27 Diciembre 2015
POR MÁS. Laia Sanz fue novena en la edición de este año. La española promete. reuters (archivo)
“Lo pasas fatal: te levantas a las tres de la mañana, tienes unos enlaces inhumanos, las etapas las sufres y piensas… ¡somos medio tontos! Pero luego sientes que has podido superar todo eso y merece la pena”, describió Rosa Moreno Font. La española será una de las mujeres que correrá el Rally Dakar 2016.
La pasión de Rosa viene de la adolescencia. Nada tuvo que ver su esposo “Nani” Roma, el primer español que ganó el Dakar y que también correrá en la presente edición. “Cuando cumplí 18 convencí a mi padre para que me ayudara a comprar una moto. Lo que me gustaba no era la competición sino viajar”, recordó sobre la aventura que emprendió en un viaje a Marruecos a bordo de una inmensa Cagiva. Moreno Font pudo terminar su primer rally y, sin esa presión encima, ahora quiere llegar a la meta disfrutando.
Bien diferente es el objetivo de su compatriota Laia Sanz, que a fuerza de regularidad se ganó el respeto. “Los veteranos me miran diferente y los jóvenes valoran mis resultados”, analizó la catalana que correrá para KTM. Sanz, en 2015, finalizó novena. Esa actuación jugó de un modo particular en el imaginario de la piloto de motos. “El Dakar del año pasado es mi peor enemigo. Mi objetivo debe ser acabar entre los 15 primeros”, remarcó.
La que no forma parte de un equipo súper profesional es Alicia Reina. La rionegrina, a diferencia de Sanz, tuvo que ingeniárselas para conseguir los fondos que permitieran poner a rodar la camioneta Toyota. Mientras Laia se entrenaba, Alicia meditaba el menú para la cena destinada a recaudar dinero. Unas 400 personas de su Catriel natal la ayudaron.
Una adicción
El esfuerzo que se realiza puede comprenderse drásticamente al escuchar la definición que la francesa Camelia Liparoti tiene sobre la carrera. “Es como una droga”, sentenció la piloto del cuatriciclo Yamaha, que pasó de ser una reportera gráfica que cubría la competencia a protagonista.
También sobre las cuatro ruedas de un “cuatri” irá la española Covadonga Fernández Suárez, que encara el desafío sin acelerar. “No soy muy rápida, pero tengo una gran virtud: soy muy perseverante”, se describió.
Buscando finalizar por primera vez al frente de un volante estará “La Princesa del Dakar”, la rubia sueca Annie Seel. Para la europea el Desert Warrior que manejará por segunda ocasión, trajo más complicaciones que cualquiera de las cinco motos que condujo en los Dakar que sí finalizó. “Puedo manejar tan rápido como yo quiero. Tengo confianza”, sostuvo.
Las ciudades por las que el Dakar dejará su huella ya empiezan a acoplarse al ritmo que impone la prueba. Por el momento, Buenos Aires y Rosario son las primeras afectadas.
En 48 horas quedarán liberados los vehículos de competencia y asistencia que arribaron en el buque carguero procedente de Francia. Mientras tanto ya hay vehículos identificados con la competencia que atraen a los curiosos para sacarse fotos.
El jueves, Tecnópolis estará habilitada para todos: protagonistas y público. En el centro multiuso bonaerense se harán las verificaciones y habrá numerosas actividades. En tanto en Rosario, punto de instalación del primer campamento, los trabajos son constantes.
La pasión de Rosa viene de la adolescencia. Nada tuvo que ver su esposo “Nani” Roma, el primer español que ganó el Dakar y que también correrá en la presente edición. “Cuando cumplí 18 convencí a mi padre para que me ayudara a comprar una moto. Lo que me gustaba no era la competición sino viajar”, recordó sobre la aventura que emprendió en un viaje a Marruecos a bordo de una inmensa Cagiva. Moreno Font pudo terminar su primer rally y, sin esa presión encima, ahora quiere llegar a la meta disfrutando.
Bien diferente es el objetivo de su compatriota Laia Sanz, que a fuerza de regularidad se ganó el respeto. “Los veteranos me miran diferente y los jóvenes valoran mis resultados”, analizó la catalana que correrá para KTM. Sanz, en 2015, finalizó novena. Esa actuación jugó de un modo particular en el imaginario de la piloto de motos. “El Dakar del año pasado es mi peor enemigo. Mi objetivo debe ser acabar entre los 15 primeros”, remarcó.
La que no forma parte de un equipo súper profesional es Alicia Reina. La rionegrina, a diferencia de Sanz, tuvo que ingeniárselas para conseguir los fondos que permitieran poner a rodar la camioneta Toyota. Mientras Laia se entrenaba, Alicia meditaba el menú para la cena destinada a recaudar dinero. Unas 400 personas de su Catriel natal la ayudaron.
Una adicción
El esfuerzo que se realiza puede comprenderse drásticamente al escuchar la definición que la francesa Camelia Liparoti tiene sobre la carrera. “Es como una droga”, sentenció la piloto del cuatriciclo Yamaha, que pasó de ser una reportera gráfica que cubría la competencia a protagonista.
También sobre las cuatro ruedas de un “cuatri” irá la española Covadonga Fernández Suárez, que encara el desafío sin acelerar. “No soy muy rápida, pero tengo una gran virtud: soy muy perseverante”, se describió.
Buscando finalizar por primera vez al frente de un volante estará “La Princesa del Dakar”, la rubia sueca Annie Seel. Para la europea el Desert Warrior que manejará por segunda ocasión, trajo más complicaciones que cualquiera de las cinco motos que condujo en los Dakar que sí finalizó. “Puedo manejar tan rápido como yo quiero. Tengo confianza”, sostuvo.
Las ciudades por las que el Dakar dejará su huella ya empiezan a acoplarse al ritmo que impone la prueba. Por el momento, Buenos Aires y Rosario son las primeras afectadas.
En 48 horas quedarán liberados los vehículos de competencia y asistencia que arribaron en el buque carguero procedente de Francia. Mientras tanto ya hay vehículos identificados con la competencia que atraen a los curiosos para sacarse fotos.
El jueves, Tecnópolis estará habilitada para todos: protagonistas y público. En el centro multiuso bonaerense se harán las verificaciones y habrá numerosas actividades. En tanto en Rosario, punto de instalación del primer campamento, los trabajos son constantes.





















