LA VÍCTIMA. Paulina Lebbos.
El primero en declarar en la audiencia fue el ex legislador Juan Eduardo “Pinky” Rojas. Es que el fiscal Carlos Sale quería saber por qué le había dado trabajo a César Soto en la Legislatura un año después del crimen de Paulina Lebbos. “Nosotros estábamos en campaña por la interna del partido Justicialista. Y vecinos del distrito 11 de Villa 9 de julio me lo presentaron a Soto. Me dijeron que era una buena persona, tenía una hija de cinco años. No tenía boleta de sueldo. Él iba a pintar pasacalles y paredes”, recordó Rojas. El ex parlamentario aclaró que el contrato de Soto se extendió desde abril a agosto de 2007. Y afirmó que esa interna fue descarnada entre el candidato que él apoyaba, el actual presidente del Concejo Deliberante de la Capital, Fernando Juri, y Beatriz Rojkés, la entonces esposa del gobernador José Alperovich. “Había un abismo tremendo entre el Ejecutivo y la Legislatura”, recordó.
Luego declaró el primer condenado en el marco de la investigación del crimen de Paulina Lebbos, el ex comisario Enrique García, sentenciado en 2013 a cinco años de prisión. Él reafirmó algo que ya se sabía y que terminó también con condenas: que el ex subjefe de Policía Nicolás Barrera le había ordenado que hiciera un acta en la que se documentara que el cuerpo de Paulina había sido hallado por la Policía, cuando en realidad había sido encontrado por dos baqueanos que pasaban a caballo por la ruta 341 en Tapia. “Yo no iba a documentar eso y quien hizo finalmente el acta fue el jefe regional (Rubén) Brito”, aseveró.
"Un buen chico"
Luego de la declaración de Barrera, declaró Gabriel Paolazzo, encargado del bar en el que trabajaba César Soto cuando desapareció Paulina. El hombre recordó que esa noche del 26 de febrero de 2006 Alberto Lebbos fue al comercio y delante suyo le dijo a Soto que Paulina estaba desaparecida. “Soto le dijo que eso era imposible, y se preocupó”, explicó. Aseguró además que el actual imputado “era un buen chico” y que durante toda la búsqueda lo vio conmovido por la situación que vivía la hija que tenía con Paulina.
Finalmente se vivió uno de los momentos más extraños del juicio: debía declarar un hombre llamado Walter Morales, quien había sido solicitado como testigo por el fiscal Carlos Sale quien, ya durante el juicio, desistió de su testimonio. Pero el defensor de César Soto, Roque Araujo, quería escucharlo, por lo que se lo citó. Durante la extensa investigación se había adosado a uno de los expedientes del caso una declaración policial de Morales quien aseguraba que trabajaba como taxista y que el 1 de marzo vio a Paulina con vida en la zona de la Maternidad. El primer problema fue técnico. El testigo había solicitado declarar vía zoom ya que padece problemas de salud. Pero si bien se lo veía en la imagen, no tenía audio. Entonces se decidió llamarlo por teléfono y todo su testimonio se escuchó desde el aparato de una de las secretarias del tribunal, que era sostenido frente a un micrófono por el juez Fabián Fradejas. Todo esto para que finalmente el testigo dijera que él nunca había dicho eso, que nunca había visto a Paulina y que el acta en el que aparecía presuntamente su firma no era tal, por lo que el documento era apócrifo. Tras esto, se cerró la audiencia que se reanudará el próximo miércoles 1 de abril.
























