21 Marzo 2021

El impacto de la pandemia (I)

Nunca le saqué el cuerpo a la soledad y soy buena con los libros y las plantas. La pandemia nos ha acostumbrado a no comunicarnos salvo por medios donde la imagen, el emoticón, el dibujo aparentan situaciones intensas. Parece la única salida, ya que sin quererlo, hemos dejado de lado hasta la voz. Al perder la cotidianeidad compartida hemos optado por una vidriera donde no siempre estamos del todo. Creo que será en lamentable saldo de este tiempo: la dificultad para estar cuerpo a cuerpo, aunque sea voz a voz, con el otro. Se va produciendo un alejamiento gradual; por más que nos propongamos otros espacios, nada sustituye la fuerza de los lazos que otorgan las presencias. ¿Serán nuevas formas de exilio?

Carmen Perilli

carmenperilli@gmail.com

El impacto de la pandemia (II)

Nunca antes tuvimos tanta certeza de ser parte de un mundo de iguales frente a las diferencias y, a la vez, frente a un virus que no discrimina. Esto que nos pasa me lleva inevitablemente a pensar en esa maldad infrahumana que los países que concibieron las armas biológicas. Superadoras del plomo de las metrallas, que enferman de muerte a sus destinatarios: la población de los países en guerra. No es demasiado concreta la información sobre el origen del virus en China ni sobre el murciélago, etcétera. No puedo dejar de pensar en los sobrantes de los arsenales de armas biológicas.

Carlos Duguech

c.duguech@gmail.com

Queja por el hisopado

Soy un hombre de 63 años, diabético, hipertenso, hipotiroideo, reumático y en tratamiento desde hace 17 años por trastornos de ansiedad y angustia con ataques de pánico y agorafobia (TAG), según sendos diagnósticos del psiquiatra y del psicólogo. El lunes pasado, en la casa de mis suegros, dieron positivo de covid-19 mis suegros, que son ancianos, y mi cuñado de 48 años, que tiene Síndrome de Down. Obviamente, al otro día, mi esposa y sus dos hermanas, que se turnan para atenderlos, se hisoparon y también dieron positivo. Esto movilizó a toda la familia a controlarse para saber si hubo o no contagios. Yo acudí el jueves al Hospital Centro de Salud, donde tras 2 horas y media de espera en la llovizna y el frío, me atendieron. Pero fue grande mi sorpresa cuando la recepcionista me preguntó por qué había ido a ese lugar. Le dije todas las enfermedades que me acucian y que quería que me hisoparan para tener mayor tranquilidad por la situación que estaba viviendo. Me respondió que si no tengo algún síntoma de Covid no me pueden hisopar, porque eso cuesta caro y no se lo realiza si no es necesario. Y me “despachó”. En realidad, yo no tengo síntomas, salvo uno que otro problema con la respiración cuando hiperventilo a causa del TAG. Pero en casa vivimos dos familias, además de que soy una persona inevitablemente muy sociable. Por lo que siento el deber de ser responsable, tanto con mi salud como con la de quienes están próximos a mí. Pero lo más grave de lo que cuento, es que al comentarle a mis familiares y a mis amigos lo que me pasó, todos me dijeron: “es que tenías que haber mentido, tenías que haber dicho que tenés los síntomas y te iban a atender”. Ahora, yo pregunto: “¿Por qué es necesario mentir para poder acceder a un control que todo el mundo necesita?”. “¿Creerá esta gente que yo ando en busca de una nueva enfermedad para agregar a mi ya deteriorada salud, o que voy a buscar ser hisopado para vencer el aburrimiento en casa?”. Es increíble que a más de un año de iniciada la pandemia, una persona como yo tenga que realizar esta queja.

Daniel E. Chavez

Pasaje Benjamín Paz 308 

San Miguel de Tucumán

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