

1965 - 60 años
“Rubber Soul”
The Beatles
En agosto habían editado el súper exitoso “Help!”, pero es en diciembre, y con “Rubber soul”, cuando los Beatles dan un salto de calidad gigantesco. La banda inicia una exploración artística colmada de matices: menos hits -aunque los hay-, mayor introspección, armonías exquisitas... Los Beatles estaban en ascenso, llevando la música pop a cumbres insospechadas.
“Highway 61 revisited”
Bob Dylan
Más que un disco, Dylan construyó un fresco de la cultura de Estados Unidos. Ya no era el bardo solo con su guitarra: es un folk-rock superador de su brillante obra previa. Desde los acordes iniciales de “Like a rolling stone” hasta los hipnóticos 11 minutos finales de “Desolation row”, el álbum propone un viaje poético pocas veces igualado en la historia de la música popular.

“My generation”
The Who
No es común que un disco debut provoque semejante revolución. Pete Townshend había llegado para sacudir conciencias agitando sus himnos veloces y contundentes, con “My generation” y “The kids are alright” a la cabeza. Pero había más: un frontman visceral (Roger Daltrey), un batero endemoniado (Keith Moon) y uno de los mejores bajistas de la historia (John Entwistle). Todos juntos.

“Pastel blues”
Nina Simone
¿No pierde algo de su esencia el blues cuando tanta delicadeza amenaza la crudeza de sus raíces? Todo lo contrario si es Nina Simone la que se pone al hombro un disco colmado de standards. Ella toca el piano, canta, seduce, conmueve y cierra la tarea convirtiendo a “Sinnerman” en una pieza propia y para la posteridad. Las versiones de “Trouble in mind” y “Strange fruit” quitan la respiración.

"The magnificent moodies”
The Moody Blues
Faltaba un tiempo para que la banda colocara las piedras basales del progresivo, pero la consistencia de su sonido ya quedaba esbozada en este recorrido por lo más colorido del r&b. Está claro que la partida de Denny Laine, quien aquí les saca lustre a la guitarra y a la armónica, resultó determinante para el viraje que los Moody Blues se aprestaban a ensayar. Pero a no apresurarse: este álbum vale oro.

1975 - 50 años
“Physical graffiti”
Led Zeppelin
La banda tiró todo lo que tenía a la parrilla. No podía salir otra cosa que un álbum doble en el que suena hard-rock, country, rock clásico, algo de funk, progresivo y “Kashmir”, que en cierto modo es todo eso comprimido en la misma canción. El disco exigió a los Zeppelin hasta llevarlos a la cumbre de sus capacidades: cuatro solistas ensamblados, incluso para componer “In my time of dying”.

“Wish you were here”
Pink Floyd
Durante la grabación apareció en el estudio un señor que nadie podía reconocer. No era otro que Syd Barrett, el fundador de la banda a quien está dedicado el clásico “Shine on you crazy diamond”. Tras el descomunal éxito de “The dark side of the moon” se esperaba mucho de los Floyd y no decepcionaron. La balada que le dio título al disco es imperecedera, al igual que cada pequeño arreglo del álbum.

“Born to run”
Bruce Springsteen
La leyenda había empezado a formatearse en los trabajos previos, pero es con “Born to run” cuando el rock and roll encontró a su definitivo e indiscutido Jefe. La E Street Band le aportó a Springsteen la pared de sonido que tanto necesitaba y a partir de allí el carisma, la voz y los himnos fluyeron en cantidad y en calidad. Tanto que cada uno los ocho tracks del disco constituye un clásico en sí mismo.

“A night at the opera”
Queen
El cuarto tema de la cara B se llama “Bohemian rhapsody” y con eso sería suficiente para ubicar al disco en el top five de cualquier clase de ranking. Pero hay mucho más en “A night at the Opera”, porque la consistencia sonora y la indagación temática colman el álbum de sorpresas. Y Freddie, además, canta “Love of my life”. Queen no se conformaba y lucía dispuesto a animarse a más.

“Blood on the tracks”
Bob Dylan
Cuando Dylan encaró la producción de “Blood on the tracks” tenía la experiencia de “Highway 61...” en mente, y de allí que se haya preocupado por formar una sólida banda de respaldo. Las canciones sintetizan lo vivido por Dylan en los años previos, por más que él se haya preocupado por subrayar que, de autobiográficas, las letras no tienen nada. El sentimiento con que las canta dice lo opuesto.

1985 - 40 años
“Brothers in arms”
Dire Straits
El rock de estadios contó en los 80 a Dire Straits como uno de sus principales cultores. A “Brothers in arms”, una poderosa usina de hits, la fogoneó la alquimia que sólo Mark Knopfler es capaz de elaborar con su guitarra. “Money for nothing”, compuesta a cuatro manos con Sting, devino uno de los temazos de la década. La banda podía ser arrolladora, pero también delicada, y allí quedó “Why worry”.

“Meat is murder”
The Smiths
Mientras MTV, la new wave y Michael Jackson extendían su dominio, había gente que hablaba de otra cosa. A esa generación huérfana le dio voz Morrissey y le puso música Johnny Marr. El disco repartió palos varios (desde el sistema educativo a la industria alimenticia) y entregó un himno inmortal (“How soon is now?), pero por sobre todo les aclaró a los chicos que alguien los estaba interpretado.

“Songs from the big chair”
Tears for fears
Empieza con “Shout”, encadena “Mother’s talk”, “I believe” y “Head over heels” y cierra con “Listen”. Y en el medio suena “Everybody wants to rule the world”. No hay muchas vueltas que darle: todo el pop de los 80 está condensando en la obra cumbre de Tears of Fears, cuando todavía era un cuarteto que incluía a Ian Stanley y a Manny Elias. No hay playlist que pueda evitar estos temas.

“Low-life”
New Order
New Order no estaba a la vanguardia de su tiempo, sino de la década siguiente, así que todo lo que emerge en “Low-life” formaría parte del corazón sonoro de los 90. Es también un disco profundo, capaz de conectar con los tiempos de Joy División a partir de las letras descarnadas de Bernard Sumner. El bajo de Peter Hook es otro de los puntales del álbum, cuya escucha hoy suena potente y vigente.

“Rain dogs”
Tom Waits
Desde siempre la crítica se devana las neuronas intentando encuadrar en un género a la música de Tom Waits. Mucho más productivo es referirse a Waits como un poeta urbano inclasificable, y a la vez capaz de probarse ritmos como si de camisas se tratara. “Rain dogs” -con guitarras de Keith Richards- lo demuestra: el álbum calza al medio en una trilogía en la que Waits le canta a la vida sin contemplaciones.

1995 - 30 años
“(What’s the Story) Morning Glory?”
Oasis
1995 fue un año clave para la efervescente escena del britpop, así que mientras Oasis editaba su opus magnum también hubo brillantes discos de Blur (“The great escape”) y de Pulp (“Different class”). Pero si de impacto se trata, imposible competir con los hermanos Gallagher: juntaron “Don’t look back in anger” “Wonderwall”, “Champagne Supernova” y mucho más.

“The bends”
Radiohead
Tras el suceso de “Pablo Honey”, apalancado por “Creep”, Thom Yorke y los suyos se sumergieron en un sonido mucho más rico y envolvente, pletórico de paisajes alucinantes y de letras impenetrables. “Volvió Pink Floyd”, decían 30 años atrás, y no parecía exagerado. Con “The bends” Radiohead alcanzó la madurez, el punto justo de cocción entre la voz de Yorke y las guitarras más inspiradas de la época.

“Maxinquaye”
Tricky
¿Qué es esto que está sonando? Las respuestas eran de lo más variadas allá por 1995: todas tenían algo de verdad, y a la vez todas se quedaban cortas. Lo que Tricky proponía en su disco debut era -nada menos- que la música por venir en las tres décadas siguientes. “Maxinquaye” era hip hop, pero también soul, y a la vez rock, y electrónica clásica, y más. Lo que grabó Tricky fue el futuro.

“Garbage”
Garbage
Un par de señores mayores -Steve Marker y Butch Vig, quien ha producido al “Nevermind” de Nirvana- deciden formar una banda. Convocan a una cantante escocesa llamada Shirley Manson, prodigiosa frontman que parece moldeada en una fragua del punk. El resultado es este disco arrollador, en el que Garbage recupera la frescura y la potencia de un rock que parecía irrecuperable.

“Mirror ball”
Neil Young
Es complejo encuadrar “Mirror ball” en el casillero solista de la legendaria carrera de Neil Young, en especial porque la banda que lo apoya se llama Pearl Jam. Pero lo cierto es que Eddie Vedder participó poco en las grabaciones y sólo es coautor de una canción (“Peace and love”). Young compuso una colección de sólidos temas de rock clásico y se lo nota disfrutando a pleno de la experiencia.
