Concluyó ayer exitosamente el "9º Congreso Internacional de Viveristas Cítricos" que se realizó en Tucumán, más precisamente, en los salones de un hotel ubicado frente al Parque 9 de Julio.

El éxito estuvo marcado por la importante concurrencia de productores, técnicos e investigadores, por el relevante nivel de los expositores y por la muy buena impresión que se llevaron los visitantes extranjeros sobre la forma en que se trabajan en los viveros y en las fincas cítricas de Tucumán.

El encuentro se desarrolló con normalidad, a pesar de los problemas que hubo con el transporte aerocomercial.

Un "felicitaciones a todos los organizadores" fue la expresión más escuchada en el cierre del encuentro internacional, que por primera vez se realizó en la Argentina.

Como todo cierre, siempre es importante hacer un balance sobre el encuentro. LA GACETA Rural dialogó con el ingeniero Roberto Sánchez Loria, presidente de la Asociación Tucumana del Citrus (ATC), uno de los organizadores de dicho encuentro internacional.

- ¿El balance final es positivo?

- Por supuesto. Es la primera vez que el Congreso Internacional de Viveristas llega a nuestro país, y se eligió Tucumán por el rol que jugamos en el mundo de la citricultura nacional e internacional. Todo esto es muy bueno para el sector citrícola en conjunto, para el NEA y el NOA y para todas las empresas que se desarrollan en la actividad.

- Un importante encuentro científico y académico.

- Debemos ser conscientes de que el negocio citrícola comienza con buenas plantas. Es un tema al cual hay que prestarle mucha atención. Hay que trabajar con plantas sanas, de alta calidad genética, generadas con condiciones que permitan tener la certeza de que pertenecen a viveros sin ningún tipo de enfermedad. Hay que ser fieles a la genética.

- De esta manera el negocio citrícola está bien encaminado.

- Esa planta de óptima calidad y sanidad dará sustentabilidad a un negocio durante unos 20 años. Cuanto mejor sea su calidad, mejor será la planta. Esto es fundamental que respeten y cumplan los citricultores. Por eso, este Congreso de Viveristas posibilitó que los productores tengan contacto con expertos de otros países, y puedan acceder a distintos conocimientos sobre esta actividad que trasciende.

- Tucumán se abrió al mundo.

- Este 9º Congreso permitió que Tucumán mostrara al mundo de dónde y porqué proviene su reconocimiento internacional. Pudimos mostrar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Por eso, fueron importantes las visitas a los viveros que tienen las empresas citrícolas.

- Científicamente también fue un encuentro importante.

- La Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) mostró su Centro de Saneamiento Citrícola. El interés fue notable porque unos 30 productores, técnicos e investigadores participaron del Día de Campo. Fue valioso mostrar el potencial tecnológico y científico que tiene Tucumán.

- ¿Qué actitud tiene el citricultor frente a las exigencias de calidad?

- Los citricultores saben que tienen que partir de plantas saneadas y certificadas. Más aun, teniendo en cuenta la peligrosidad de algunas enfermedades, como el HLB. Hoy no se concibe la citricultura que no trabaje con plantas certificadas. Es una condición sine qua non.

- La renovación de las plantaciones es importante.

- El proceso de observación es fundamental. Creo que las plantas no deben permanecer en una finca más de 20 años; todo depende de cada propiedad, de la zona y de los tratamientos que se realizan. En general, a los 20 años deben reponerse las plantaciones cítricas.

- ¿Qué recomendaciones se podrían hacer a los productores?

- En primer lugar, partir de plantas certificadas, o sea, que pertenezcan a viveros autorizados y controlados. Esto es básico para incluirse en el mundo de la citricultura. Más aún, ante el peligro de enfermedades como el HLB.

En segundo lugar, aprovechar todas las ventajas que ofrece Tucumán al contar con el Centro de Saneamiento de la Eeaoc, que garantiza que los viveros estén controlados y que ofrecen material vegetal sano y de calidad para reproducción. Esta es una ventaja que tiene Tucumán y la ofrece a toda la actividad citrícola.