La eterna hipoteca argentina: la pobreza estructural
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La pobreza estructural en Argentina persiste con un aumento del hacinamiento (20,9%) y del compartir cama (26,9%) entre menores, agravando la desigualdad en el último año.
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En un contexto de crisis económica e inflación, los indicadores de la UCA revelan la falta de mejoras en el bienestar infantil y un deterioro de las condiciones de vida básicas.
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Esta hipoteca social compromete el desarrollo futuro del país, evidenciando que sin cambios de fondo, la marginalidad seguirá afectando profundamente a las nuevas generaciones.
INDICADORES. En el último año, leve aumento del hacinamiento (20,9%) y del compartir cama (26,9%), con aumento de la desigualdad. IMAGEN ILUSTRATIVA / ARCHIVO LA GACETA / FOTO DE OSVALDO RIPOLL
“No hemos sabido aprovechar el bonus demográfico: no se advierten mejoras sustantivas en la mayoría de los indicadores de condiciones de vida y desarrollo infantil”. La conclusión del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) es tan cruda como certera respecto de las prioridades a la hora de gestionar para el bienestar de la población. La eterna hipoteca nacional es la pobreza estructural, esa que afecta a un tercio de los argentinos y de la que resulta difícil salir porque el país no tiene un crecimiento sostenido y porque no hay ni hubo plan que tienda a corregir las desigualdades socioeconómicas, más allá de los colores partidarios de los gobiernos de turno.
Los indicadores de hábitat se mantienen estables, con tendencia positiva pero de progresión muy lenta. En el último año, leve aumento del hacinamiento (20,9%) y del compartir cama (26,9%), con aumento de la desigualdad. Se advierten mejoras en pobreza, pero especialmente en indigencia (10,7%), como efecto de la merma de la inflación y las mejoras en AUH y Tarjeta Alimentar.
Aumenta el desafío de atención del sistema estatal. Los déficits de consulta médica (15,7%) y odontológica (34,6%) se mantienen en valores elevados. No solo responden a problemas económicos: se infieren problemas del sistema. Hay un núcleo duro del 7% que no atendió su salud en ninguna de las dos formas. La inseguridad alimentaria total (28,8%) y severa (13,2%) disminuyeron, y creció la cobertura alimentaria (64,8%). La percepción de delgadez se correlaciona con la inseguridad alimentaria (8,2% en IA severa). Pero hay dificultades para reconocer el exceso de peso (solo 4,1% lo identifica como problema). Es necesario comprender los aspectos socioculturales asociados. Todos esos son los datos duros del documento “Infancia en la Argentina: avances en la coyuntura, deudas estructurales (2010-2025)” del Observatorio de la deuda social argentina.
Lo más preocupante es lo que pasa por el interior de los niños, niñas y adolescentes. La Socialización y salud mental son las deudas menos visibilizadas No hay avances. Falta de oportunidades en deporte (55% sin actividad física), arte (83,8% sin actividades culturales), menos oportunidades para hacer amigos (27,3% con dificultades), y afectación en salud psicológica (18,1% con tristeza o ansiedad). La incidencia es mayor en la adolescencia (21,2%) y, dentro de este grupo, las mujeres adolescentes superan en riesgo a los varones (24,7% frente a 18%). Las desigualdades sociales son marcadas: el estrato muy bajo (20,7%) registra el doble de probabilidades de experimentar malestar emocional que uno del estrato medio alto (10,6%).Estos son otros indicadores clave para comprender los problemas en el aprendizaje, puntualiza.
La tecnología no es para todos y, de esa manera, crece la brecha digital. No se advierten avances en acceso, uso o desarrollo de competencias informáticas: no hay recurso en las casas (49,6% sin computadora) ni enseñanza en las aulas (57% sin computación en la escuela), con amplias y crecientes desigualdades regresivas para los más pobres (85,4% sin computadora en estrato muy bajo). Mejora el acceso a internet (15,8% sin conexión), pero eso no significa igualdad en el tipo de uso. Esa es otra de las hipotecas. Y los problemas se acumulan en las relaciones cotidianas. Casi 4 de cada 10 chicos (36,8%) aprende poco en la escuela según los referentes adultos. Algunos factores asociados clave son: no tener clases (ausentismo docente: 30,6%), no tener amigos (27,3%), sentirse triste o ansioso (18,1%), entre otros factores estructurales. Pese a ello, hay una marcada necesidad de relacionarse con el otro, ya que el 65% de los niños, niñas adolescentes disfruta de ir a la escuela, en busca de contención, con más protección social que por competencia educativa. En otras palabras, ese niño, niña o adolescente quiera una sonrisa, pasarla bien, en medio de tantas carencias socioeconómicas cotidianas.























