El artículo mencionaba la llegada al puerto de Campana del buque "Spring Dragon", proveniente de Europa, y si bien es cierto que esa visita pasó inadvertida para la mayoría de los operarios del puerto y demás lugareños, ya que a diario llegan cientos de barcos a este puerto bonaerense, no tuvo la misma repercusión entre los productores de peras del Valle de Río Negro.
El barco frutero llegado de Europa a tierra argentina con 2.000 pallets de peras Packams regresaba intacto, como había partido semanas antes desde un puerto del sur del país, sin poder ser comercializados en los mercados de la Unión Europea.
Y es que esos mercados hoy, como no se había previsto antes, están saturados de peras de diferentes orígenes. Esa sobreoferta hizo que la fruta no valga nada, por más calidad que presentaba a la ahora de llegar al puerto. Los precios en los mercados mayoristas para la pera importada oscilaban estos días entre 3 y 4,5 euros por caja, vale decir que pagan apenas el flete marítimo, según informó el matutino de Río Negro.
Retorno
Esta cifra le da un retorno altamente negativo al productor cuando se descuentan todos sus gastos y se pone la fruta en los campos del Alto Valle o del Valle Medio de Río Negro. Según se pudo constatar la calidad de la fruta era excelente y presentaba una muy buena conservación. Esta situación le permitirá al productor que esa mercadería se venda en el mercado doméstico y, así, recupere algo de las cuantiosas pérdidas ya registradas, como les ocurrió a mucho de los exportadores del sur del país. Sin embargo esta suerte no podrán correr cientos de toneladas de limones argentinos que hoy se encuentran sin una demanda seria en los diferentes mercados del este europeo y se venderán a quebranto total.
La llegada de estas peras al mercado argentino, así como la sobreproducción de limones o las de frutillas, manzanas, papas o naranjas durante la presente campaña, abre un signo de interrogación sobre el destino que correrán las producciones de las diferentes economías regionales.
Las producciones exportables de las regiones del interior del país durante la Convertibilidad sufrieron por falta de competitividad, como consecuencia de una paridad cambiaria 1:1 y bajo una competencia desigual con producciones de otras latitudes. Pero con la salida de la Convertibilidad esta situación, lamentablemente, volvió a repetirse. Y en este caso a raíz de que en las producciones tuvieron que incluirse costos de insumos dolarizados, impuestos desmesuradamente altos y, lo que es más preocupante, la falta de políticas de fomento a las actividades productivas y exportadoras como nunca antes había ocurrido en el país.
Las primeras proyecciones muestran que tanto el mercado de cítricos como el de las peras, manzanas o frutillas no se tonificarán en el corto o el mediano plazo, por más que se ofrezca fruta de la más alta calidad. Esto genera más incertidumbre en el presente y en el futuro inmediato.
Lo que está claro es que las autoridades de las carteras de producción, tanto nacional como provinciales, deberán estar atentas para ayudar a los productores con confiables salvavidas, antes de que el barco se hunda. Y para ello hace falta que las acciones políticas se adelanten a los acontecimientos productivos con leyes que contemplen medidas de salvaguardia en materia impositiva y fiscal frente a los embates del clima, de los mercados o de las políticas proteccionistas y/o subsidiadas que hoy están ofreciendo los países más desarrollados del planeta para ayudar a sus productores.
No hay que esperar que el agua llegue hasta el cuello de los productores -aunque en algunos casos ya no hay remedio para salvarlos-, todavía estamos a tiempo para proteger y salvar a un sector que es vital para la mayoría de las economías del interior del país.





















