Tucumán y el NOA necesitan de un plan diseñado a su medida

Por Daniel Arturo Vaca, redacción LA GACETA. Funcionarios provinciales reclamaron, a la Nación, la aplicación de programas de promoción, de rebajas impositivas, de créditos y de obras de infraestructura.

30 Junio 2006

Funcionarios nacionales y representantes de los gobiernos provinciales analizaron la semana pasada en Buenos Aires, los lineamientos que definen el programa "Cambio Ganadero" elaborado por el Gobierno federal. El plan preve una inversión superior a los $ 800 millones en los próximos cuatro años, que se destinará al desarrollo de la cadena de ganados y carnes.
La iniciativa fue bien recibida por los ministros de la producción de las provincias -o por sus delegados- que accedieron al convite nacional, no sin antes plantear una serie de inquietudes respecto de los alcances del programa y sobre las realidades que presenta la ganadería en cada provincia y en cada región, por ejemplo en el Noroeste Argentino (NOA). Temas como comercialización, carga impositiva, créditos e inversiones, asesoramiento técnico y obras de infraestructura, fueron algunos de los problemas que advirtieron los hombres de campo.
Los voceros nacionales sostuvieron la idea de que la única manera de desarrollar la ganadería argentina es a través del trabajo conjunto y de la sinergia público-privada, que permitirá afrontar los desafíos futuros.
Sobre esa base podemos decir que la iniciativa es positiva y es bienvenida. Pero los productores ganaderos de Tucumán y de las provincias vecinas, son conscientes de que hasta a las mejores intenciones se las lleva el viento y que, sólo los hechos, miden el resultado de las políticas.
Está bien que la Nación proponga llevar adelante este programa apoyada en la necesidad de aumentar la cantidad de ganado en pie, para recién diseñar una equilibrada ecuación consumo interno-exportación. Pero las políticas nacionales ganaderas deben tener, inexcusablemente, su correlato regional, porque no es lo mismo impulsar en la región central del país -tradicionalmente ganadera- aumentar el número de cabezas de ganado, que pregonar la misma idea para las provincias del NOA.
Los ganaderos de Tucumán y de las provincias vecinas de la región deberían gozar, en este contexto, de ventajas impositivas que promuevan la incorporación de tierras improductivas o que promocionen el desarrollo de la ganadería de engorde.
Es tiempo de que las autoridades nacionales tomen conciencia de que nuestra provincia y sus similares del NOA tienen que desarrollar su ganadería.

La estrategia
Para eso, deberían delinearse políticas especiales de promoción, donde el interés no sólo provenga de los agricultores o de los propietarios de terrenos vírgenes, sino del Gobierno nacional y, fundamentalmente, del Poder Ejecutivo local.
Nuestra provincia no tiene mucha superficie improductiva para volcarla a nuevas actividades agrícolas, pero sí cuenta con la infraestructura y con la experiencia suficientes como para transformarse en un gran centro faenador de carne. En cambio, Santiago del Estero, Salta y Jujuy pueden destinar muchas hectáreas a la ganadería.
La transformación de maíz en carne debe ser el objetivo, porque las provincias del NOA están demostrando que saben hacerlo.
Además, no sólo se solucionaría el problema que significa la explotación de la soja como monocultivo y la absorción de nutrientes que obtiene del suelo, para lo cual la rotación con maíz es la mejor alternativa. Sino que las provincias reducirían los altos costos y la gran fuga de dinero que significa tener que comprar, fuera de su territorio, la carne para consumo interno.
Está demostrado que la sinergia público-privada es positiva y que existe.
Los políticos tienen en sus manos los mecanismos que permitirán que Tucumán desarrolle su perfil ganadero.
Es tiempo de acercar al campo, que tanto hace por la economía provincial y nacional, los medios que ayuden a su crecimiento sostenido y sustentable.

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