Ordeñar con tecnología: leche, inteligencia artificial y un tambo robotizado único

“La Sofía” tiene un sistema de ordeñe que trabaja las 24 horas. El desafío era sumar tecnología, y además adaptarla a condiciones extremas sin alterar la esencia artesanal de la producción quesera.

LOS DUEÑOS. Sofía Chenaut y Sebastián Murga, propietarios del tambo “La Sofía”, en Tafí del Valle. LOS DUEÑOS. Sofía Chenaut y Sebastián Murga, propietarios del tambo “La Sofía”, en Tafí del Valle. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
Hace 15 Hs

A la vera de la ruta 307, en el kilómetro 74, a 2.800 metros sobre el nivel del mar, Sebastián Murga y su esposa Sofía Chenaut conducen el tambo “La Sofía”. No se trata de un establecimiento convencional. Desde agosto de 2025 incorporó un sistema de ordeñe robotizado que lo posiciona, por su altitud, como el tambo robotizado más alto del mundo.

El proyecto, sin embargo, comenzó antes. En 2017 empezaron a ordeñar en el lugar bajo un sistema tradicional, con sala convencional y trabajo manual. La transformación tecnológica llegó ocho años después, con la instalación de dos robots de origen sueco que operan las 24 horas. La decisión no fue meramente estética ni comercial: implicó redefinir la dinámica de trabajo, el bienestar animal y el perfil del personal.

“La sala de ordeñe cuenta con dos robots; antes el ordeñe era manual y convencional”, explicó Murga durante la recorrida. La estructura original se adaptó para alojar el nuevo sistema, que funciona a partir de un brazo mecánico equipado con sensores infrarrojos. La primera vez que una vaca ingresa, el robot realiza un mapeo completo de la ubre para registrar la ubicación exacta de cada pezón. A partir de entonces, cada ordeñe es guiado por esa información almacenada.

“El robot tiene un brazo y hace toda la acción que antes hacía una persona: encuentra la ubre, le coloca la pezonera y extrae la leche”, detalló. El sistema trabaja de manera individual sobre los cuatro cuartos de la ubre. Cuando el flujo de leche desciende por debajo de un umbral mínimo, retira la pezonera de ese cuarto específico para evitar el sobreordeñe, uno de los principales factores de estrés y posibles lesiones.

DISFRUTE. Los clientes de “La Sofía” probando sus quesos. DISFRUTE. Los clientes de “La Sofía” probando sus quesos.

Al finalizar el proceso de ordeñe, la máquina aplica un sellador sanitario para prevenir infecciones y abre automáticamente una puerta de salida que la conduce a otra máquina que identifica si la vaca necesita atención veterinaria y, de ser así, la retiene alertando al encargado. De no presentar ningún problema, la vaca vuelve a su “camita” a descansar.

Ajustes

El contexto geográfico obligó a ajustes técnicos específicos. A 2.800 metros de altura, la presión atmosférica es menor que a nivel del mar. “Tuvimos que calibrar las bombas de vacío especialmente por la presión atmosférica de la altura para cuidar la ubre de la vaca”, señaló Murga. Sin esa adaptación, el sistema podría haber ejercido una presión inadecuada, con consecuencias sobre la sensibilidad del animal. La innovación, en este caso, no fue solo importar tecnología, sino adecuarla a las condiciones extremas del Valle.

TECNOLOGÍA. El sistema de ordeñe voluntario funciona 24 horas al día. TECNOLOGÍA. El sistema de ordeñe voluntario funciona 24 horas al día.

El funcionamiento responde a un esquema de ordeñe voluntario. Las vacas, cuya raza es Holando-Argentino, no son arreadas ni forzadas. “Es un ordeñe voluntario que funciona las 24 horas. Ellas caminan solas por un circuito: pueden estar comiendo o durmiendo libremente, pero cuando tienen necesidad se acercan al robot para que las ordeñe”, explicó Sofía. Cada animal lleva un chip en la oreja que permite al sistema identificarla y registrar su historial productivo y sanitario.

La inteligencia artificial integrada predice cuánta leche producirá cada vaca apenas ingresa. “El sistema predice cuánta leche dará la vaca apenas entra porque reconoce su chip”, indicó Murga mientras mostraba la pantalla de monitoreo. Allí se puede observar, en tiempo real, la estimación de litros por cuarto de ubre y el rendimiento acumulado de los últimos días. En promedio, algunas vacas superan los 30 litros diarios.

Las puertas inteligentes regulan el circuito interno. Si una vaca intentó ordeñarse recientemente y no corresponde un nuevo turno, el sistema la redirige hacia el sector de alimentación o descanso. Si el software detecta algún parámetro anómalo, por ejemplo, una disminución brusca en la producción, puede derivarla a un corral separado para revisión sanitaria. “Si una vaca necesita tratamiento, una puerta inteligente la deriva a un corral separado para que podamos ver qué problema tiene”, explicó Murga.

El bienestar animal es un eje central. El galpón donde descansan funciona bajo el sistema denominado “cama fría”: una superficie de tierra que cada mañana es revuelta y aireada con tractor. El objetivo es mantenerla seca y confortable. Además, el espacio cuenta con cepillos masajeadores amarillos que se activan cuando el animal los empuja. “Aquí no hay gritos, ni perros, ni caballos. Solo lo mejor para ellas”, subrayó Chenaut al observar a una vaca ingresar por voluntad propia al robot.

Alimentación

La alimentación también está diseñada con criterios técnicos. La dieta base incluye silo de maíz, sembrado y cosechado en el propio establecimiento, alfalfa, maíz molido, soja y sales minerales. La ración se distribuye cada tres horas para garantizar disponibilidad constante. Durante el ordeñe, el robot suministra una porción adicional que actúa como incentivo. “Algunas se ordeñan hasta cinco veces al día porque les encanta. El mínimo son dos veces”, comentó Chenaut.

El piso del comedero es de cerámica, pensado para evitar lesiones en el hocico. “Es como un plato limpio para nosotros, nadie quiere comer sobre algo que está sucio ”, graficó Sebastián al explicar que se limpia a diario antes de colocar alimento fresco.

EL MÁS ALTO DEL MUNDO. El famoso tambo robotizado. EL MÁS ALTO DEL MUNDO. El famoso tambo robotizado.

La automatización modificó el perfil laboral. Augusto, antiguo tambero del establecimiento, fue capacitado por técnicos suecos junto a uno de los hijos de la familia. Hoy su función es monitorear el sistema desde una computadora o un teléfono celular, responder alarmas y supervisar indicadores. “El operario ahora tiene una vida mucho más llevadera y las vacas se ordeñan cuando quieren, incluso a altas ahoras de la noche”, sostuvo Chenaut.

La leche extraída fluye por cañerías cerradas directamente hacia la fábrica donde se elaboran los quesos. El proceso industrial mantiene métodos tradicionales en la transformación, lo que configura una combinación singular: tecnología de punta en la extracción y prácticas artesanales en la elaboración. “Hemos combinado la tradición artesanal del queso con la innovación tecnológica”, resumió Murga.

El establecimiento también abrió sus puertas al público mediante visitas guiadas, donde se observa el funcionamiento del robot y la alimentación de terneros. Sin embargo, el foco del proyecto no está puesto únicamente en el turismo, sino en sostener la actividad lechera en una región donde la cantidad de tambos se redujo drásticamente en las últimas décadas.

“Antes había 11 tambos en Tafí y hoy quedan solo dos”, advirtió Sebastián. Su planteo trasciende el caso particular: considera que la incorporación de tecnología puede ser una herramienta para que pequeños productores mantengan competitividad sin resignar identidad. “Si queremos salir al mercado, tenemos que producir suficiente para satisfacer sus necesidades. Quienes ya estamos establecidos debemos marcar el camino para que los que producen de manera artesanal puedan crecer”, concluyó.

A 2.800 metros, donde la presión atmosférica obliga a recalibrar bombas y donde el clima impone límites, “La Sofía” funciona como un laboratorio productivo. No reemplaza la tradición quesera del Valle; la reconfigura. Entre algoritmos, sensores y leche que fluye por tuberías cerradas, el desafío es sostener una actividad histórica con herramientas del siglo XXI.

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