07 Julio 2006
En el NOA, hay que darle más oportunidades al cultivo de maíz
Panorama rural por
Por Gustavo Frías Silva, sección Rural. La rotación de la gramínea con la soja, en superficies no menores al 20%, está considerada como ideal para mantener la sustentabilidad del sistema.
La producción de los diferentes cultivos de granos en Tucumán y en la región NOA tiene una particular importancia productiva, economica y social.
Esta actividad se desarrolla en toda la región y en gran medida la mayor superficie se destina a la soja como cultivo estival, y al trigo como cultivo de invierno.
Los productores de grano tucumanos destinaron unas 250.000 hectáreas a la siembra de soja y unas 200.000 hectáreas para el trigo, según la información de diferentes estimaciones que se puedo obtener de diferentes instituciones de investigación, de asociaciones de productores y de técnicos, durante la campaña 2005-2006 de la oleaginosa y la campaña 2006 del cereal invernal.
En general, la soja en los últimos años fue un cultivo con buenos retornos económicos para el productor, por lo que se lleva todos los pergaminos. El trigo, en tanto, hace lo suyo en algunas zonas donde los contenidos de humedad de los suelos favorecieron su crecimiento y desarrollo. Esto le otorgó alguna rentabilidad al productor y, además, le aportó a una cobertura invernal.
En cuanto a la producción de maíz, como un cultivo alternativo, es poco lo que se hace, debido principalmente a los bajos valores de rentabilidad que se obtiene en una rotación con la soja. De todas maneras, se ven algunos lotes sembrados en la región, que contribuyen a mejorar los suelos con un adecuado manejo en la rotación soja-trigo-maíz.
Diferentes publicaciones y técnicos especializados en el tema afirman que lo ideal es mantener un nivel de rotación en todos los sistemas productivos del NOA, en un porcentaje algo mayor al 20% de la superficie total cultivada durante el verano.
Si analizamos las siembras realizadas en los últimos años sobre las intenciones de siembra, aún se esta algo distante de esos valores.
Por ello es fundamental trabajar sobre el sector para que aumenten las intenciones de siembra de esta gramínea en los campos del NOA, y por suerte ya se trabaja fuertemente en ellos desde diversas intituciones técnicas de la región.
Cabe comentar en esta columna la elaboración de un proyecto vinculado al cultivo del maíz realizada por la comisión de ciencia y tecnología de la fundación Maizar, denominado "Bases Ecofisiológicas para el manejo del cultivo de maíz en el norte argentino", que fue publicado recientemente en el cuadernillo clásico de maíz, de la revista "Agromercado".
En ese proyecto se propone identificar y aportar recursos humanos y técnicos, colaborar en la coordinación de una red de trabajo y en la formación de recursos humanos, así como en el trabajo en diferentes comiciones vinculadas al manejo, ecofisiología, protección vegetal, nutrición y la importancia del maíz en la rotación de cultivo. Además, se da a conocer toda la cadena de valor del cultivo.
Esta buena propuesta tendría que ser apoyada desde todos los ámbitos vinculados con la cadena productiva regional, a los fines de fomentar y generar conciencia suficiente sobre la importancia de desarrollar alternativas productivas sustentables en el tiempo.
Esta actividad se desarrolla en toda la región y en gran medida la mayor superficie se destina a la soja como cultivo estival, y al trigo como cultivo de invierno.
Los productores de grano tucumanos destinaron unas 250.000 hectáreas a la siembra de soja y unas 200.000 hectáreas para el trigo, según la información de diferentes estimaciones que se puedo obtener de diferentes instituciones de investigación, de asociaciones de productores y de técnicos, durante la campaña 2005-2006 de la oleaginosa y la campaña 2006 del cereal invernal.
En general, la soja en los últimos años fue un cultivo con buenos retornos económicos para el productor, por lo que se lleva todos los pergaminos. El trigo, en tanto, hace lo suyo en algunas zonas donde los contenidos de humedad de los suelos favorecieron su crecimiento y desarrollo. Esto le otorgó alguna rentabilidad al productor y, además, le aportó a una cobertura invernal.
En cuanto a la producción de maíz, como un cultivo alternativo, es poco lo que se hace, debido principalmente a los bajos valores de rentabilidad que se obtiene en una rotación con la soja. De todas maneras, se ven algunos lotes sembrados en la región, que contribuyen a mejorar los suelos con un adecuado manejo en la rotación soja-trigo-maíz.
Diferentes publicaciones y técnicos especializados en el tema afirman que lo ideal es mantener un nivel de rotación en todos los sistemas productivos del NOA, en un porcentaje algo mayor al 20% de la superficie total cultivada durante el verano.
Si analizamos las siembras realizadas en los últimos años sobre las intenciones de siembra, aún se esta algo distante de esos valores.
Por ello es fundamental trabajar sobre el sector para que aumenten las intenciones de siembra de esta gramínea en los campos del NOA, y por suerte ya se trabaja fuertemente en ellos desde diversas intituciones técnicas de la región.
Cabe comentar en esta columna la elaboración de un proyecto vinculado al cultivo del maíz realizada por la comisión de ciencia y tecnología de la fundación Maizar, denominado "Bases Ecofisiológicas para el manejo del cultivo de maíz en el norte argentino", que fue publicado recientemente en el cuadernillo clásico de maíz, de la revista "Agromercado".
En ese proyecto se propone identificar y aportar recursos humanos y técnicos, colaborar en la coordinación de una red de trabajo y en la formación de recursos humanos, así como en el trabajo en diferentes comiciones vinculadas al manejo, ecofisiología, protección vegetal, nutrición y la importancia del maíz en la rotación de cultivo. Además, se da a conocer toda la cadena de valor del cultivo.
Esta buena propuesta tendría que ser apoyada desde todos los ámbitos vinculados con la cadena productiva regional, a los fines de fomentar y generar conciencia suficiente sobre la importancia de desarrollar alternativas productivas sustentables en el tiempo.
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