Jorge Fontevecchia: “La democracia está siendo discutida en todo el mundo”
El fundador de Perfil acaba de publicar Fontevecchia vs. Milei, libro que reúne sus columnas sobre el presidente argentino, desde los tiempos en que era candidato hasta hoy. Aquí habla sobre la velocidad de los cambios y la relación de Milei con los periodistas más cercanos. Pero también reflexiona sobre la relación de las grandes empresas tecnológicas con el poder norteamericano, la democracia y el momento histórico de la “nueva derecha”.

Por Flavio Mogetta
Para LA GACETA - BUENOS AIRES
En latín, la preposición versus significa “hacia” o “en dirección a”, dando cuenta del lugar hacia dónde nos dirigimos, hacia dónde nos desplazamos, manteniendo en el italiano su verdadero significado, por ejemplo en la frase: “Noi andiamo verso il fiume” (Nosotros nos dirigimos hacia el mar). En el español, su uso en sentido de confrontación es atribuido a periodistas deportivos que tomaron el uso jurídico inglés del siglo XV con el valor de “contra”.
Fontevecchia vs. Milei es el título del flamante libro de editorial Planeta, que recoge “las columnas publicadas alrededor de Milei (en Perfil) desde la campaña hasta el primer año de gobierno” y que poseen “un valor historiográfico”. Todo es “tan voluble y tan efímero, que el único valor que esto tiene es para aquellos interesados en la evolución de los hechos. Lo que vos ves es cómo se van armando a lo largo del tiempo los hechos, cómo se encadenan. Cuántas veces hechos que parecen mínimos tienen grandes consecuencias”, introduce Jorge Fontevecchia, periodista y fundador de Perfil, en diálogo con LA GACETA Literaria.
-Al recorrer el libro se descubre que, además de la mentada “bitácora del surgimiento de un presidente extremo”, puede leerse como una suerte de bitácora de viaje de algo más de un año de la Argentina.
-Walter Benjamin decía que nunca más podíamos volver a pasado. Él decía que la única forma de ver el pasado como era, era en la arquitectura, que es lo único que se mantiene exactamente igual, todo lo demás, decía Benjamin, siempre lo vamos a ver con los ojos del presente y nunca con aquellos ojos. El futuro hace el pasado, en realidad el pasado está hecho en el futuro y está el ejemplo que cito, que es cuando Nixon le pregunta a Chu En-Lai, entonces primer ministro de China, qué pensaba de la Revolución Francesa y le dice que había pasado poco tiempo para hacer una evaluación efectiva. Quizás termine hoy teniendo razón, viendo que la democracia como nosotros la conocemos está siendo discutida en todas partes del mundo y quizás la división de poderes y la democracia legislativa como la consideramos pase a ser obsoleta y en cuyo caso la Revolución Francesa dejará de enseñarse en los colegios. Entonces cuando Planeta me planteó la idea de hacer un libro juntando columnas publicadas alrededor de Milei -desde la campaña hasta el primer año de gobierno-, el valor que tiene es historiográfico, que puedas leer en el momento tal lo que se decía en el momento. Y desde un punto de vista un poquito más de egoísta era dejar dicho: “bueno, nosotros lo dijimos antes”. Pero fíjate la velocidad como cambia todo. El prólogo del libro que está escrito en enero dice que Milei está pasando el mejor momento, no hay bala que le entre, que tiene un aura que lo protege. En dos meses la situación en la que nos encontramos es otra. Lo que no quita que pueda ser distinta dentro de otros dos meses.
-Un interrogante que aparece en el prólogo es cómo se van a leer en el futuro estas columnas. Lo que sí podemos ver ahora es que muchas cosas que se fueron mencionando terminaron sucediendo.
-Dejame poner en contexto el mapa de medios de Buenos Aires. Perfil es parte del sistema profesional de medios de Buenos Aires y junto con Clarín y La Nación quedaron como empresas que no tienen otros negocios que no tengan que ver con la comunicación. En cuyo caso podríamos decir que es periodismo profesional, como lo es LA GACETA de Tucumán. Perfil es parte de lo que Cristina Kirchner llamaba “la Corpo”. Eran las empresas que podían sobrevivir los embates de un gobierno, que no eran sensibles al intercambio de favores y trataban de cumplir su tarea con virtudes y defectos. Alguien puede decir, pero Clarín tiene telefonías… Sí, pero grupos de medios de todo el mundo tienen telecomunicaciones, no tienen pozos petroleros. En ese contexto, Perfil es la más joven, tiene 48 años, y las otras dos tienen una como 150 y la otra casi 80. Esto pasó siempre, pasó con la dictadura en su etapa final, pasó con el menemismo, pasó con el kirchnerismo y pasa ahora. Clarín y La Nación llegan después. ¿Por qué? Y porque somos los más jóvenes, y los más jóvenes naturalmente tienen que ocupar un lugar más de vanguardia por su propia naturaleza, por donde están colocados.
-En Fontevecchia versus Milei aparece el trato del presidente con los periodistas, incluso hacia aquellos que le resultan más funcionales y que también pueden terminar siendo foco de críticas o agravios.
-Siempre hubo una relación entre el periodismo y las fuentes. Siempre las fuentes condicionaron, el funcionario que era fuente a cambio esperaba que tuvieras alguna reciprocidad. Lógicamente, los periodistas siempre supimos que esa cordialidad tenía un límite. Seguramente si era acusado de un delito de administración pública, terminaba. Ahora, con siete canales de televisión de noticias en línea 24 horas se ha generado una cosa diferente. Cuatro o cinco periodistas tienen acceso a que el presidente, la ministra de seguridad y el ministro de economía, solo hablen con ellos. Hoy el acceso a la fuente implica rating y rating implica dinero. Entonces ya no es la vieja relación del periodista con las fuentes, que eran la microfísica del poder, diría Foucault. Ahora estamos hablando de la macrofísica. O sea, si el presidente solamente te da reportajes a vos y dos personas más, a vos te va a contratar un canal solo por ese hecho, porque garantiza rating. Esto no es solo de este gobierno, pasó lo mismo con el kirchnerismo, que incluso hasta creaba sus propios medios. Pero como todo, Milei nos lleva al paroxismo. Milei es un hiperbólico, entonces lo concentra de manera directa. Además, habla continuamente. Y entonces lo que encontramos hoy es un proceso de deformación de nuestra actividad, porque en realidad el gobierno ha saltado la relación con los medios. Creo cuatro o cinco “pymes” que tienen acceso exclusivo a él. Es otra forma de vender el acceso al presidente, y en lugar de con dinero en especie, que sería “me van a tratar con cariño o van a aceptar que en un reportaje yo le quite las preguntas o lo que no me gusta no lo respondo”. Esto se lleva también al paroxismo del ministro de Economía, que directamente no va al Congreso. Esto tiene una sola cura, una sola solución, que es la conferencia de prensa. O sea, el periodismo tendría que volver a exigir que los funcionarios públicos -el Presidente con cierta periodicidad- acepten conferencia de prensa como debiera ser. En ese caso se rompería esta relación exclusiva y excluyente donde el periodista finalmente termina siendo un sparring.
-Milei se hizo fuerte como figura fue en las redes sociales, sobre todo de Twitter o X, y como presidente no discontinuó su uso, borrando la frontera entre lo público y lo privado, que se ve también en el caso de Libra.
-La tecnocracia y Silicon Valley son un problema mundial del que nuestro presidente es apenas un síntoma más. Lo que hizo (Jeff) Bezos con The Washington Post, por ejemplo, prohibiendo que hagan publicaciones en favor de los demócratas. Lo que hizo Elon Musk, lo que hizo Zuckerberg en Facebook, que volvió a modificar los límites que tenía de control de fake news. Estamos viviendo una época en la cual la tecnología está imponiendo un abuso de posición dominante. Y estamos en una tecnocracia que incluso por momentos supera al poder de los presidentes. Milei usa las redes, pero la pregunta es si él es usado o si él podría usarlas de la misma manera si fuera un presidente de signo contrario. Entonces, ¿hasta qué punto él es causa o es consecuencia? Me parece que hay una discusión todavía no saldada y es si en esa foto de la asunción de Trump donde estaban los CEO de Google, Facebook, Amazon y X, es si en esa foto Trump los mostraba como subordinados o si ellos estaban ahí demostrando que Trump era su subordinado. Y volvemos al tema de la revolución francesa: la historia se escribe en el futuro. Vamos a enterarnos en un futuro quién es subordinado de quién.
-¿Puede hacer una lectura de esta ola conservadora que apareció en el mundo?
-Hay quienes consideran que esta ola reaccionaria comenzó con la primera presidencia de Trump o, más precisamente, con el Brexit. En líneas generales las olas duran décadas, con lo que tenemos que prepararnos para varias décadas de olas reaccionarias. El economista (Nikolai) Kondratieff hablaba de los ciclos largos en la economía y él calculaba que estos duraban entre 40 y 60 años. Ahora, ¿estamos frente a un ciclo que comenzó hace una década, o un poquito más, y nos quedan por delante cuatro décadas más? ¿O esta ola comenzó con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, o con el experimento primero en Chile, que sería el primer ejemplo libertario económico en un país en 1973? Si así fuera, probablemente estemos en el final del ciclo. Y como todo final, siempre llega al máximo, así como los fuegos artificiales brillan mucho más antes de extinguirse. Personas como Trump, Milei o Bolsonaro tal vez sean el paroxismo ultraconservador y después de ellos las sociedades tomen conciencia de que es un camino u otro, que algo tuvieron para aportar porque quizás hubo un exceso de intervención estatal en la economía, pero que ya hoy con la caída del muro de Berlín y hasta con China convertida en un país capitalista, ya este no es el problema, sino que en los últimos 20 años el 1% más rico acumuló la mayor parte de la riqueza generada en el mundo. Entonces el problema no es el sistema democrático, sino que la democracia no ha encontrado la manera de cobrar impuestos a esos ricos, porque en realidad son trasnacionales. Yo espero que no sea el principio de lo nuevo sino el fin de lo viejo.
© LA GACETA
Perfil
Jorge Fontevecchia es fundador, junto con su padre, de Editorial Perfil. Desde allí lanzó decenas de publicaciones y dirigió las más emblemáticas: La Semana, Noticias, Caras y el diario Perfil. Fontevecchia cursó una maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de cuya tesis se nutre su libro Periodismo y verdad. Antes publicó Entretiempo, Reportajes, Reportajes 2 y Quiénes fuimos en la era K. Obtuvo, entre otras distinciones, el Premio Moors Cabot de la Universidad de Columbia, la Orden de Río Branco en Brasil y dos Konex a la Dirección periodística. Desde 2012 es miembro de la Academia Nacional de Periodismo.