Durante el tradicional día de campo de granos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) se visitaron ensayos sobre el manejo agronómico y sanitario de los cultivos de soja y maíz.
La primera parada estuvo a cargo de Horacio Gómez y José Sánchez, de la sección Granos de la entidad agrocientífica, que presentaron ensayos donde se evalúa variedades de soja de grupo de madurez IV (ciclo extra corto) para las condiciones del NOA. El estudio analiza el desempeño de estos cultivares bajo distintos espaciamientos entre hileras (52 cm y 26 cm), con ajustes en la densidad y fecha de siembra, con el objeto de lograr niveles productivos semejantes a variedades de ciclo VI que comúnmente se utilizan en nuestra zona. Además, tiene el beneficio de desocupar de manera anticipada el lote, para favorecer el desarrollo de un cultivo invernal posterior. La presentación de estos ensayos incluyó una interacción con los asistentes, considerándose que la información generada es clave para aquellos ambientas donde es factible lograr una mayor intensificación productiva del sistema planificando la secuencia de los cultivos de granos.
Posteriormente Nicolás Carbajal y Franco Scalora, del proyecto Maíz-Trigo, presentaron ensayos donde se evalúa el comportamiento de híbridos en diferentes fechas de siembra. En esta campaña se consideró una fecha temprana del 18 de diciembre, una convencional del 12 de enero y una tardía del 22 de enero. En cada una participaron híbridos de diferentes características, incluyéndose materiales templados, cruza (templado x tropical) y tropical. Durante el recorrido, los participantes pudieron observar los efectos del ambiente en las distintas fechas de siembra e híbridos, destacándose el aporte de la genética al complejo de patógenos causantes del achaparramiento del maíz. Sobre este último punto se observó un gradiente positivo de la tolerancia, desde los materiales templados, con una mayor incidencia del achaparramiento, pasando por los híbridos templado x tropical, y finalmente los tropicales que presentaron un mejor desempeño frente a este patosistema.
Manejo de La chicharrita
En relación a esta temática, Nicolás Campero de la sección Zoología Agrícola, mostró ensayos que tuvieron como objetivo evaluar alternativas para el manejo de la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis), vector del complejo de patógenos causantes del achaparramiento. Las alterativas conjugaron el aporte de la genética en relación a las distintas etapas fenológicas del cultivo y los niveles de chicharrita registrados. Campero destacó que en híbridos susceptibles al achaparramiento, la ventana critica es muy prolongada, observándose daños significativos incluso cuando la chicharrita actua en fases avanzadas del cultivo. Por ello, en nuestros ambientes, donde Dalbulus maidis es una plaga endémica, incorporar genética con tolerancia resulta clave, ya que nos permitiría minimizar el impacto del complejo de patógenos trasmitidos por este vector, sumándose a esta estrategia la adopción de alternativas químicas en las fases iniciales del desarrollo del maíz justificadas por el monitoreo frecuente del cultivo.
Al final de la jornada, desde la sección Suelos y Nutrición Vegetal, Gonzalo Robledo abordo la parte nutricional del maíz en relación a las características ambientales de esta campaña. Robledo mencionó que la frecuencia e intensidad de las precipitaciones produjeron una clorosis en las hojas inferiores, signo claro de la falta de Nitrógeno por lixiviación, en consecuencia, la planta de maíz entra en un proceso de removilización, trasladando los nutrientes desde sus hojas más viejas hacia las zonas de crecimiento, que termina penalizando el potencial de rinde del cultivo. En estos ensayos se comparó la respuesta del maíz según el paquete de fertilización aplicado bajo las condiciones de esta campaña, considerándose un testigo sin fertilizar, una fertilización fosfatada solamente, una combinación de P y S, un tratamiento con P+S+N, otro tratamiento donde se agregó un arrancador a la siembra, y, por último, un tratamiento con todo lo anterior más un micronutriente (Zinc). Los tratamientos que recibieron fertilización nitrogenada arrojaron los valores más altos de SPAD (cercanos a 700 unidades Spad), confirmando una mayor eficiencia fotosintética. Por tal motivo, Robledo dejó en claro que, en aquellas campañas con muy buenas condiciones hídricas, la disponibilidad de nutrientes y el uso de micronutrientes como el Zinc son la llave para acortar las brechas de rendimiento en el cultivo de maíz en nuestra región.