La voz crítica del campo tucumano se hizo sentir en Cebil Redondo

Reporte Rural por Daniel Salvador (SECCION RURAL). En el acto inaugural de la Expo 2006, el presidente de la SRT remarcó la presión fiscal de la provincia y de la Nación. No sorprendió la ausencia del gobernador .

22 Septiembre 2006
Como en administraciones anteriores, hoy no es clara la política destinada al sector agropecuario tucumano y aveces hasta da la sensación de que no existe. También sufre el mismo mal el campo argentino, que lleva varios años reclamando por definiciones sin obtener respuestas concretas.
En el Jardín de la República se dan similitudes en las actitudes del gobernador respecto del Presidente. Néstor Kirchner no asiste a sus actos oficiales cuando los considera "peligrosos" para su salud populista. Tampoco a donde lo invitan y preven discursos críticos hacia su gestión. Esto ocurrió en la última edición de Palermo, ocasión en que estaba en su pico máximo el enfrentamiento entre los ruralistas y el Gobierno, por las restricciones a la exportaciones de carnes. Sabía que las críticas iban a ser tan ácidas que podían corroer su acerada postura en la pulseada con la Sociedad Rural Argentina.
La diferencia del Presidente con José Alperovich sólo es territorial. El gobernador está distanciado con la Sociedad Rural de Tucumán, aunque trate de aparentar lo contrario con gestos de componedor. Su ausencia en el acto del sábado en Cebil Redondo es una muestra. Dos días antes se había reunido con las autoridades de la srt para restañar heridas. No fue a la inauguración y el encuentro, al parecer, sirvió para poco. Quizá sólo para la foto.
Por eso, Víctor Pereyra ejerció en su discurso la visión del campo tucumano y alzó su voz para remarcar la voracidad fiscal del gobierno tucumano y de la Nación, y las obras de infraestructura que faltan. Pero fue más allá. Metió el dedo en la llaga. Volvió a defenestrar los cambios en el Código Tributario, cuyo único mérito -dijo- fue desalentar las inversiones agropecuarias. Hizo referencia a que se gravó la producción primaria, dejando así al cultivador tucumano en un estado de desventaja frente a la competencia en los mercados. Y recaló luego, en declaraciones a distintos medios, en el punto neurálgico del cuestionado sistema fiscal provincial: el revalúo inmobiliario. Palabra más, palabras menos, el dirigente cuestionó que se haya aplicado un porcentaje "igual para todos" para actualizar la base contributiva (valuación fiscal).
Y en ese punto no se equivoca, porque la equidad fiscal no se mide de esa manera. Haría falta un censo para determinar qué patrimonio tiene hoy cada contribuyente, ya que es un impuesto que grava la capacidad contributiva o riqueza. Esto significa que quien más tiene más paga. Así funciona el circulo virtuoso, donde al Estado se le retribuye por sus obras y servicios en torno del inmueble. Al respecto, el anterior Defensor del Pueblo tucumano remarcó que la ley de emergencia económica prohíbe indexar bienes, servicios, deudas e impuestos. Y por eso resaltó que, en su interpretación legal, en los casos de "revalúos" realizados por el Gobierno provincial -luego se sumaría el de la Municipalidad- se trata de una indexación sobre bienes -o de la base imponible-, para aumentar un impuesto. Dicho de otro modo, se ajustó con un porcentaje generalizado la vieja valuación fiscal, ante la traba legal de incrementar la alícuota.
El gobernador conoce de leyes tributarias y por eso muchas veces cuestionó, como empresario allegado a la FET o como legislador, la excesiva presión fiscal provincial que ahora defiende con un argumento "nacionalizado" por Kirchner: "hay muchos evasores". Como si la culpa de la recaudación baja (o insuficiente frente a los gastos) la tuvieran quienes pagan al día sus impuestos. Ese argumento sonaría equitativo si se lo impusiera para un sistema de premios y castigos.
Al margen de esta situación medular, no es un tema menor la falta de infraestructura en el campo tucumano. Caminos interiores intransitables, falta de canales para riego, sistematización de ríos, mantenimiento y señalización de rutas son, entre otros tópicos, obras y servicios por los que se paga -en impuestos- y no se proyectan ni ejecutan. Párrafos extensos también merecerían la falta de incentivos -impositivos u otros- para las producciones agropecuarias de Tucumán y su diversificación, temas que el oficialismo nunca abordó en sus discursos.
Por lo pronto, la realidad marca que los reclamos del campo tucumano aún no tienen el eco necesario en el Gobierno, para devolverle a la provincia el lugar de eje del Noroeste y que se mantenga como polo de desarrollo del NOA, un título reconocido dentro y fuera del país.

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