En la Jornada Cañera CREA Región NOA 2026, realizada el 23 de abril en la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), más de 300 productores, técnicos y referentes del sector pusieron el foco en uno de los desafíos estructurales de la actividad cañera: cómo mejorar la preparación del suelo para lograr sistemas productivos más eficientes, resilientes y sostenibles. En ese debate, el uso del canterizador emergió como una herramienta con fuerte potencial agronómico y operativo, respaldada por una red de ensayos impulsada en conjunto por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) y CREA.
“La preparación del suelo es una práctica clave, es el inicio del ciclo del cultivo”, remarcaron durante la apertura del bloque técnico. “Es un momento complicado desde lo operativo, y este año también lo será por toda la lluvia que estamos teniendo. Pero a lo largo de los años vemos que esta práctica se puede mejorar, optimizar desde el punto de vista operativo y seguramente desde el punto de vista de bajar costos, sin resignar eficiencia”, concluyeron.
Esa búsqueda de mejora es la base del Proyecto Regional Canterizador, iniciativa articulada entre la Eeaoc y los dos grupos CREA del NOA, que apunta a evaluar científica y productivamente un nuevo esquema de preparación de suelo para la plantación mecánica de caña de azúcar. “Hay varias empresas que vienen implementando el canterizador, pero dándole distintos enfoques y diferentes resultados”, expresaron en CREA, con referencia a las experiencias en las empresas Ledesma y Cevilares.
También se expuso el trabajo de la Eeaoc. Juan Giardina, investigador de subprograma Agronomía de la Caña de Azúcar, fue contundente sobre el peso estratégico que tiene el manejo físico del suelo en la implantación del cultivo. “La preparación de suelo constituye una etapa crítica en implantación del cultivo de caña. Como lo dijeron exponentes anteriores, determina el éxito del establecimiento del cañaveral. Y en la plantación mecánica esta etapa adquiere mayor importancia”, señaló el técnico, quien aclaró que se trabajó en la comparación de los sistemas tradicional y el canterizador.
El planteo no es menor: “Una buena preparación del suelo nos permite un íntimo contacto de la caña semilla con el terreno”. Sin embargo, según explicó ante los productores, una mala preparación genera cámaras, que se traduce en tasa de emergencia de los cultivos, afecta la uniformidad del cultivo y compromete la conservación de humedad en el perfil, un factor decisivo en escenarios de déficit hídrico.
“Una mala preparación del suelo nos puede perjudicar teniendo fallas en la uniformidad del cultivo. También podemos perder la poca humedad o la poca retención de agua que tiene el suelo y generar condiciones de estrés a ese tallo, deshidratación y, por ende, pérdida del material plantado”, dijo.
En ese contexto, el canterizador aparece como una alternativa que concentra la intervención mecánica exactamente en la franja donde se implantará la caña, mejorando la estructura física del suelo en profundidad y ordenando el surco con mayor precisión. “Vemos que es un trabajo más prolijo en la franja de plantación. Realmente canteriza en la zona donde se va a realizar la plantación”, destacó.
Según el especialista, las evaluaciones, centradas en la dinámica poblacional, tanto en lotes con antecesor “caña sobre caña”, como en aquellos provenientes de soja, muestran que la implementación de esta herramienta no altera la población del cultivo. El resultado refuerza la idea de que el canterizador aporta beneficios agronómicos sin generar interferencias en el desarrollo productivo, aunque aún restan completar mediciones vinculadas al peso y al rendimiento cultural para consolidar las conclusiones.

















