25 Agosto 2006
El riego con vinazas es una técnica difundida y aplicada con éxito en muchos países azucareros. Brasil es un ejemplo de ello y, en el ámbito provincial, la Estación Experimental Agrondustrial Obispo Colombres (EEAOC) realizó importantes experiencias tendientes a resolver el problema de este efluente, utilizándolo en forma diluida en el agua de riego, señaló a LA GACETA Rural el agrónomo Roberto Figueroa, especialista en suelos y miembro del directorio del ingenio Santa Bárbara.
Este tipo de aplicación en el área productora de azúcar de Tucumán está condicionada fuertemente por aspectos agroecológicos, que son muy importantes y limitan su uso, explicó Figueroa. En primer término debe tenerse presente que aproximadamente un 8 % del área plantada con caña de azúcar está ubicada dentro de lo que se conoce como llanura deprimida, la cual tiene condiciones de drenaje impedido por presentar una napa freática próxima a la superficie del suelo. "El nivel de esta napa freática varía a lo largo del año. Alcanza su máxima profundidad entre fines de octubre y los primeros días de noviembre y se mantiene muy alta desde fines de enero a principios de mayo", apuntó el experto.
Durante esta época se la puede encontrar a menos de un metro de la superficie del suelo en amplios sectores dentro de la llanura deprimida. Esta situación se agrava luego de las lluvias que ocurren en este período.
"Las fábricas azucareras que cuentan con destilería comienzan la producción continua de alcohol casi simultáneamente con la molienda, es decir a fines de mayo y comienzos de junio. Desde ese momento y hasta fines de julio o mediados de agosto -depende de las características climáticas del verano y otoño anteriores-, la napa freática se mantiene alta a pesar de las escasas de lluvias, pues el consumo de agua por parte del cañaveral es muy bajo", remarcó Figueroa.
Durante ese período, el riego de los cañaverales aún no cosechados no respondería a necesidades de agua del cultivo, agravaría los problemas de drenaje y causaría dificultades muy difíciles de sortear en las operaciones de cosecha y transporte, advirtió.
En este caso, el riego produciría la elevación artificial de la freática, lo que impediría la entrada de cosechadoras y de elementos de transporte a los lotes por períodos considerables.
"El riego en los lotes ya cosechados tampoco respondería a necesidades de agua de la caña de azúcar, pues las temperaturas del suelo y del aire se mantienen bajas y la brotación de la caña se desarrolla muy lentamente. Mas aún, en muchos inviernos los brotes nuevos se ven malogrados por efectos de las heladas", apuntó el especialista.
Desde septiembre a noviembre, la caña crece en forma sostenida. Las lluvias no alcanzan a satisfacer los requerimientos de agua en muchos años y el riego con vinazas diluídas puede traducirse en aumentos importantes en la producción, siempre y cuando se respeten los lineamientos establecidos por la EEAOC y otras instituciones que han trabajado en este tema.
"En términos generales, a partir de diciembre las lluvias satisfacen en gran medida o completamente los requerimientos de agua de la caña de azúcar, y las necesidades de riego se circunscriben a períodos con bajas precipitaciones que ocurren en forma aleatoria", indicó Figueroa.
"Estas condiciones son las que han frustrado parcialmente el esfuerzo de la actividad azucarera que se desarrolla en la llanura deprimida, en lugar de usar provechosamente el agua de riego como vehículo de las vinazas y amortiguar su impacto ambiental", concluyó.
En la provincia existen numerosas empresas que adhirieron al programa provincial de producción limpia, entre ellas, la mayoría de los ingenios azucareros. El objetivo del programa es disminuir la cantidad de efluentes líquidos y sólidos que genera la producción agroindustrial, para frenar los elevados niveles de contaminación existentes en los ríos de la provincia. La utilización de la vinaza diluida con agua para el riego es una práctica que tendría que seguir investigándose en el ámbito local.
Este tipo de aplicación en el área productora de azúcar de Tucumán está condicionada fuertemente por aspectos agroecológicos, que son muy importantes y limitan su uso, explicó Figueroa. En primer término debe tenerse presente que aproximadamente un 8 % del área plantada con caña de azúcar está ubicada dentro de lo que se conoce como llanura deprimida, la cual tiene condiciones de drenaje impedido por presentar una napa freática próxima a la superficie del suelo. "El nivel de esta napa freática varía a lo largo del año. Alcanza su máxima profundidad entre fines de octubre y los primeros días de noviembre y se mantiene muy alta desde fines de enero a principios de mayo", apuntó el experto.
Durante esta época se la puede encontrar a menos de un metro de la superficie del suelo en amplios sectores dentro de la llanura deprimida. Esta situación se agrava luego de las lluvias que ocurren en este período.
"Las fábricas azucareras que cuentan con destilería comienzan la producción continua de alcohol casi simultáneamente con la molienda, es decir a fines de mayo y comienzos de junio. Desde ese momento y hasta fines de julio o mediados de agosto -depende de las características climáticas del verano y otoño anteriores-, la napa freática se mantiene alta a pesar de las escasas de lluvias, pues el consumo de agua por parte del cañaveral es muy bajo", remarcó Figueroa.
Durante ese período, el riego de los cañaverales aún no cosechados no respondería a necesidades de agua del cultivo, agravaría los problemas de drenaje y causaría dificultades muy difíciles de sortear en las operaciones de cosecha y transporte, advirtió.
En este caso, el riego produciría la elevación artificial de la freática, lo que impediría la entrada de cosechadoras y de elementos de transporte a los lotes por períodos considerables.
"El riego en los lotes ya cosechados tampoco respondería a necesidades de agua de la caña de azúcar, pues las temperaturas del suelo y del aire se mantienen bajas y la brotación de la caña se desarrolla muy lentamente. Mas aún, en muchos inviernos los brotes nuevos se ven malogrados por efectos de las heladas", apuntó el especialista.
Desde septiembre a noviembre, la caña crece en forma sostenida. Las lluvias no alcanzan a satisfacer los requerimientos de agua en muchos años y el riego con vinazas diluídas puede traducirse en aumentos importantes en la producción, siempre y cuando se respeten los lineamientos establecidos por la EEAOC y otras instituciones que han trabajado en este tema.
"En términos generales, a partir de diciembre las lluvias satisfacen en gran medida o completamente los requerimientos de agua de la caña de azúcar, y las necesidades de riego se circunscriben a períodos con bajas precipitaciones que ocurren en forma aleatoria", indicó Figueroa.
"Estas condiciones son las que han frustrado parcialmente el esfuerzo de la actividad azucarera que se desarrolla en la llanura deprimida, en lugar de usar provechosamente el agua de riego como vehículo de las vinazas y amortiguar su impacto ambiental", concluyó.
En la provincia existen numerosas empresas que adhirieron al programa provincial de producción limpia, entre ellas, la mayoría de los ingenios azucareros. El objetivo del programa es disminuir la cantidad de efluentes líquidos y sólidos que genera la producción agroindustrial, para frenar los elevados niveles de contaminación existentes en los ríos de la provincia. La utilización de la vinaza diluida con agua para el riego es una práctica que tendría que seguir investigándose en el ámbito local.


















