de consumidores europeos sobre los controles de toxicidad en frutas.

23 Septiembre 2005
La fuerte presión de las organizaciones de consumidores de la Unión Europea llevó a que desde Bruselas (sede de ese ente rector dentro del mercado), se intervenga cada vez más en el uso de plaguicidas, sus momentos de aplicación y el control de los residuos. De esta intervención surgieron algunas pautas que están obligando a los países productores y exportadores de frutos frescos a trazar nuevas estrategias en el manejo de las plagas y enfermedades en los montes frutales. Y este tema viene bien abordarlo en momentos en que la mayoría de los productores citrícolas tucumanos están preparando sus maquinarias para iniciar los tradicionales tratamientos fitosanitarios de primavera.
Esta situación obligó a los productores citrícolas a replantear las prácticas culturales con la elaboración de nuevas propuestas de manejo tendientes a reducir el uso de plaguicidas y la contaminación de las aguas o en determinadas zonas protegidas.
También a prohibir los tratamientos aéreos; a notificar sobre daños a personas, a fomentar determinadas líneas de manejo, etc.
En este sentido, la norma europea pretende disminuir el riesgo para la salud y el medio ambiente; mejorar los controles sobre el uso y distribución de plaguicidas; reducir las materias activas nocivas, sustituyendo las más peligrosas por alternativas más seguras, incluidas las no químicas; fomentar prácticas agrícolas con un uso reducido o nulo de plaguicidas, etc.
Los residuos originados en el campo dependen básicamente de dos factores: el primero es la cantidad de plaguicidas depositados con la aplicación y, el otro, de la disminución progresiva de ese depósito hasta la cosecha de la fruta.
El depósito de los plaguicidas sobre la fruta depende de varios factores, como la dosis aplicada, la naturaleza química de este; el tipo de formulación y de aplicación; la naturaleza del vegetal; el tamaño de la fruta, etc.
También existen residuos por tratamientos postrecolección y son los que suelen recibir la fruta con fungicidas para asegurar su conservación durante su comercialización.
Cualquiera sea el origen de los residuos -campo o empaque-, en los frutos cítricos es particularmente insidioso debido a que por el carácter lipófilo de la mayor parte de las moléculas que se utilizan como plaguicidas, las sustancias penetran con facilidad en las celdillas de aceites esenciales que tapizan la corteza de los frutos cítricos y quedan allí bloqueadas y retenidas.
Meses después de la aplicación de plaguicidas, aunque se apliquen cuando el fruto es pequeño, aún se detectan residuos que difícilmente desaparecen. Por ejemplo: los tratamientos de primavera, contra cochinillas diaspinas, dejan residuos detectables en el momento de la cosecha durante el otoño. En el caso de los fungicidas postcosecha, son seis los armonizados en toda la Unión Europea y su LMRs es de: Imazalil (5 ppm); Tiabendazol (5 ppm); Ortofenilfenol (12 ppm); Metil-tiofanato (5 ppm); Miclobutanil (3 ppm); Procloraz (10 ppm). El Dicloran, el Fosetil-Al y la Guazatina no están armonizados y tienen LMRs muy dispares en el ámbito de la UE.
Los problemas de residuos en frutos cítricos son perfectamente evitables si se tienen en cuenta algunas consideraciones:
Efectuar los tratamientos estrictamente necesarios; evitar los de rutina. En el caso de insecticidas usarlos sólo en estados de máxima sensibilidad de la plaga. En el caso de fungicidas hacerlo en forma preventiva sólo cuando las condiciones climáticas favorezcan el desarrollo de los patógenos.
Elegir los mejores plaguicidas en cuanto a costos, eficacia y persistencia. Conviene alternar materias activas para evitar efectos acumulativos de los residuos en los aceites esenciales.
No superar las dosis recomendadas por el fabricante, tanto a campo como en empaques.
Pulverizar procurando un reparto regular y homogéneo del plaguicida para evitar acumulación de depósitos en determinadas partes del árbol o que falte protección en otras áreas.
El momento de aplicación debe ser el de máxima sensibilidad de la plaga o de condiciones climáticas favorables para la enfermedad, pero separados en el tiempo de la recolección.

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