18 Mayo 2007
Producen semillas de excelente genética que les permite competir a nivel internacional
Sobre la base de un convenio de vinculación tecnológica con la EEAOC, la empresa Lealsem SA comercializa en el NOA y en el NEA, en Bolivia y en Paraguay material que tiene una gran aceptación entre los productores.
MEJORIA. La incorporación de nueva genética permite que los productores aumenten sus rindes y cuenten con productos más resistentes a enfermedades. LA GACETA
“Una buena parte del futuro de la investigación en semillas depende de los aportes económicos que se realicen. Pero demostrando una buena capacidad para hacer alianzas y aunar esfuerzos, se pueden potenciar las capacidades y alcanzar niveles de excelencia y de competitividad. Munasqa es una muestra de estas ideas”.
Los conceptos pertenecen a Juan Ramón Puchulu, directivo de Lealsem SA, una empresa local dedicada a la comercialización de semillas tanto a nivel regional, como nacional e internacional.
Munasqa es una exitosa variedad de soja con gen RR que desarrolló la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) de Tucumán, y que Lealsem comercializa en el país y en nuestros vecinos Bolivia y Paraguay, donde la mayor parte de la zona sojera está sembrada con esa variedad. La empresa tiene un convenio de vinculación tecnológica con la EEAOC.
En Lealsem trabajan sobre el desarrollo de soja, pero también en trigo y en poroto negro, pero siempre desde la faz comercial.
En diálogo con el Suplemento Rural de LA GACETA, el empresario y productor agropecuario describió cuál es la situación que existe en el norte argentino, en cuanto a la incorporación de tecnología en materia de granos.
“Con Munasqa rompimos el círculo vicioso de que en los campos del NOA sólo se usaba semillas producida en otras zonas de la Argentina”, dijo. “Esta variedad tuvo y tiene un gran poder de penetración en el NOA y en el NEA, a partir del programa de mejoramiento que encaró la Estación Obispo Colombres”, mencionó. “El objetivo no fue sencillo, ya que trabajamos y logramos desarrollar una variedad que se adapta al clima y a las enfermedades que son típicas de la región, y logramos un producto muy competitivo”, destacó.
Pero el esfuerzo científico no siempre tiene su correlato económico, en cuanto al royaltie que obtiene quien produce una determinada variedad genética.
“El marco legal (la Ley de Semillas, que tienen 30 años de antigüedad) es insuficiente porque no se adapta a la realidad”, afirmó Puchulu. “Si un científico o centro de investigación obtiene un buen material genético y lo vuelca al mercado, cualquiera puede apropiarse de ese producto y seguir reproduciéndolo”, reconoció.
Sin embargo, el empresario reconoció que hay productores que pagan el costo de la nueva tecnología. “Con ellos, Lealsem sigue trabajando”, comentó.
Puchulu destacó que la empresa está trabajando con cadenas de semilleros multiplicadores.
“Ellos nos compran la semilla original para hacer sus multiplicaciones; después venden semilla fiscalizada legal y pagan el royaltie correspondiente”, dijo.
“El problema -según Puchulu- es que la ley permite que el productor haga un uso propio indiscriminado de esa semilla”, señaló.
“La normativa establece que el uso de la semilla es gratuito hasta un total de 100 bolsas”, indicó.
Si el hombre de campo necesita una cantidad mayor a ese volumen que utilizó en la campaña anterior, debe pagar un royaltie por esa diferencia de volumen pero, lamentablemente, esto no ocurre porque se hace un uso indiscriminado de esta posibilidad, lo que termina por afectar negativamente el negocio, observó.
“La ley no se está cumpliendo en su totalidad porque falla el organismo de control (el Instituto Nacional de Semillas-INASE)”, aseguró. “Debe haber un mayor control, porque si no el sector empresario entra en crisis”, dijo.
¿El problema tiene solución?, preguntó LA GACETA.
“Hay que reglamentar el uso propio oneroso de semillas, a partir de un esfuerzo conjunto que debemos realizar las empresas semilleras y los institutos de producción”, dijo. “Este uso oneroso es el que debe pagar el royaltie al dueño de la genética”, señaló.
“Tiene que existir una reglamentación adecuada y un control adecuado para garantizar que se respeten los principios del uso propio de las semillas”, dijo. “De esta manera, se eliminaría el problema que significa la “bolsa blanca”, que es el comercio ilegal de semillas”, advirtió.
Los conceptos pertenecen a Juan Ramón Puchulu, directivo de Lealsem SA, una empresa local dedicada a la comercialización de semillas tanto a nivel regional, como nacional e internacional.
Munasqa es una exitosa variedad de soja con gen RR que desarrolló la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) de Tucumán, y que Lealsem comercializa en el país y en nuestros vecinos Bolivia y Paraguay, donde la mayor parte de la zona sojera está sembrada con esa variedad. La empresa tiene un convenio de vinculación tecnológica con la EEAOC.
En Lealsem trabajan sobre el desarrollo de soja, pero también en trigo y en poroto negro, pero siempre desde la faz comercial.
En diálogo con el Suplemento Rural de LA GACETA, el empresario y productor agropecuario describió cuál es la situación que existe en el norte argentino, en cuanto a la incorporación de tecnología en materia de granos.
“Con Munasqa rompimos el círculo vicioso de que en los campos del NOA sólo se usaba semillas producida en otras zonas de la Argentina”, dijo. “Esta variedad tuvo y tiene un gran poder de penetración en el NOA y en el NEA, a partir del programa de mejoramiento que encaró la Estación Obispo Colombres”, mencionó. “El objetivo no fue sencillo, ya que trabajamos y logramos desarrollar una variedad que se adapta al clima y a las enfermedades que son típicas de la región, y logramos un producto muy competitivo”, destacó.
Pero el esfuerzo científico no siempre tiene su correlato económico, en cuanto al royaltie que obtiene quien produce una determinada variedad genética.
“El marco legal (la Ley de Semillas, que tienen 30 años de antigüedad) es insuficiente porque no se adapta a la realidad”, afirmó Puchulu. “Si un científico o centro de investigación obtiene un buen material genético y lo vuelca al mercado, cualquiera puede apropiarse de ese producto y seguir reproduciéndolo”, reconoció.
Sin embargo, el empresario reconoció que hay productores que pagan el costo de la nueva tecnología. “Con ellos, Lealsem sigue trabajando”, comentó.
Puchulu destacó que la empresa está trabajando con cadenas de semilleros multiplicadores.
“Ellos nos compran la semilla original para hacer sus multiplicaciones; después venden semilla fiscalizada legal y pagan el royaltie correspondiente”, dijo.
“El problema -según Puchulu- es que la ley permite que el productor haga un uso propio indiscriminado de esa semilla”, señaló.
“La normativa establece que el uso de la semilla es gratuito hasta un total de 100 bolsas”, indicó.
Si el hombre de campo necesita una cantidad mayor a ese volumen que utilizó en la campaña anterior, debe pagar un royaltie por esa diferencia de volumen pero, lamentablemente, esto no ocurre porque se hace un uso indiscriminado de esta posibilidad, lo que termina por afectar negativamente el negocio, observó.
“La ley no se está cumpliendo en su totalidad porque falla el organismo de control (el Instituto Nacional de Semillas-INASE)”, aseguró. “Debe haber un mayor control, porque si no el sector empresario entra en crisis”, dijo.
¿El problema tiene solución?, preguntó LA GACETA.
“Hay que reglamentar el uso propio oneroso de semillas, a partir de un esfuerzo conjunto que debemos realizar las empresas semilleras y los institutos de producción”, dijo. “Este uso oneroso es el que debe pagar el royaltie al dueño de la genética”, señaló.
“Tiene que existir una reglamentación adecuada y un control adecuado para garantizar que se respeten los principios del uso propio de las semillas”, dijo. “De esta manera, se eliminaría el problema que significa la “bolsa blanca”, que es el comercio ilegal de semillas”, advirtió.













