Tucumán es pionera en legislación ambiental, pero en su aplicación no es el ejemplo a imitar

Reporte rural por Ernesto José Caram, sección rural. Es alarmante ver en las

27 Octubre 2006
Esta semana, una vez más, la quema de cañaverales en Tucumán volvió a ser noticia e impactó en la sociedad. Cañeros irresponsables o personas ajenas a la actividad "encendieron la mecha" en un campo cercano a la capital y provocaron un desastre de tal envergadura que dejó sin energía eléctrica a más de 1,5 millón de personas en todo el NOA. Y el problema mayor no es que no exista una legislación para impedir la quema que, entre otras cosas, causa un gran daño al medio ambiente.
La ley existe pero las autoridades de turno no la hacen cumplir. En forma constante, desde la Dirección de Medio Ambiente provincial las autoridades miran para otro lado, como si el problema perteneciera a otra órbita o a otro Estado. Hoy basta con hacer una falsa denuncia en alguna comisaría del interior aduciendo que la quema fue accidental o fue provocada por manos anónimas para justificar la impunidad de los infractores. Sobre esto, sobran los ejemplos. Hecha la ley, hecha la trampa.
Otro de los temas que acucian no sólo a la población sino también al sector agroexportador es la desidia en el tratamiento final de la basura en la provincia. Basta con salir al interior de la provincia y recorrer una gran cantidad de comunas rurales, para observar cómo el atropello y la falta de políticas en esta materia es alarmante. En la comuna de San Pablo, la basura es arrojada sobre el cauce del río Muerto, al sudoeste del núcleo poblacional, cerca del barrio Toledo. Sobre ese margen también se depositan residuos de los centros de asistencia médica, que requieren un tratamiento diferenciado (por ser patogénicos). No se mide el gran perjuicio y el gran deterioro e impacto negativo que se causa sobre el ecosistema, tanto el actual como el futuro. Algo similar ocurre con numerosos basurales fomentados por otros municipios y comunas del interior de la provincia. Se arrojan en cualquier cárcava o en cauces viejos de ríos, cientos de toneladas de basura sin tratamiento, lo que genera focos infecciosos de moscas, ratas y alacranes, que sirven como vectores para la difusión de enfermedades altamente peligrosas para las poblaciones lindantes.
Preocupa ver cómo al lado de importantes fincas citrícolas, cuya producción termina rumbo a diferentes mercados del mundo, se encuentran vertederos de todo tipo -clandestinos y oficiales-, con basura sin clasificación y sin un tratamiento acorde con su peligrosidad.
Recientemente, en la Fundación Vicente Lucci, el doctor Sergio Díaz Ricci presentó un trabajo ejemplar al que denominó "Digesto Ambiental", en el que recopila las leyes vigentes en el país y en la región que tienden a proteger el medio ambiente. Este valioso trabajo, que insumió cientos de horas de estudio a un grupo de profesionales que se comprometieron a trabajar por el desarrollo sustentable de nuestra región, muestra a las claras cómo Tucumán es pionera en legislar sobre el cuidado del medio ambiente pero, paradójicamente, figura como una de las provincias con mayores índices de contaminación en el país. Indiscutiblemente, algo está funcionado mal. Es hora de que las autoridades locales no se "indigesten" con esas leyes, que reúne este importante trabajo de Díaz Ricci, sino que tomen la posta de un grupo de empresarios y estudiosos tucumanos que, hace unos años, se unieron para demostrar que el cuidado del medio ambiente no sólo se debe proclamar sino también ejecutar.
En un mundo globalizado en donde trabajar con industrias limpias y producciones sustentables (competitividad es sinónimo de desarrollo económico) es una exigencia básica y no admite discusiones, son las autoridades -nacionales y provinciales- las que están obligadas a velar por el derecho constitucional referido a la calidad de vida de la población. Como contraparte, es imprescindible instar a los ciudadanos, en su conjunto, a tomar el cuidado del medio ambiente como una materia prioritaria a resolver, ya que está en juego nada menos que la supervivencia. Los avances en materia ambiental pasan por el respeto por aquellos habitantes que buscan vivir en un ambiente digno y con posibilidades de crecer productivamente, en forma responsable. En el Tucumán que hoy nos toca vivir, este objetivo prioritario es sin duda una asignatura pendiente.

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