Madre de tres hijos, Andrea Albornoz, de Lomas de Tafí, dedicó años a la crianza y educación de ellos. Cuando quiso reinsertarse en el mercado laboral, descubrió que las puertas estaban cerradas. Sin embargo, encontró una alternativa: capacitarse como acompañante terapéutico y trabajar de forma independiente. Para lograrlo, debió convertirse en monotributista, un camino que requirió información, capacitación y comprender las obligaciones y beneficios de este régimen tributario.
Para muchos tucumanos, varios en condiciones vulnerables, el monotributo es una herramienta clave de inclusión económica. Más allá de ser un impuesto, funciona como una vía hacia la formalidad que garantiza derechos como el acceso a cobertura de salud, jubilación y legalidad comercial, brindando seguridad y dignidad al futuro laboral.
El monotributo es un régimen simplificado diseñado para pequeños contribuyentes que desarrollan actividades comerciales o de servicios. Funciona como un sistema tributario integrado: con una única cuota mensual, el trabajador paga impuestos, realiza aportes jubilatorios y accede a cobertura médica. Este régimen establece categorías según los ingresos y parámetros de actividad. Cuando los ingresos superan el límite de una categoría, el contribuyente debe recategorizarse a una superior. Esta estructura escalonada permite que personas con diferentes niveles de facturación puedan formalizarse según su capacidad económica.
Para darse de alta en el monotributo ante ARCA (Agencia de Recaudación y Control Aduanero), se necesitan ciertos elementos básicos como: el CUIT que es la clave de identificación que el organismo utiliza para reconocer a trabajadores autónomos y comercios. También se requiere de una clave fiscal, que es una contraseña personal e intransferible que permite realizar trámites garantizando la confidencialidad de la información. Esta clave tiene diferentes niveles de seguridad que determinan a qué servicios se puede acceder. Y finalmente, el domicilio fiscal electrónico que funciona como una casilla de mensajería directa con ARCA.
Más allá del monotributo general, existen regímenes especiales diseñados para facilitar la inclusión de sectores vulnerables o promover determinadas actividades económicas.
El Monotributo Social está dirigido a personas en situación de vulnerabilidad que desarrollan emprendimientos de pequeña escala. Los beneficiarios no pueden superar el ingreso máximo de la categoría A. La particularidad de este régimen es que el Estado subsidia el 100% de los componentes impositivo y previsional, y el 50% de la obra social.
Este monotributo es compatible con programas sociales como la Asignación Universal por Hijo, la Asignación por Embarazo, jubilaciones o pensiones que no excedan el haber mínimo, y otros programas de inclusión social.
El Monotributo Promovido apunta a facilitar la inserción laboral de trabajadores que necesitan mayor promoción para incorporarse formalmente a la economía. Los adheridos pagan únicamente el 1% de lo facturado durante los primeros 36 meses, destinado a aportes jubilatorios. Después de ese período, el porcentaje aumenta al 2,5%. Una característica distintiva es que permite optar por no contratar obra social, siendo el único régimen con esta flexibilidad.
El Régimen Simplificado Especial está reservado para pequeños productores agrarios que cultivan exclusivamente tabaco, caña de azúcar, yerba mate, té u otras hojas para infusiones. Estos productores pagan el impuesto integrado con cotizaciones provisionales reducidas en un 50%.























