
Un fenómeno previsto hace 36 años en Neptuno finalmente fue registrado gracias al telescopio espacial James Webb de la NASA. La detección de una aurora en el planeta y un inesperado cambio en su temperatura atmosférica fueron documentados en un estudio publicado en la revista Nature Astronomy.
Además de captar la luminiscencia del planeta, el telescopio proporcionó información clave sobre su atmósfera, permitiendo a los astrónomos obtener nuevos datos sobre su evolución y comportamiento.
Primera imagen de una aurora en Neptuno
Las auroras son fenómenos luminosos generados por la interacción de partículas cargadas con la atmósfera de los planetas. Ya se observaron en la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Mercurio, Venus y Urano, y ahora por primera vez en Neptuno.
La actividad auroral en Neptuno había sido teorizada desde hace más de tres décadas, pero no existían registros visuales hasta ahora. Investigadores señalaron que el planeta tenía las condiciones adecuadas para la formación de auroras, pero la detección del fenómeno resultaba un desafío para los telescopios terrestres.
¿Cómo logró James Webb capturar la aurora?
El telescopio utilizó su Espectrógrafo de Infrarrojo Cercano para medir la temperatura de Neptuno y la distribución de trihidrógeno catiónico (H3+), un marcador común de auroras en planetas gaseosos.
A diferencia de la Tierra, donde las auroras se concentran en los polos, en Neptuno aparecen en diversas regiones debido a la inclinación de su campo magnético, que está desalineado 47 grados con respecto a su eje de rotación. En las imágenes captadas, la aurora se observa como puntos brillantes representados en color cian.
Otro descubrimiento inesperado en Neptuno
Además de la aurora, James Webb registró un notable descenso de temperatura en la atmósfera superior del planeta. Según los datos obtenidos, Neptuno es ahora el doble de frío en comparación con 1989, cuando la sonda Voyager 2 lo visitó.
Este cambio térmico sugiere que la atmósfera de Neptuno experimenta variaciones significativas con el tiempo, a pesar de su gran distancia del Sol, más de 30 veces la distancia de la Tierra.
Los astrónomos planean realizar nuevas investigaciones en los próximos años. Está programado un monitoreo detallado del planeta para 2026, con el objetivo de obtener más información sobre su comportamiento y evolución.