Trump y el Papa cruzan espadas, Milei hace silencio, mientras Adorni absorbe el ruido local

Por Hugo E. Grimaldi - Para LA GACETA.

Trump y el Papa cruzan espadas, Milei hace silencio, mientras Adorni absorbe el ruido local
Hace 1 Hs

El mundo, al menos el conocido como “occidental y cristiano”, asiste atónito por estas horas a una grave discusión que mezcla los planos del poder y la fe con el sentido común y los desbordes: la guerra como cáncer o como remedio. Los argentinos, tan afectos a sentirse siempre centro y nunca periferia, miran la cosa algo desde afuera porque sus problemas hoy son otros y lo local está que arde en varios planos (político, económico, social y judicial al menos), pero algo de atención prestan por algunas conexiones que les atañen: Donald Trump es el sostén de Javier Milei y León XIV el sucesor de Francisco.

Ante la magnitud de dicha polémica, hablar de Manuel Adorni parece ser una menudencia, pero en la dinámica comunicacional del Gobierno, el Jefe de Gabinete (número dos del Ejecutivo) parece funcionar hoy más como una pantalla que como vocero. Eso sólo explicaría por qué se lo protege tanto, hasta el grado de comprometer al mismísimo Presidente en su sostén, vía la pasión que pone su propia hermana en no dejar que se lo toque al controvertido funcionario, pese al desgaste de todos los días.

No se trata de que sus declaraciones desvíen la atención de un caso puntual, sino de que el mismo Adorni se ha convertido en el caso: la polémica sobre sus propiedades, el paso por los Tribunales de los testigos, las jubiladas y la particular escribana, sus viajes, las refacciones, sus modos, sus frases y los cruces con periodistas hoy ocupan el espacio que debería estar destinado a otros problemas de fondo que al Gobierno no le interesa mostrar. La Casa Rosada parece alimentar esa pasión porque sabe que la discusión sobre el funcionario es más digerible y menos costosa que la que se puede dar sobre la inflación, la economía en general, la gestión, el caso $LIBRA, la influencia gubernamental sobre la Justicia o los conflictos sociales.

Así, es más que probable que la figura del Jefe de Gabinete, fotos de apoyo mediante, se haya transformado hoy en un dispositivo de absorción para que concentre la bronca, la ironía y el debate mediático, mientras detrás se diluyen otros temas más estructurales. No es que se tape un escándalo con otro, sino que su sola presencia tapa todo lo demás. La estrategia así parece clara: convertirlo en protagonista para que el Gobierno quede en segundo plano, protegido por el ruido que él mismo genera.

Si todo esto ha sido efectivamente algo meditado, desde ya que se trata de algo peligroso, porque la opinión pública pega lo actual con el pasado. Si Milei ha venido a cambiar el paradigma económico para pasar de ser un país de gastadores seriales y compulsivos a ser los ortodoxos del ajuste y la no emisión y la sociedad con su esfuerzo lo venía sosteniendo, no es lógico que dentro del Gobierno se toleren nichos de corrupción, la marca registrada que se identifica con el kirchnerismo, ni tampoco pertenencias a la casta tantas veces denostada. Las encuestas de imagen son bastante unánimes en marcar el tobogán gubernamental como para pensar en una mano negra: “Adorni puede absorber, pero se los va a llevar puestos a todos”, dicen desde una consultora de opinión pública que ha relevado una caída de imagen presidencial más que estrepitosa por lo acelerada.  

Es cierto que el caso le ha dado menor visibilidad al Índice de Precios, pero eso sólo se verificó en los titulares que tanto le interesan a los gobiernos, pese a que hace diez meses que no afloja y que un 3 adelante perturba. Y desde las dos caras, de las cosas buenas o malas del Gobierno, todo lo que pudo haber conseguido Luis Caputo en Washington también quedó sepultado por el caso, mientras que la presión que el Ejecutivo está metiendo en la Justicia para copar los Tribunales para su suerte, también.    

Finalmente, poco de eso importa demasiado, porque a la hora de mirar la billetera, las familias saben que el promedio de los precios es engañoso, que los menos favorecidos hacen malabares aun teniendo un trabajo en blanco y saben también –porque lo ha enseñado justamente Milei- que la plata que no está en los bolsillos es porque se la ha llevado la corrupción. Como dos más dos sigue siendo cuatro, la estrategia de mantener al funcionario es también dolorosa desde ese costado.

Como se verá, la atención es tan de mirarse el ombligo que la polémica Trump-Prevost (León XIV) ha quedado en segundo plano. La cruzada papal contra la guerra no es un gesto aislado ni un capricho pastoral, sino la continuidad de una doctrina que desde San Agustín hasta el papa Bergoglio ha reducido cada vez más el margen de la llamada “guerra justa”. Vale pensar desde el costado argentino qué desparramo podría haber hecho Francisco frente al presidente estadunidense desde su conocido pensamiento de enfatizar la denuncia social, la crítica a la desigualdad, la periferia, los migrantes o el gasto militar. Su estilo pastoral y su cercanía con los pobres lo han puesto habitualmente como un progresista en clave política.

En cambio, desde la cúpula de la Iglesia argentina refieren que el papa yanqui es considerado como un sacerdote más institucional y moderado que su antecesor, con un perfil de gobierno más hacia dentro de la institución y menos dado a declaraciones sociales de alto impacto. “Eso lo hace ver como más conservador en comparación, aunque ambos comparten la oposición a las guerras, la defensa de la dignidad humana y la centralidad de la caridad”, dicen.

Lo que cambia entre ambos es el acento, ya que Francisco tenía un lenguaje social y político más fuerte y León usa un tono más administrativo y prudente, “aunque por elevación no se calla nada”, describen. En Camerún, el actual Pontífice recordó que la verdad no se negocia y que la paz no se construye con armas, mientras Trump lo acusaba falsamente en uno de sus frecuentes desbordes de avalar el rearme nuclear. En la disputa entre ambos compatriotas, el Papa se planta en la tradición de la Iglesia: la no guerra no es ideología, es doctrina.

El contraste entre ambas posturas ha sido brutal en estos días y la dialéctica fue por demás filosa, más allá de las estampitas de Trump hechas con IA que sonaron más una burla a la religión. El Vaticano insiste en que la violencia es un fracaso para la humanidad, mientras que el presidente estadounidense recurre a un silogismo que suena a falacia: “para evitar un holocausto debo hacer la guerra”, visión que la Iglesia rechaza porque reduce a la paz a un simple pretexto que deriva de una secuela de la destrucción.

Además, la respuesta de León marcó un límite: “no le tengo miedo a la Casa Blanca, pero no quiero entrar en debate. Voy a seguir proclamando el Evangelio”, ha dicho. Estos conceptos bien firmes sintetizan la diferencia entre dos visiones del poder. Trump avanza con la lógica del César, dispuesto a avasallar a todos en nombre de una paz imposible, mientras que el Papa, en cambio, se inscribe en la continuidad de pensamiento de Benedicto XVI y de Francisco, recordando que la paz es don de Dios y una tarea humana y que la carrera armamentista es una plaga intolerable.

La aliada europea más cercana al presidente de los EEUU, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, quien se expidió en defensa de la Iglesia y en respaldo de la condena papal a la guerra, recibió de él una ironía corrosiva que sonó también más a escarnio que a crítica. Más allá de los arranques habituales del estadounidense, a los que todos están habituados, el gesto reveló la tensión entre aliados: mientras la italiana se jugó por una posición doctrinal, Trump recurrió una vez más a la descalificación y, como efecto no deseado, contribuyó a sumar una voz más a la bronca que expresa la Unión Europea contra él.

En cuanto a cómo se ubica la Argentina frente a la disputa, son muchos los favores diplomáticos, políticos y económicos que la Administración Trump le ha hecho de modo personal al Presidente (tanto que eso le permitió ganar una elección) y le continúa haciendo a su gobierno. En su caso, no hubo defensa ni réplica, apenas la estrategia de dejar que la tormenta pase y eso lo diferenció de la sangre caliente de Meloni. Con Viktor Orban ya fuera del tablero (con pifiada de Milei incluida, la de haberlo apoyado), ella es seguramente hoy la mayor afinidad que el Presidente tiene en Europa.

Entre tantas idas y vueltas, la postura de la Argentina ante el tema fue hasta ahora nula –algunos dirán “prudente”- y así, el Presidente se acercó a un estilo de liderazgo que evita comprometer capital político en debates doctrinales, al menos en aquellos que a él no le interesa dar. Son varios los modos de pararse frente al tan grave tironeo: desde el plano pastoral, el ataque, la ironía o el silencio. Y Milei eligió esto último.

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