El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a millones de personas en todo el mundo y cuya causa exacta aún no se comprende por completo. Sin embargo, en los últimos años, la evidencia científica comenzó a señalar que la exposición a determinadas sustancias químicas podría desempeñar un papel clave en su desarrollo.
Un trabajo publicado en la Journal of Parkinson’s Disease señala que una sustancia química de uso frecuente podría estar contribuyendo al incremento de los casos de Parkinson. Se trata del tricloroetileno (TCE), un solvente ampliamente empleado en ámbitos industriales, de consumo, militares y médicos, utilizado para remover pintura, corregir errores de escritura, limpiar motores y anestesiar pacientes.
Emiliano Pinsón contó cómo se dio cuenta que tenía Parkinson: el primer síntomaEl estudio fue elaborado por un amplio grupo de expertos, entre ellos neurólogos del Centro Médico de la Universidad de Rochester, el Centro Médico de la Universidad de Radboud, el Centro de Experiencia en Parkinson y Trastornos del Movimiento de Nimega, el Instituto Weill de Neurociencias de la Universidad de California-San Francisco y el Centro de Neurodegeneración y Terapéutica Experimental de la Universidad de Alabama en Birmingham. Los especialistas plantearon que el TCE podría ser una de las causas del desarrollo del Parkinson.
Cuál es el vínculo del producto químico TCE con el Parkinson
El informe también describe la amplia presencia de este químico, las pruebas que lo relacionan con la enfermedad y el caso de siete personas —entre ellas un ex jugador de la NBA, un capitán de la Marina de los Estados Unidos y un senador estadounidense fallecido— que desarrollaron Parkinson tras haber trabajado con la sustancia o haber estado expuestos a ella en su entorno.
La conexión entre TCE y Parkinson se insinuó por primera vez en estudios de casos hace más de 50 años. En medio, la investigación en ratones y ratas ha demostrado que el TCE ingresa fácilmente al cerebro y al tejido corporal y, en dosis altas, daña las partes de las células productoras de energía conocidas como mitocondrias.
En estudios con animales, el TCE provoca la pérdida selectiva de células nerviosas productoras de dopamina, un sello distintivo de la enfermedad de Parkinson en humanos.
Sin embargo, los autores advirtieron que “millones más se encuentran con la sustancia química sin saberlo a través del aire exterior, las aguas subterráneas contaminadas y la contaminación del aire interior”.
El producto químico puede contaminar el suelo dando lugar a ríos bajo tierra que pueden llegar a largas distancias y migrar con el tiempo. Uno de ellos asociado con una compañía aeroespacial en Long Island, Nueva York, tiene más de 6 kilómetros de largo y 3 de ancho, y ha contaminado el agua potable de miles de habitantes.
El artículo describió a siete personas en las que el TCE pudo haber contribuido a desarrollar el Parkinson. Si bien la evidencia que relaciona la exposición a la substancia con la enfermedad en estos individuos es circunstancial, sus historias resaltan los desafíos de construir evidencia contra el químico.
La investigación incluyó al jugador de básquet profesional Brian Grant, que jugó durante 12 años en la NBA y fue diagnosticado con Parkinson a los 36 años. Es probable que Grant haya estado expuesto a TCE cuando tenía tres años y su padre, entonces un marine, estaba asentado en Camp Lejeune.