CAÑAS PETISAS. En amplias zonas de la provincia los cañaverales tienen menos altura que en campañas anteriores, a igual época del año.
El año 2008 fue un período que quedará en los registros de gestión de los campos cañeros de Tucumán, por haber sido el año en el que el precio de los fertilizantes no tuvo un patrón de referencia, dando como resultado, que algunos campos con caña se fertilizaran con productos adquiridos a U$S 500 la tonelada y otros campos, con el mismo fertilizante, pero a U$S 720 la tonelada, comentó a LA GACETA Rural el consultor privado, Federico Pérez Zamora.
El primero de estos representa una marcada pérdida de competitividad del sector, ya que en 2007 el precio promedio había sido de unos U$S 350 por tonelada, y sin grandes variaciones. A lo anterior se sumó que durante septiembre, que es el mes en el que muchos productores cañeros realizan la compra del fertilizante, las compañías proveedoras de este insumo no disponían de precios de referencia de sus casas centrales para confeccionar presupuestos.
Todo esto compuso un escenario de crisis en el manejo agrícola de la caña de azúcar, ante la cual los productores cañeros, una vez más, supieron adecuarse, como lo hicieron en muchas oportunidades para sortear estos momentos.
Conocido el hecho de que de las crisis se aprende, no fue distinto para los productores cañeros y técnicos de las empresas cañeras, que recurrieron a las tablas de Recomendación de Fertilizantes para Caña de Azúcar que confeccionó la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres en 1999, con mirada visionaria para enfrentar este tipo de crisis.
De esta manera, el sector productor de caña de azúcar -que está maduro por su experiencia para sobrevivir ante las coyunturas- evolucionó culturalmente una vez más. Este avance cultural se reflejó en que los productores cañeros usaron racionalmente el fertilizante, sin agregar de más a los lotes que no tenían potencial en sus cepas, para devolver con incrementos de producción este importante gasto tratando, al mismo tiempo, de abastecer lo mejor posible con fertilizantes a los lotes que tienen buen potencial de producción.
A esto se sumó el estricto control en la calidad de las aplicaciones, para tener el máximo aprovechamiento de cada unidad de nutrimento y el acompañamiento con las adecuadas prácticas que acompañan el manejo agrícola.
Lamentablemente, como se aprecia en diferentes zonas del área cañera, algunos productores quedaron excluidos de estas posibilidades y hoy sus cañaverales no se muestran como ellos quisieran.
Es importante subrayar, que al utilizar la tabla de recomendación y decidir disminuir la dosis tradicional de fertilizante en algunos lotes, los técnicos y productores toman decisiones de riesgo variado, en dependencia del detenimiento con que hayan realizado el diagnóstico de situación. Por este motivo, muchos productores están realizando este mes controles nutricionales mediante análisis de hoja (análisis foliar) utilizando el protocolo “Megalab”. Este protocolo permite conocer el contenido de cada uno de los 15 elementos nutritivos en planta, usando la hoja como órgano indicador.
Este análisis foliar es un importante orientador de cuál es el estado nutricional del cañaveral, ya que al igual que en un análisis de sangre en los humanos, indica si el cañaveral en cuestión presenta deficiencia de alguno de los nutrientes esenciales para el normal cumplimiento del proceso fisiológico.
El análisis foliar es una importante herramienta que, a mínimo costo, sirve para evaluar si en los lotes en los que se disminuyó la dosis de fertilizante no se comprometió el normal crecimiento para obtener altos rindes agroazucareros. Esto es importante para tener en cuenta futuras fertilizaciones.
Cabe recordar, que las tablas que permiten saber si los niveles de nutrientes en hoja son los adecuados fueron desarrolladas y calibradas para las condiciones de Tucumán por la Eeaoc, hace ya 10 años, previendo que esta herramienta sería útil para la producción local.
Esto diferencia a Tucumán de otras zonas cañeras argentinas y del mundo, en las que la ausencia de bases de conocimientos locales hace que no se dispongan de criterios para la toma de decisiones agronómicas ante las crisis.















