Los que leen una mitad de Alberdi y olvidan la otra

Los que leen una mitad de Alberdi y olvidan la otra
01 Junio 2026

Carlos Duguech

Analista internacional

El más “popular” Alberdi de nuestro tiempo es el que escribió “El crimen de la guerra”. Un manifiesto pacifista de una particular estructura que recorre el andamiaje en torno a ese hecho de sangre y destrucción con notable manera y auténtica convicción. Aquí cabe traer las expresiones de un inglés y en una edición de Editorial Claridad de nuestro país que expresa con una admirable calificación la obra en la reseña del libro: “Con razón se ha dicho de ‘El crimen de la guerra’ que, si en lugar de haber aparecido en la América española hubiese sido publicado en francés en París, Londres o Berlín, habría producido sensación, circulando profusamente en numerosas ediciones y, a estas fechas, se hubiera conquistado el subtítulo de ‘El Evangelio de la Paz’”. Lo suscribió Thomas Baty, originario de Reino Unido (1869-1954), abogado internacional y activista de género que firmaba con un seudónimo de mujer (Irene Clyde). Semejante apreciación define el impacto en esos tiempos, finales del siglo XVIII.

Prefacio

Se confiesa Alberdi en ese texto inicial que estima muy necesario, con desusada sinceridad y hasta mostrándose con un apego al compromiso y a la ética derivada de adherir a una honesta inquietud personal e intelectual.

Escribe: “La victoria en los certámenes, como en los combates, no es la obra del que juzga. El juez la declara, pero no la hace, ni la da. Son los vencidos los que hacen al vencedor. A este título concurro en esta lucha: busco el honor de caer en obsequio del laureado de la paz”. (1869).

Un pequeño libro

Fue en una vidriera de un “salón de lustrar” de calle San Martín, casi esquina Laprida.

Se exhibía, junto a otros, un pequeño libro que despertó mi interés (1954). Adquirí “El crimen de la guerra”, Editorial Thor, Buenos Aires, en rústica. 1946. Esa editorial lo venía publicando desde 1915, siempre en edición rústica. Desde entonces se podía advertir a un autor potente en sus definiciones en un lenguaje claro, aunque predominaba un desordenado y hasta zigzagueante estilo que, no obstante, dejaba a la vista que el título de la obra plasmaba una elocuente definición que no admitía dudas ni interpretaciones alternativas: la guerra era un crimen, así de simple. Y directo.

Muchas otras ediciones, desde distintas fuentes alimentaron, la biblioteca personal.

Pero ninguna con esa increíble tarea desarrollada por la Académica Elida Lois (1939-2025) en su publicación “El crimen de la guerra” (Edición crítico-genética/Estudio preliminar. Unsam-Edita (Archivo Alberdi). Destaco que en su dedicatoria del ejemplar que me obsequió cuando vino a nuestra ciudad hace unos años: se refiere a Tucumán como “Tierra alberdiana”. Cada página, cada título de esta obra de excelencia investigativa, muestra a la autora en una excelsa obra que se nutrió de las libretas originales de Alberdi que conserva la Fundación Furt (Escuela de Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín). Vale destacar la inmensa labor de Elida Lois para descifrar la letra de Alberdi. “Peor que la de muchos médicos en sus prescripciones”, vale aclarar.

“Un texto abierto”. Con este título la académica Lois expresa que, “si bien el espacio textual en que se produce la irrupción de los borradores de “El crimen de la guerra es sugestivo”, jamás podría afirmarse que se trata de un proceso reflexivo clausurado.

Como todo itinerario crítico, su dinámica estructural se integra en una sucesión de eslabonamientos y quebraduras, tensiones y vaivenes, reiteraciones y hallazgos.”

Palabra

En el parágrafo 17 Alberdi titula: Origen histórico del derecho de la guerra. El crimen de la guerra. Escribe seguidamente: Esta palabra nos sorprende sólo en fuerza del grande hábito que tenemos de esta otra, que es realmente incomprensible y monstruosa: el derecho de la guerra, es decir el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible, porque esto es la guerra. y si no es esto, la guerra no es la guerra”.

Y prosigue: “Estos actos son crímenes por las leyes de todas las naciones del mundo.

La guerra los sanciona y convierte en actos honestos y legítimos, viniendo a ser, en realidad, la guerra el derecho del crimen, contrasentido espantoso y sacrílego, que es un sarcasmo contra la civilización. Esto se explica por la historia. El derecho de gentes que practicamos, es romano de origen como nuestra raza, nuestra civilización.

El derecho de gentes romano era el derecho del pueblo romano para con el extranjero.

Y como el extranjero para el romano, era sinónimo del bárbaro, del enemigo, todo su derecho externo era equivalente al derecho de la guerra”.

Derecho internacional

En su libro Alberdi despliega conocimiento e innovadoras propuestas sobre el derecho internacional con una maestría que sorprende por los tiempos en los publicaba sus escritos. Se preguntaba: “¿Qué le falta al derecho, en su papel de regla internacional, para tener la sanción y fuerza obligatoria que tiene el derecho en su forma y manifestación de ley nacional o interpersonal? Que exista un gobierno que lo escriba como ley, lo aplique como juez y lo ejecute como soberano, y que ese gobierno sea universal, como el derecho mismo”.

Y aquí surge un vigoroso proyecto ideal de Alberdi que, en su designación, involucra un ideal universalista: “Pueblo Mundo” que en estos tiempos no sería otro que una vigorosa “Naciones Unidas”. Y en esa conformación la guerra sería un crimen en el que el respeto por la vida humana sea primordial en el sistema.

La mitad olvidada

Claro que el presidente de Argentina adhiere a un principio natural y hasta lógico sobre el “libre comercio” con críticas fundadas a los proteccionismos y el imperialismo (¿Y el arma arancelaria de Trump?) que preconizaba Alberdi, mentor de sus propuestas al que se cita como mentor de su liberalismo extremo. Mientras nuestro presidente constitucional (¡no de facto, como tantos que sufrimos!) desplegaba sus conocimientos de economía en una universidad de Nueva York -Yeshiva- el 8/3/26 fue aparatosamente contundente cuando le preguntaron sobre el destino de la guerra (triangular EE.UU.-Israel contra Irán). Como si nada, dijo: “Vamos a ganar”. Se apartó totalmente de la otra mitad alberdiana. Como si ese “Evangelio” antiguerra nunca hubiera sido escrito, ni difundido, desde hace un siglo y medio. O como si nunca lo hubiera leído.

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