El Suplemento Rural de LA GACETA entrevistó a Marcelo Zucal, especialista de Aacrea NOA, que realizó un balance del último ciclo.¿Cuáles son las principales conclusiones que extraen de las tres últimas campañas de soja?Este análisis de campaña es sumamente importante porque se trata de la evaluación de 4.088 lotes independientes, con productores pertenecientes a distintos grupos CREA, con 430.000 hectáreas sembradas. Las conclusiones más relevantes son: A) las rotaciones en el NOA son importantes, porque estamos en una zona con muchas diferencias de aptitudes agrícolas en muy pocos kilómetros. Es muy importante el uso de antecesores, básicamente el maíz -que aparece como el mejor-, seguido por el trigo. Por ello, esta es una oportunidad excepcional para los productores, debido a las buenas perspectivas de precios que vamos a tener en los próximos años, por lo que creo que deberían entrar con rotaciones más agresivas con maíz, pero sin dejar de lado el trigo porque es un buen antecesor
B) La soja, en cualquiera de las zonas, y sobre todo en las más marginales, tiene una muy buena respuesta ante la aplicación de tecnología, que viene dada por el uso de fungicidas, de fertilizantes fosforados y por la inoculación. En este último caso, hay que tratar de llegar al 100% de inoculación.
¿Cómo responde el productor respecto de utilizar más tecnología en sus campos?
La respuesta es absoluta y total. Estos análisis los hacemos en cada uno de los grupos, porque además de brindar información, logramos crear conciencia de trabajo. Lamentablemente, muchas veces los buenos resultados no se suelen dar por alguna situación particular de algún productor pero, dentro de las posibilidades, el productor siempre está buscando nuevas tecnologías y formas de manejo.
¿Cuáles son los principales problemas en esta campaña?
Si hablamos de problemas técnicos, la roya es una amenaza permanente; este año estuvo presente pero no nos causó daño. Básicamente, nuestros problemas suceden por algún bache hídrico -que siempre nos ocurre- y por algunos picos de temperaturas, que estuvieron reflejados en siembras con pocos rastrojos y poca cobertura.
Además, los productores tenemos un problema o desafío: lograr mayores coberturas para lograr una mejorar infiltración, para bajar la temperatura del suelo, para poder guardar el agua de lluvia.
¿Qué habría que hacer para tener una mejor cobertura?
Básicamente, deberían aumentar la superficie sembrada con maíz, pero sin dejar de hacer trigo.El clima es un factor que siempre juega en los resultados.
Sí, por supuesto. Juega y es decisivo en nuestra zona y, por sobre todo, cuando nos vamos a zonas más marginales. Por eso, tendríamos que trabajar con la mayor cantidad de herramientas para paliar esos problemas que podemos tener y que van a aparecer.
¿Qué proyección tiene la soja y su rotación con maíz en el NOA?
Hay que tener confianza absoluta. Este es un tema del que hablamos dentro de los grupos CREA. La intención es aumentar la superficie de siembra con maíz, en detrimento de la soja, pero favoreciendo a las sojas posteriores que vienen sobre esos maíces y, por sobre todo, no abandonar la práctica de siembra de trigo con condiciones acotadas de medición de agua útil.
La situación del mercado de granos también es un condicionante que analiza el productor.
Las proyecciones no pueden ser más positivas, por sobre todo con el maíz. Además, está el tema del biocombustible, que en CREA se está instalando, en momentos en que los stocks internacionales han bajado. Por eso, el productor tiene una oportunidad única de trabajar desde este año con maíz, porque además de los análisis de campaña, están los resultados económicos de este año, que son favorables.
El maíz es muy importante para el NOA porque puede transformarse en carne, en ganado.
Eso sería bueno, a partir de un crecimiento serio, con políticas consolidadas en la parte ganadera, con un conocimiento claro sobre manejo del maíz. Sin dudas que sería una excelente vía de escape para colocar nuestro producto, porque toda la ganadería intensiva es altamente demandante de cereales, sobre todo de maíz y de soja.
La acción de las orugas fue cambiando
En los últimos años se están registrando cambios notables en el comportamiento de los insectos asociados a cultivos, especialmente a la soja. Es que una superficie de más de 15 millones de hectáreas se convierte en un campo de alimentación masivo, donde las especies que son atraídas por esta planta pueden desarrollar sus poblaciones en gran abundancia, ya que el alimento es, junto con el clima, el factor de mayor influencia sobre la supervivencia. Sobre este tema fue la disertación de Patricia Fichetti, investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Córdoba.
Las orugas (lepidóptero) son los insectos de mayor recurrencia en cuanto a su aparición en el cultivo de soja. Esto se corrobora por la venta de agroquímicos, especialmente "piretroides", que son los más usados para su control. Cuando la superficie de soja no superaba los 5 a 8 millones de hectáreas, aún existía un mosaico vegetal que actuaba como barrera de contención. Las infestaciones eran generacionales, con un pico previo y con otro posterior. Con la abundancia de alimento, coincidente en algunos de los últimos años con temperaturas muy altas y sequía ambiental, las generaciones son más continuas y los picos de mayor densidad.
Los tratamientos químicos se caracterizaron por su efectividad, a partir de condiciones de plagas y ambientales más propicias para las aplicaciones (mayor humedad relativa, menor temperatura y menor grado de infestación). En las últimas campañas varios tratamientos fueron ineficaces por: A) baja humedad del ambiente (provoca subdosificación); B) orugas ubicadas en tercios medios e inferiores de las plantas (la gota no puede llegar); C) poblaciones más altas que años anteriores. Se agrega ahora un cuarto factor: D) nuevas especies tolerantes a insecticidas; sólo cuando se aumentó la dosis y se mezclaron productos la eficiencia fue buena.
Estos datos fueron registrados en la última campaña en tratamientos para "medidoras" en el norte de Córdoba. Se tenía la seguridad de que la única especie de medidora que afectaba al cultivo de soja era Rachiplusia nu.
Sin embargo, se pudo demostrar que todas las orugas que sobrevivieron a los tratamientos convencionales, con todos los ajustes que años anteriores funcionaban para medidora, eran de una especie diferente: la "falsa medidora" Pseudoplusia includens, más tolerante a insecticidas.


















