25 Agosto 2006
La Ronda de Doha terminó en fracaso y no hay acuerdo para liberar el comercio internacional
Reporte rural por Ernesto José Caram, sección rural. Críticas a la incapacidad negociadora de las grandes potencias. La principal confrontación fue protagonizada por los Estados Unidos y por la Unión Europea.
Las profundas divergencias en materia agrícola que existen entre los principales países productores de alimentos del mundo llevó a la suspensión de las negociaciones tendientes a liberalizar el comercio mundial de alimentos. En el horizonte no existe una fecha para reanudar las discusiones y este fracaso sumió a la Ronda de Doha en una crisis profunda, con repercusiones para la economía global.
El director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, sostuvo que la situación creada ante la incapacidad negociadora de las grandes potencias comerciales es muy seria. De esta manera, se puede afirmar que la OMC se encuentra en un punto muerto por la falta de acuerdo entre Europa y EEUU para la liberalización global del comercio. El sólido bloque de los países europeos no está dispuesto a disminuir los aranceles proteccionistas de sus mercados. En estos países hay una fuerte presión de las asociaciones de productores en busca de un mayor proteccionismo y la instalación de barreras más estrictas al ingreso de materias primas y productos elaborados provenientes de países en desarrollo.
Por otro lado se encuentra otro sector fuerte, EEUU, que defiende los intereses de los productores que no quieren renunciar al modelo de agricultura subvencionada. Y es que precisamente en EEUU saben que la única manera de mantener al campo competitivo y a las familias en el mismo campo es a través de los subsidios y también creando condiciones de bienestar en el hombre de campo para que siga haciendo lo que más sabe: producir.
Los principales actores de la negociación se mantuvieron inflexibles en sus posturas en materia agrícola y eso llevó a que EEUU, la UE, Brasil, India, Australia y Japón, conocidos como el Grupo de los Seis (G-6), rompieran las negociaciones, ante la imposibilidad de lograr un acuerdo.
La Ronda de Doha, que se lanzó en noviembre de 2001 y pretendía concluirse a finales de 2004, tenía el propósito de alcanzar acuerdos que, entre otros asuntos, apunten a la liberalización del comercio agrícola, flexibilizar el ingreso a los mercados, bajar los aranceles a las importaciones, reducir los subsidios a la producción y promover más oportunidades para los países en desarrollo productores de commodities. Su objetivo, sobre el que todos los países dijeron mantener su compromiso, es que los beneficios de esa liberalización tengan repercusión positiva en los países menos avanzados.
Economistas especializados del Banco Mundial evaluaron en U$S 100.000 millones anuales los beneficios que, para la economía global, podría tener un resultado positivo de Doha. El comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, responsabilizó a Washington de la crisis e insistió en que los 25 países miembros de la UE no abandonarían el proceso negociador; también propuso fórmulas para rescatar algunos elementos vinculados con acuerdos multilaterales, como el de dar ayuda para el Desarrollo, lo que permitiría a los países menos avanzados el acceso a los mercados de los más ricos, libres de aranceles. Por su parte, EEUU, atribuyó ese resultado adverso a la inflexibilidad de varios socios y apostó ahora por más acuerdos bilaterales.
Mientras, la Argentina vive en un escenario político de gran presión fiscal sobre el agro. Totalmente diferente al de la mayoría del G-6, ya que estos reciben incentivos por parte de sus gobiernos para producir en un ambiente de agricultura subsidiada y así seguir siendo competitivos y mantener viva la herramienta estratégica que los hace menos vulnerables ante potenciales crisis mundiales de falta de alimentos.
El director de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Pascal Lamy, sostuvo que la situación creada ante la incapacidad negociadora de las grandes potencias comerciales es muy seria. De esta manera, se puede afirmar que la OMC se encuentra en un punto muerto por la falta de acuerdo entre Europa y EEUU para la liberalización global del comercio. El sólido bloque de los países europeos no está dispuesto a disminuir los aranceles proteccionistas de sus mercados. En estos países hay una fuerte presión de las asociaciones de productores en busca de un mayor proteccionismo y la instalación de barreras más estrictas al ingreso de materias primas y productos elaborados provenientes de países en desarrollo.
Por otro lado se encuentra otro sector fuerte, EEUU, que defiende los intereses de los productores que no quieren renunciar al modelo de agricultura subvencionada. Y es que precisamente en EEUU saben que la única manera de mantener al campo competitivo y a las familias en el mismo campo es a través de los subsidios y también creando condiciones de bienestar en el hombre de campo para que siga haciendo lo que más sabe: producir.
Los principales actores de la negociación se mantuvieron inflexibles en sus posturas en materia agrícola y eso llevó a que EEUU, la UE, Brasil, India, Australia y Japón, conocidos como el Grupo de los Seis (G-6), rompieran las negociaciones, ante la imposibilidad de lograr un acuerdo.
La Ronda de Doha, que se lanzó en noviembre de 2001 y pretendía concluirse a finales de 2004, tenía el propósito de alcanzar acuerdos que, entre otros asuntos, apunten a la liberalización del comercio agrícola, flexibilizar el ingreso a los mercados, bajar los aranceles a las importaciones, reducir los subsidios a la producción y promover más oportunidades para los países en desarrollo productores de commodities. Su objetivo, sobre el que todos los países dijeron mantener su compromiso, es que los beneficios de esa liberalización tengan repercusión positiva en los países menos avanzados.
Economistas especializados del Banco Mundial evaluaron en U$S 100.000 millones anuales los beneficios que, para la economía global, podría tener un resultado positivo de Doha. El comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, responsabilizó a Washington de la crisis e insistió en que los 25 países miembros de la UE no abandonarían el proceso negociador; también propuso fórmulas para rescatar algunos elementos vinculados con acuerdos multilaterales, como el de dar ayuda para el Desarrollo, lo que permitiría a los países menos avanzados el acceso a los mercados de los más ricos, libres de aranceles. Por su parte, EEUU, atribuyó ese resultado adverso a la inflexibilidad de varios socios y apostó ahora por más acuerdos bilaterales.
Mientras, la Argentina vive en un escenario político de gran presión fiscal sobre el agro. Totalmente diferente al de la mayoría del G-6, ya que estos reciben incentivos por parte de sus gobiernos para producir en un ambiente de agricultura subsidiada y así seguir siendo competitivos y mantener viva la herramienta estratégica que los hace menos vulnerables ante potenciales crisis mundiales de falta de alimentos.


















