18 Agosto 2006
Hay que planificar las futuras campañas sojeras en Tucumán, rotándolas con maíz
Reporte rural por Gustavo Frías Silva, sección rural. Los vicios del monocultivo se sienten en los suelos, en el corto plazo. Al menos un 20% de la superficie sembrada debe ser destinada a rotar con gramíneas estivales.
El comienzo de una nueva campaña gruesa en la región no es una novedad, ya que a la fecha se está planificando lotes a sembrar y arreglando diferentes arriendos, cuando el trigo está ya en su etapa de floración. Esto se da así, porque la soja sigue siendo la vedette del momento frente a otro cultivo grueso, como el maíz.
La soja, en el país y en Tucumán, tuvo un fortísimo crecimiento, tanto en superficie como en rendimiento por hectárea. Esta situación se podría repetir en la próxima campaña, siempre y cuando las condiciones agrometeorológicas acompañen al cultivo. Las últimas condiciones favorecieron la cobertura de la mitad del área agrícola del país con esta oleaginosa. En Tucumán, superó el umbral de las 280.000 hectáreas sembradas.
El crecimiento fue muy fuerte, y no sólo en desmedro del maíz, sino de otras actividades como la ganadera, por la rentabilidad pareja y muy conveniente que se dio en la última década.
No hay dudas de que esa rentabilidad y la simplicidad del cultivo -ayudado por la rápida incorporación de tecnología, un adecuado manejo y adaptación del agricultor a las nuevas técnicas-, hicieron que la soja se incorpore rápidamente al sistema productivo del productor argentino y tucumano.
En este afán, el uso de una herramienta como la siembra directa fue rápidamente asimilada; también la adopción de semillas transgénicas resistentes al glifosato y por ende un sencillo control de malezas que compiten con el cultivo, hizo que el cultivo se incorpore en el corto plazo, pero sobre todo ayudó a que el uso de esta innovación incida en la baja de los costos de implantación. A esto deben sumarse los excelentes precios internacionales del grano de soja y de sus derivados, que actuaron favoreciendo la tendencia.
Todo hizo que el cultivo de soja en el país, en la región y en la provincia aumente y que no se cumpla con las rotaciones de maíz o de sorgo para evitar los vicios que trae aparejado el monocultivo.
En Tucumán, durante la campaña pasada, el maíz apenas alcanzó el 10% de la oleaginosa, cuando los técnicos opinan que por lo menos se debe manejar un 20% de los suelos con gramíneas estivales para obtener los beneficios de tener como predecesor de soja a un cereal estival.
Por suerte, el maíz sembrado en la provincia durante la campaña pasada arrojó buenos rendimientos y calidad de grano, a la vez que los precios mejoraron. Además, el productor que está cumpliendo con las rotaciones ve con buenos ojos los resultados que se obtienen en los lotes rotados. Paralelamente, se interioriza sobre los costos ocultos que trae consigo el monocultivo de soja, en lo que respecta al deterioro que sufre el suelo y los gastos en que se debe incurrir para el control de plagas y enfermedades que aparecen con el monocultivo, como las malezas resistentes al glifosato.
Actualmente, los productores están a tiempo para ver sus beneficios y trabajar bien con los números para lograr que la rotación con maíz sea una realidad.
La soja, en el país y en Tucumán, tuvo un fortísimo crecimiento, tanto en superficie como en rendimiento por hectárea. Esta situación se podría repetir en la próxima campaña, siempre y cuando las condiciones agrometeorológicas acompañen al cultivo. Las últimas condiciones favorecieron la cobertura de la mitad del área agrícola del país con esta oleaginosa. En Tucumán, superó el umbral de las 280.000 hectáreas sembradas.
El crecimiento fue muy fuerte, y no sólo en desmedro del maíz, sino de otras actividades como la ganadera, por la rentabilidad pareja y muy conveniente que se dio en la última década.
No hay dudas de que esa rentabilidad y la simplicidad del cultivo -ayudado por la rápida incorporación de tecnología, un adecuado manejo y adaptación del agricultor a las nuevas técnicas-, hicieron que la soja se incorpore rápidamente al sistema productivo del productor argentino y tucumano.
En este afán, el uso de una herramienta como la siembra directa fue rápidamente asimilada; también la adopción de semillas transgénicas resistentes al glifosato y por ende un sencillo control de malezas que compiten con el cultivo, hizo que el cultivo se incorpore en el corto plazo, pero sobre todo ayudó a que el uso de esta innovación incida en la baja de los costos de implantación. A esto deben sumarse los excelentes precios internacionales del grano de soja y de sus derivados, que actuaron favoreciendo la tendencia.
Todo hizo que el cultivo de soja en el país, en la región y en la provincia aumente y que no se cumpla con las rotaciones de maíz o de sorgo para evitar los vicios que trae aparejado el monocultivo.
En Tucumán, durante la campaña pasada, el maíz apenas alcanzó el 10% de la oleaginosa, cuando los técnicos opinan que por lo menos se debe manejar un 20% de los suelos con gramíneas estivales para obtener los beneficios de tener como predecesor de soja a un cereal estival.
Por suerte, el maíz sembrado en la provincia durante la campaña pasada arrojó buenos rendimientos y calidad de grano, a la vez que los precios mejoraron. Además, el productor que está cumpliendo con las rotaciones ve con buenos ojos los resultados que se obtienen en los lotes rotados. Paralelamente, se interioriza sobre los costos ocultos que trae consigo el monocultivo de soja, en lo que respecta al deterioro que sufre el suelo y los gastos en que se debe incurrir para el control de plagas y enfermedades que aparecen con el monocultivo, como las malezas resistentes al glifosato.
Actualmente, los productores están a tiempo para ver sus beneficios y trabajar bien con los números para lograr que la rotación con maíz sea una realidad.


















