14 Mayo 2010
AREA. Dijo que es momento de retomar las normativas ambientales. EEAOC
En la Argentina hay entre 10 y 11 fábricas de pulpa celulosa y unas 100 fábricas de papel, de todos los tamaños, que en su mayor parte están retrasadas, tecnológicamente, con respecto al resto del mundo. Las industrias más modernas (Botnia, Uruguay), tienen las tecnologías que se necesitan para ser compatibles con el ambiente.
"Tenemos que tratar de avanzar en ese sentido, para tratar de hacer la reconversión de las fábricas e implementar las tecnologías necesarias para que el daño ambiental, o lo que se emita al ambiente, sea mínimo", opinó María Cristina Area, investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Misiones (UNM). En 2007 se inició un programa en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación que se llama Pricepa (Plan de Reconversión de la Industria Celulósica y Papel de la Argentina), que consistía en hacer que las empresas declararan cuál era el estado tecnológico y ambiental del medio ambiente que la rodeaba. "Después se frenó un poco el tema, porque con lo de Botnia y el juicio de La Haya quedó en suspenso. Creo que ahora es el momento -ya que se dictaminó y es un tema cerrado- de retomar el tema del Pricepa y seguir avanzando en cuanto a las normativas ambientales en el país", opinó. El Estado se proponía hacer algo gradual, desde lo más complicado, ambientalmente, hasta lo más sencillo, pero con un programa de inversiones que podía ser a 5 años.
Respecto de Papelera Tucumán, mencionó que la UNM tiene un convenio de apoyo para mejorar las condiciones de la empresa. "Se hicieron mejoras, como en el tratamiento de efluentes. Tendrían que trabajar en el sistema de blanqueo. Es una empresa que, sin demasiada inversión, puede ser ambientalmente compatible", evaluó.
Argentina importa bastante papel, citó. "Tendrían que instalarse fábricas de pulpa para sustituir importaciones", consideró.
Por último, mencionó que desde la UNM tratan de asesorar al Gobierno sobre las etapas que deberían cumplirse antes de habilitar la instalación de una fábrica. "Hay que estudiar los ríos y el ambiente antes de autorizar la construir de una planta de celulosa", afirmó.
"Tenemos que tratar de avanzar en ese sentido, para tratar de hacer la reconversión de las fábricas e implementar las tecnologías necesarias para que el daño ambiental, o lo que se emita al ambiente, sea mínimo", opinó María Cristina Area, investigadora del Conicet y de la Universidad Nacional de Misiones (UNM). En 2007 se inició un programa en la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación que se llama Pricepa (Plan de Reconversión de la Industria Celulósica y Papel de la Argentina), que consistía en hacer que las empresas declararan cuál era el estado tecnológico y ambiental del medio ambiente que la rodeaba. "Después se frenó un poco el tema, porque con lo de Botnia y el juicio de La Haya quedó en suspenso. Creo que ahora es el momento -ya que se dictaminó y es un tema cerrado- de retomar el tema del Pricepa y seguir avanzando en cuanto a las normativas ambientales en el país", opinó. El Estado se proponía hacer algo gradual, desde lo más complicado, ambientalmente, hasta lo más sencillo, pero con un programa de inversiones que podía ser a 5 años.
Respecto de Papelera Tucumán, mencionó que la UNM tiene un convenio de apoyo para mejorar las condiciones de la empresa. "Se hicieron mejoras, como en el tratamiento de efluentes. Tendrían que trabajar en el sistema de blanqueo. Es una empresa que, sin demasiada inversión, puede ser ambientalmente compatible", evaluó.
Argentina importa bastante papel, citó. "Tendrían que instalarse fábricas de pulpa para sustituir importaciones", consideró.
Por último, mencionó que desde la UNM tratan de asesorar al Gobierno sobre las etapas que deberían cumplirse antes de habilitar la instalación de una fábrica. "Hay que estudiar los ríos y el ambiente antes de autorizar la construir de una planta de celulosa", afirmó.













