18 Mayo 2007
“Nuestras líneas de trabajo en Tucumán están apuntadas a mejorar el rendimiento varietal, pero también buscamos una buena resistencia a las enfermedades”, dijo Andrés Martino, gerente de Relmó, otra compañía semillera con presencia en Tucumán.
“La tradición impone trabajar y desarrollar genética para soja en el NOA”, dijo en diálogo telefónico.
En Tucumán la empresa cuenta con cinco estaciones para ensayo y testeo de materiales, porque la gran heterogeneidad que presentan las zonas productoras (entre el llano y el pedemonte) exige trabajar con los distintos ambientes agroecológicos más importantes.
Los ensayos consisten en desarrollar el nivel de crianza del material genético y después realizar ensayos de rindes, para recién definir si los materiales se volcarán a la faz comercial.
“Buscamos lograr la mejor adaptación al NOA y a Tucumán con nuestros materiales genéticos”, dijo Martino. A modo de ejemplo, el empresario comentó que Relmó fue la primera empresa que lanzó un material G VIII resistente al glifosato, especial para el NOA.
En la localidad de Maciel (Rosario) realizan los cruzamientos a campo, mientras que la crianza se realiza en Tucumán.
La presencia de enfermedades es uno de los aspectos que más preocupan a los investigadores de Relmó. Por eso, los trabajos genéticos están dirigidos a apuntalar los rendimientos y la estabilidad de dichas variedades.
Una enfermedad como la “mancha ojo de rana” puede tener un año de baja virulencia, pero a la campaña puede cambiar por completo el panorama agrícola.
“Por eso es importante lograr estabilidad en el comportamiento de los granos testeados”, dijo. Pero siempre están trabajando sobre el “cancro” y sobre la “fitóftora”, que son enfermedades que erosionan el rendimiento de las plantas.
“La soja es el corazón del programa de mejoramiento genético que llevamos adelante”, contó Martino a LA GACETA.
Relmó cuenta con un convenio de vinculación tecnológica con la Fundación Matto Grosso -están trabajando sobre un millón de materiales-, donde la compañía obtuvo una variedad resistente a la “roya de la soja”. “Este acuerdo nos permite acceder a nuevas herramientas para manejar las tecnologías, pero hasta el momento no logramos una respuesta contundente en materia genética”, reconoció.
“La tradición impone trabajar y desarrollar genética para soja en el NOA”, dijo en diálogo telefónico.
En Tucumán la empresa cuenta con cinco estaciones para ensayo y testeo de materiales, porque la gran heterogeneidad que presentan las zonas productoras (entre el llano y el pedemonte) exige trabajar con los distintos ambientes agroecológicos más importantes.
Los ensayos consisten en desarrollar el nivel de crianza del material genético y después realizar ensayos de rindes, para recién definir si los materiales se volcarán a la faz comercial.
“Buscamos lograr la mejor adaptación al NOA y a Tucumán con nuestros materiales genéticos”, dijo Martino. A modo de ejemplo, el empresario comentó que Relmó fue la primera empresa que lanzó un material G VIII resistente al glifosato, especial para el NOA.
En la localidad de Maciel (Rosario) realizan los cruzamientos a campo, mientras que la crianza se realiza en Tucumán.
La presencia de enfermedades es uno de los aspectos que más preocupan a los investigadores de Relmó. Por eso, los trabajos genéticos están dirigidos a apuntalar los rendimientos y la estabilidad de dichas variedades.
Una enfermedad como la “mancha ojo de rana” puede tener un año de baja virulencia, pero a la campaña puede cambiar por completo el panorama agrícola.
“Por eso es importante lograr estabilidad en el comportamiento de los granos testeados”, dijo. Pero siempre están trabajando sobre el “cancro” y sobre la “fitóftora”, que son enfermedades que erosionan el rendimiento de las plantas.
“La soja es el corazón del programa de mejoramiento genético que llevamos adelante”, contó Martino a LA GACETA.
Relmó cuenta con un convenio de vinculación tecnológica con la Fundación Matto Grosso -están trabajando sobre un millón de materiales-, donde la compañía obtuvo una variedad resistente a la “roya de la soja”. “Este acuerdo nos permite acceder a nuevas herramientas para manejar las tecnologías, pero hasta el momento no logramos una respuesta contundente en materia genética”, reconoció.
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